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Mujer invidente recupera vista parcialmente gracias a estimulación directa sobre corteza cerebral

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Mediante la estimulación por electrodos, mujer invidente recupera vista de forma parcial, sentando un brillante precedente.

Científicos españoles de la Universidad Miguel Hernández de Elche logran este hito. Mujer invidente recupera vista artificialmente mediante estimulación directa sobre la corteza visual del cerebro, a través de un sistema de electrodos. Aunque queda camino por recorrer, este logro representa una gran esperanza.

Son alentadoras noticias las que nos comparte el diario EL PAÍS en la nota de “Materia” del escritor Miguel Ángel Criado que explica cómo mujer invidente recupera vista mediante una tecnología de estímulo con múltiples electrodos sobre la corteza cerebral. La paciente en cuestión, Bernardeta Gómez, ciega desde hace 16 años a causa de una septicemia, se unió al estudio diseñado por científicos de la Universidad Miguel Hernández de Elche (UMH) en 2018 y su caso ha arrojado resultados sumamente positivos que se vislumbra al menos cosechará a nuevos participantes.

Con 57 años de edad, Bernardeta, una docente de biología retirada, vinculó el implante dentro de su cerebro con el sistema formado por un centenar de electrodos colocados en la región cerebral encargada de la visión, lo cual le ha permitido percibir patrones y reconocer algunas letras del alfabeto. La ceguera de la antigua docente volvió una vez que se desenchufó, sin embargo, el resultado de Bernardeta representa un aliciente y un incentivo para continuar con el estudio, ahora con nuevos voluntarios.

“Me pusieron el implante el lunes 22 de octubre de 2018. El martes ya estábamos con el experimento”, rememora Gómez.

“Los tres primeros meses, lo que iba a durar la investigación, no avanzamos mucho, pero insistí en que se alargara. Fue entonces cuando empecé a distinguir cambios en la intensidad. Eran como lentejuelas muy luminosas y, según variaban los parámetros, las veía más o menos intensas, más o menos grandes”, añade

Invidente recupera vista

Las “lentejuelas luminosas” se identifican como fosfenos, fenómeno visual en forma de flashes o puntos luminosos perceptibles por los videntes tras sus párpados al frotarse los ojos con fuerza. En las personas no videntes los fosfenos son habituales y muchas veces espontáneos. Gómez solía verlos de forma espontánea o cuando se producía algún sonido fuerte o tenía un sobresalto.

Gómez tuvo un porcentaje de acierto en la detección de patrones y formas de un 100%. En el último mes de los seis que duraron los experimentos, los investigadores se aventuraron a poner a prueba la percepción de letras usando la activación de 16 electrodos de forma simultánea y resultó que Gómez pudo distinguir algunas, como la L, C, V u O con un 70% de aciertos. Es la primera vez que se utiliza un sistema como este en una persona invidente.

Un mapa visual

La investigación se enfoca en un abordaje sobre la cortex visual. El procedimiento consistió en la inserción de una placa con 96 electrodos dentro del cerebro. Cada uno tiene una longitud de 1,5 milímetros y un diámetro de 80 micras. Los electrodos a su vez envían señales eléctricas y recogen la respuesta neuronal, enviándola a un sistema externo que registra las interacciones.

A diferencia de los sistemas de electrodos que se ponen sobre el cuero cabelludo, que funcionan en el rango de los miliamperios, estos implantes directos rebajan el amperaje en varios órdenes de magnitud para darle al cerebro un estímulo diferente y desde su interior.

Por último, el sistema se completó con una retina artificial hecha con un procesador de imagen similar al de las cámaras, montado sobre unas gafas convencionales, que transformaba el estímulo óptico en eléctrico. El uso específico de los electrodos es una innovación sobre el uso que se le daba en pacientes con parálisis o incapacitadas para comunicarse. Igualmente, el abordaje sobre la corteza por encima de enfoques tradicionales como la optogenética constituyen también una innovación.

Eduardo Fernández, director del Grupo de Neuroingeniería Biomédica del Instituto de Bioingeniería de la UMH explica que los fosfenos aparecen como un punto concreto de un espacio visual en una especie de mapa visual que la retina tiene en el córtex cerebral. Este mapa retinotópico se comporta del mismo modo en una persona invidente. El sistema entonces se concentra en la lectura del mapa.

En el caso de Gómez, los estímulos sobre el córtex occipital derecho (tras la oreja, en la parte superior), sede del procesamiento visual, hacían aparecer fosfenos y otras veces aparecían de forma espontánea. Se especula cómo sería el comportamiento con otros participantes.

Eduardo Fernández

Las pruebas

En un principio los investigadores activaban los electrodos uno a uno provocando la aparición de un único fosfeno. A medida que el cerebro de Gómez se entrenaba, los autores del estudio elevaron la complejidad de la estimulación, aumentando el número de electrodos que activaban a la vez. Conforme fueron complicando las pruebas, Gómez iba evolucionando en sus interacciones, llegando incluso a poder jugar a una versión simplificada del comecocos.

La investigación está sentando precedentes apenas, de modo que hay pocas referencias con las que comparar. Así, por ejemplo, fue necesario identificar un umbral de sensibilidad mediante ajustes a la señal eléctrica por parte del cerebro de la profesora para poder lograr una respuesta. El umbral medio de la antigua docente lo cifraron en 66,8 microamperios. Eran necesarias afinaciones constantes para evitar una estimulación excesiva.

Invidente recupera vista

Aunque los resultados de esta investigación son un hito en visión artificial con estimulación cortical, el caso de Gómez es apenas un estudio piloto, un caso individual. El trabajo muestra también lo mucho que queda por hacer. Para que los resultados de las investigaciones sean aprovechables todavía hay que solventar problemas como el del número insuficiente de electrodos o la necesidad de estar conectado a una unidad central energética.

“Esta aproximación es capaz de plantear posibles soluciones en aquellos pacientes que en algún momento tuvieron visión y la han perdido totalmente, ya sea por alteraciones de la retina o del nervio óptico. Pero, aún estamos lejos de conseguir una visión funcional tanto por la duración de los implantes, como por su predictibilidad y la necesidad de estudiar y conocer mejor la complejidad y múltiples vías de las áreas visuales de la región cortical”, nos dice Jaume Català, oftalmólogo de los hospitales catalanes Sant Joan de Déu y el de Bellvitge.

Aunque los hallazgos de la investigación podrían no ser todo lo cuantiosos que desearíamos, sí que representan un triunfo sobre las limitaciones y un importante progreso que vale la pena considerar. Los misterios de la medicina están ahí para desentrañarse y felizmente seguimos encontrándonos con descubrimientos gratificantes que prometen mejorar significativamente nuestra calidad de vida. Que el día de hoy sea noticia que una invidente recupera vista es una promesa de mejores cosas por venir.

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