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La muerte es otro nombre para la vida

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Se hace prioritario en un espacio dedicado a la salud, hablar sobre el tema de la muerte.

En momentos donde la muerte se ha hecho presente, de forma muy significativa en todo el planeta, debido a la pandemia por el Covid 19, se hace prioritario en un espacio dedicado a la salud, hablar sobre el tema de la muerte.  

muerte

Mi experiencia en el campo de la psiconeuroinmunología, me ha permitido comprender, que aunque parezca paradójico, las personas que padecen una enfermedad de alto riesgo, sienten una verdadera liberación cuando se crea un ambiente adecuado para hablar de la muerte.

El propósito de explorar este tema, en condiciones de enfermedad es aumentar la energía represada tratando de vencer el miedo a la muerte, en vez de ser usada  para curarse o para vivir mejor la vida. Para ello es necesario adquirir creencias más sanas acerca de la muerte, ya que las creencias menos sanas, crean dolor emocional. Me atrevo a afirmar que la muerte es un maestro compasivo y sabio que nos permite crecer, además de ser  la única certeza que tenemos, y que todos enfermos o sanos debiéramos enfrentarla de tiempo en tiempo.   

Para hablar de este tema es obligatorio hacer referencia a los trabajos pioneros de Elisabeth Kubler-Ross, psiquiatra Suiza trabajando en Estados Unidos que desarrolló durante más de 40 años las teorías más modernas, científicas y convincentes sobre el acto de morir y las experiencias de cuasi-muerte.

La muerte es independiente del origen de la persona

La muerte es una experiencia  universal y general, independiente del origen de la persona, creencias religiosas, nivel socioeconómico y edad. Se trata de un evento puramente humano, como el proceso normal del nacimiento. La experiencia de la muerte es casi idéntica a la del nacimiento. De hecho, es un nacimiento  a otra vida. Influenciamos nuestra muerte de la misma manera que influimos en nuestra vida y salud. Si queremos morir de una cierta manera debemos aprender a vivir de una cierta forma: lo más libre de dolor que se pueda, conscientemente, rodeados de personas amorosas, en calma y en paz.  

La Dra. Kubler distingue varias etapas en el proceso de morir. Una fase  extra-corporal, que  se vive como algo maravilloso, y  que hace a la persona feliz. Al dejar el cuerpo físico, no se siente pánico, ni miedo, ni tristeza.  Las personas se perciben  como una entidad física integral, se dan cuenta que están intactas. Se tiene conciencia del lugar de la muerte, el sitio del accidente, la sala de operación o del cuarto.

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De las experiencias de cuasi-muerte se ha deducido que las personas no mueren solas y que las personas que han muerto antes, y que ellas aman, las están siempre esperando. Esta información es relevante en tiempos donde a muchas personas le ha tocado morir solas en las terapias intensivas de un hospital, lo cual hace que su familiares se les haga más difícil aceptar la muerte de sus seres queridos y por lo tanto hacer el duelo.

Antes de dejar el cuerpo para tomar la forma que uno tendrá en la eternidad, se pasa por una fase de transición totalmente impregnada de factores culturales terrestres. Puede ser un puente, un túnel o una luz. Se conoce cada pensamiento que se ha tenido, cada palabra que se ha pronunciado, cada acto que se ha cumplido.  Se toma conciencia  de las consecuencias que han resultado de nuestros actos, pensamientos y palabras.

Luego de esta revisión no se hace responsable a Dios del destino. Sino  que se da cuenta que en ocasiones uno ha sido su peor enemigo, y ahora puede uno reprocharse por haber dejado pasar tantas ocasiones para crecer. Solo se crece si se acepta el sufrimiento tratando de comprenderlo, no como una enfermedad o castigo, sino como un regalo hecho con un fin preciso. 

Mi mamá se marchó hace 10 años, y la experiencia de su muerte fue el último e inmenso regalo que me dejó. Se fue en paz, sin enfermedad a pesar de sus 90 años, consciente de su partida, la cual me anunció tres días antes, sin drama, comprendiendo que su misión había terminado. Se despidió de las personas que quería y estuvo rodeada de todos los que la amamos. Se fue mientras dormía como lo deseaba. Y experimenté  lo que dice la Dra Kubler-Ross que simbólicamente hablando, mi mamá se había mudado a una casa más bella.  La experiencia de su muerte ha contribuido a disminuir mi propio miedo a la muerte y he encontrado una energía renovada para vivir mejor la vida.  

Expresa la Dra. Kubler-Ross: “Cuando hemos realizado todo el trabajo para el cual fuimos enviados a la tierra, se nos es permitido dejar nuestro cuerpo, el cual aprisiona nuestra alma como un capullo encierra a la futura mariposa. Y cuando el tiempo es el apropiado lo dejamos ir, y estaremos libre de dolor, de miedo y de preocupaciones. Libres como una bella mariposa regresando al hogar de Dios…”

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