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Comer menos no ha demostrado la eficacia que se esperaba

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Aunque comer menos y reducir calorías favorece la pérdida de peso y brinda otros beneficios, no es garantía de longevidad.

Un estudio ha revelado que comer menos no necesariamente es sinónimo de longevidad y plenitud. Algunos problemas podrían resultar de restringir nuestra dieta.

Comer menos y restringir calorías en nuestra dieta no ha demostrado eficacia prolongando la vida, al menos fuera de los laboratorios de investigación con los animales de prueba. El impacto positivo en el metabolismo humano de la restricción calórica es apenas notable. No obstante aún no hay nada concluyente ya que, por razones éticas y de duración, apenas hay trabajos con humanos más allá de los experimentos naturales que arrojan resultados contradictorios.

Una revisión de las investigaciones existentes fue publicada por la revista Science revela que, pese a la cantidad de estudios en animales, sigue sin ser posible saber si las dietas de restricción calórica afectan al envejecimiento biológico de las personas sin realizar antes estudios controlados durante muchos años para evaluar los beneficios a largo plazo para la vida útil y la salud de los seres humanos.

La misma publicación se da a la tarea de sondear tres grandes grupos de dietas cetogénicas, que buscan forzar la quema de grasas, las distintas formas de ayuno intermitente o variaciones de la restricción, por ejemplo de proteínas o algunos aminoácidos.

Cada uno de estos regímenes alimenticios actúa de manera diferente en el organismo y tienen en común su impacto en el proceso y velocidad del metabolismo celular.

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Comer menos: investigaciones en humanos

Experimentos específicos en humanos son escasos y los hallazgos existentes son resultados coyunturales de otros estudios. Por ejemplo, en los años 90 y primera década de este siglo hubo un experimento, dentro del proyecto Biosfera 2 que, por casualidad, sirvió para estudiar el impacto en el metabolismo de la falta de comida. El proyecto pretendía crear un ecosistema artificial completo para ensayar la vida en otros planetas.

En este proyecto, sucedió que una repentina falta de suministros obligó a sus ocho participantes a una restricción calórica forzada del 29% durante 18 meses. Aunque restringida, fue una dieta muy vegetal, con fibra y proteínas suficientes. Observaron una mejora en diversos marcadores ya vista en ratones, como un descenso de los niveles de insulina, colesterol y triglicéridos, aumento del cortisol y descenso en la presión arterial y concentración de glucosa.

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Pero del factor longevidad apenas y hubo resultados esclarecedores, siendo que no cambiaron elementos claves del metabolismo como la proteína IGF-1, relevante en el desarrollo, la testosterona o sulfato DHEA, una hormona relacionada con el paso del tiempo.

Otra observación hecha fue la pérdida de masa ósea, en especial en zonas propensas a osteoporosis y fracturas, como la cadera o el fémur.

Una revisión posterior del experimento descubrió que los voluntarios de Biosfera 2 sufrieron hipoxia crónica y esta falta de oxígeno podría haber viciado los resultados.

Comer menos: investigaciones actuales

Los estudios existentes sobre comer menos se han hecho con ratones, moscas, gusanos y levaduras y, en efecto, han revelado cómo llegan a vivir más por comer menos. Así, por ejemplo, un estudio de 1917 comprobó que las ratas que pasaban algo de hambre vivían casi 3 años, mientras que la colonia bien alimentada murió antes de 24 meses. Otros han revelado que, sin llegar a la malnutrición, ratones y ratas de laboratorio viven entre un 20% y un 50% más que aquellos bien alimentados.

Otros estudios con diferentes sujetos de prueba invertebrados como la mosca de la fruta, nemátodos y levaduras, vieron alargada su vida entre dos y tres veces por comer menos. Pero llevar los resultados a humanos ha resultado muy difícil. Por ejemplo, los roedores usados en investigaciones llevan décadas siendo seleccionados para un desarrollo acelerado o una reproducción precoz, lo que distorsiona cualquier intervención sobre su longevidad.

Otro de los obstáculos es que, aunque comer menos conlleva una pérdida de peso, dificulta separar el impacto en la longevidad en sí. La pérdida de peso incide positivamente en muchos aspectos de la vida, pero no se sabe si la longevidad es uno de ellos.

Se han emprendido algunos experimentos con primates no humanos que apuntan al retraso del envejecimiento y, en particular, a una vejez más sana. Son los estudios más propensos a revelar resultados aplicables al ser humano.

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Sobre la longevidad

El experimento con mayor esperanzas de arrojar resultados esclarecedores con humanos se venía produciendo en Okinawa, una isla del sur de Japón que se caracteriza por gozar de la mayor esperanza de vida del mundo. En Okinawa 50 personas de cada 100.000 viven 100 años o más, quintuplicando la ratio de otras partes del planeta. Además, el número de causas de mortalidad entre los mayores es un 50% menor que entre el resto de japoneses.

La gran diferencia de la población de Okinawa con el resto del mundo, desde la perspectiva nutricional, yace en que su ingesta de calorías era un 17% menor que la de sus compatriotas o un 40% inferior a la de los estadounidenses. Fue la ocupación militar de Estados Unidos tras la Segunda Guerra Mundial la que introdujo la dieta occidental en la isla y hoy los nacidos en este siglo tienen la misma esperanza de vida que en el resto de Japón.

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CALERIE-2 es el único estudio hasta ahora que analiza los posibles marcadores de longevidad, llevado a cabo por el Instituto Nacional para el Envejecimiento de Estados Unidos (NIA) en varias universidades estadounidenses con 220 personas sanas y no obesas.

En este estudio se registró que tras 2 años de una reducción calórica sostenida de un 25% en un grupo, se observó un descenso de los marcadores de estrés oxidativo y una ralentización del metabolismo.

No obstante, la baja adherencia al programa puso en duda los resultados, de modo que sigue sin haber una conclusión definitiva.

Algunos expertos no están de acuerdo en usar marcadores metabólicos como indicadores de una futura mayor longevidad debido a la dificultad de aplicar dietas a los humanos. Se sabe que existe un vínculo entre comer poco en los primeros años de vida con el desarrollo de enfermedades en edad adulta. Y por otro lado, existen otros factores incidentales que influyen poderosamente en el organismo, como la flora estomacal.

“La microbiota sufre por este tipo de dietas. Comemos muy mal y la industria alimentaria está de por medio. En algunas de estas dietas, como la del ayuno, no hay ciencia detrás.”

opina Ascensión Marcos, investigadora del Instituto de Ciencia y Tecnología de Alimentos y Nutrición del CSIC.  

En conclusión

Hay que considerar los posibles impactos negativos de comer menos en la salud del ser humano, como por ejemplo el debilitamiento del sistema inmune, una peor tolerancia térmica o un descenso de la libido. No todas las personas pueden sacar el mismo beneficio de esta dieta. Son las personas con sobrepeso principalmente las que se benefician más. Esto añade una dificultad a la investigación que habría de considerar a personas con trastornos alimenticios.

Un estudio más reciente se concentrará en el efecto del ayuno intermitente en mujeres en el cambio de edad con el fin de separar el efecto sobre el peso del impacto en la longevidad y así encontrar mejores indicadores humanos de esta última. Y mientras tanto, los especialistas en nutrición hacen bien en advertir los riesgos de las dietas hipocalóricas y abogan por una alimentación variada y equilibrada.

FUENTE: El País.

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