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Las nuevas generaciones quieren hablar sobre salud menstrual

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A falta de toallas sanitarias en el mundo, causa de la exclusión y discriminación por género, es imperativo reconocer la importancia de la salud menstrual y la equidad.

Cuando las jóvenes en pubertad de los países africanos atraviesan por su periodo se ven obligadas a permanecer en una caseta en el exterior, sin poder entrar en su casa, cocinar, tocar los alimentos o árboles o comer con su familia. Esto debido a que en algunas zonas rurales de Nepal se practica la chhaupadi partha por la cual las mujeres son aisladas mientras están menstruando pues suelen asociar la menstruación con la pérdida de pureza.

Esta situación refleja cómo el problema de la falta de acceso a la higiene y salud menstrual afecta a la mitad de la población del planeta.

Estadísticamente, se habla de 1.900 millones de mujeres entre 15 y 49 años, como lo recoge el más reciente informe conjunto de la Organización Mundial de la Salud (OMS) y Unicef sobre la situación de acceso a agua, saneamiento e higiene en los hogares que abarca además la situación de la salud menstrual y la gestión de la higiene.

salud menstrual

A pesar de ser una situación completamente natural que viven las mujeres en un promedio de 40 años de sus vidas, con las molestias que ello conlleva, la regla ha sido un tema tabú en muchos ámbitos hasta hace bien poco, pero cada vez empieza a hablarse más de la salud menstrual en los espacios de debate, y a registrarse y monitorearse datos al respecto.

The Global Menstrual Collective establece que la salud menstrual es un estado de bienestar físico, mental y social, más allá de la ausencia de enfermedades o dolencias relacionadas con el ciclo menstrual. Esto implicaría tanto el acceso de las niñas y adolescentes a la información sobre su ciclo y los cambios que experimentará su cuerpo en su vida, como al acceso a recursos y servicios de higiene, diagnóstico y atención médica y participación en las diferentes esferas de su vida sin exclusión o discriminación por la regla.

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El ODS 6.2, que se refiere a garantizar la disponibilidad de agua y su gestión sostenible y el saneamiento para todos, también incluye la salud menstrual como un objetivo global previsto en la Agenda 2030, cuando establece que se prestará especial atención a las necesidades de las mujeres y niñas, y a personas en situaciones de vulnerabilidad. 

El logro de este objetivo requiere necesariamente abandonar la condición de tabú de un tema que es biológicamente normal.

Actualmente no existe una base de datos global que sirva para hacer una comparativa entre países y conocer a fondo sus diferentes realidades en cuanto a acceso a recursos o calidad de la salud menstrual.

“El tema de la salud menstrual tiene muchísimas implicaciones, y lo primero que hace falta es información. La clave es que hacen falta datos para eliminar mitos, que la regla deje de ser un tabú y que se considere algo natural, no un motivo de vergüenza”.

explica Blanca Carazo, responsable de Programas de Unicef en España.

Acabando con el tabú de la salud menstrual

Es necesario hablar sobre la salud menstrual, es un derecho fundamental de la mujer y una arista del derecho humano a la salud. Esta realidad se ha traducido en acciones como entidades como la recopilación de información a escala -aunque ciertamente, también limitada- sobre higiene y salud menstrual.

Esta recopilación ha tenido en cuenta si las niñas habían recibido información antes de su primer periodo, el uso de productos menstruales, si tienen acceso a un espacio limpio y privado para asearse y cambiarse, y si participan en actividades sociales. Se halló una gran disparidad a nivel mundial con datos de apenas 42 países, ninguno de ellos con altos ingresos económicos, y casi la mitad en África subsahariana.

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Estas iniciativas han sido útiles para poner bajo la lupa otros fenómenos como el absentismo escolar durante los días de regla, lo que supone aproximadamente una ausencia a clase de una semana al mes. Igualmente, el aislamiento y la falta de participación en la vida social son consecuencias, con una de cada tres niñas y mujeres en Chad y la República Centroafricana, más de la mitad en Bangladés y más de dos tercios en Nepal ausentes en las actividades cotidianas durante esos días.

La higiene menstrual implica discriminación por género y es una realidad donde influyen factores biológicos, sociales y económicos. Las que son pobres, viven en áreas rurales, pertenecen a una minoría étnica, son refugiadas o las que tienen una discapacidad son las más perjudicadas en el acceso a este recurso fundamental y padecen consecuencias que van desde al abandono escolar al matrimonio infantil, los embarazos o incluso el intercambio de sexo por productos de higiene.

Felizmente, esta realidad promete cambiar, o al menos la importancia de la higiene y la salud menstrual se ha visibilizado más. Desde 2014, el 28 de mayo es considerado el Día de la Higiene Menstrual (28 por la duración media de los ciclos y mayo por ser el quinto mes del calendario, en alusión a los cinco días que dura la regla).

Asimismo, en 2021, la revista médica The Lancet consideró la regla como un “problema de salud pública” y su atención un “derecho humano”.

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Aunque prácticas como la chhaupadi partha siguen arraigadas en la tradición en determinadas zonas rurales Nepal, desde 2017 se considera un delito, con penas de hasta 3.000 rupias y tres meses de prisión para quien aisle a una mujer. También en este país se celebró en 2018, por primera vez, el Día Mundial de la Higiene y la Salud Menstrual. Otra señal de que, de manera paulatina, la sociedad va cambiando. Las nuevas generaciones quieren hablar de la regla.

FUENTE: El País.

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