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El COVID-19 podría determinar qué tan sostenible es una empresa

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¿Recuerdas esa frase que dice que: “A nivel global solo se recicla el 9% del plástico que se produce”? Bueno, ese 9% está en riesgo y el COVID-19 tiene conexión directa con esto.

Y aquí me imagino que te debes estar preguntando ¿Qué tiene que ver una cosa con la otra? Y resulta que todo lo que pasa, tiene una consecuencia, ya que se utiliza petróleo en la producción de plástico virgen (llámese el plástico que se produce por primera vez) y en la producción de plástico reciclado intervienen los procesos de recolección, separación y transformación que muchas veces son manuales. Cada uno de estos componentes, determinan el precio del producto final, y seamos honestos, todo tiene que ver con dinero.

En la producción del plástico virgen se utilizan petroquímicos como materia prima, básicamente el proceso de producción inicia con la destilación del petróleo crudo, que se separa en varios componentes, de los cuales uno de ellos es nafta, un componente esencial en el plástico. 

Por otro lado, para obtener plástico reciclado, intervienen procesos como la separación, que es uno de los mayores retos de esta industria. Cuando un producto viene fabricado completamente de 1 solo tipo de plástico, es sencillo de identificar y separar, pero cuando hablamos de productos que tienen una mezcla de diferentes tipos de plástico como por ejemplo los equipos electrónicos, se convierte en un reto.

Ahora que entendimos el proceso, volvamos al COVID-19. Con la crisis mundial que estamos atravesando actualmente, hemos visto como ha caído abruptamente el precio del petróleo, ¿y qué pasa con esto? Si el precio de la materia prima baja, el precio del plástico virgen baja. Mientras que, en la industria del reciclaje, más bien se han dificultado las cosas, las regulaciones por la pandemia han prohibido la separación manual del plástico en los centros de reciclaje, lo que dificulta el proceso y encarece el producto y como resultado, termina siendo más caro que el virgen.

covid-reciclaje

¿Y cómo afectan todos estos problemas a nuestra vida como consumidores? 

La decisión de grandes empresas de utilizar un porcentaje de plástico reciclado en sus envases por razones de responsabilidad social es la que realmente impulsa esta industria, hasta ahora, empresas como Coca-Cola tienen dentro de sus objetivos: “reciclar la misma cantidad de botellas plásticas de las que venden para el 2030”, este objetivo de por si era retador, y la situación actual lo pone en peligro.

Las empresas necesitan invertir en tecnología para convertir sus procesos lineales en procesos circulares. La economía circular no es más que imitar los procesos naturales, donde no existe el concepto de residuo, un árbol que da frutos, está dando alimento para algún animal, ese animal lo come y lo desecha, ese desecho es usado por la tierra, lo descompone y sirve de alimento para una nueva planta. Así mismo debería pasar con los procesos en los que interviene el ser humano, todo lo que se fabrique, debe, de alguna forma, volver a la cadena de valor.

Crisis del COVID-19 y las acciones ambientales

Con la crisis del COVID-19 las acciones ambientales han pasado a un segundo plano, la perdida de casi 3 meses de actividad comercial, la tendencia del mercado a gastar únicamente en lo necesario y la incertidumbre de cuánto tiempo tomará reestablecer la economía, puede detener por completo cualquier intención de innovación, mejora o inversión en tecnología sostenible, lo que se va a traducir en un retroceso en el esfuerzo por generar prácticas de economía circular.

covid-naturaleza

A partir de hoy, las empresas enfrentarán grandes retos para ser coherentes con su discurso de sostenibilidad, deberán tomar decisiones que vayan alineadas a una rentabilidad a largo plazo, sacrificando en algunos casos los resultados en el corto plazo, pero esto último es algo que no todas las empresas podrán hacer, la presión por cumplir los objetivos que tenían para el 2020 y mitigar el efecto COVID-19 no disminuirá y probablemente veamos esfuerzos para incrementar ventas y rentabilidad que no contribuyan al desarrollo sostenible. Este momento puede definir a las empresas realmente líderes en sostenibilidad y darles una ventaja competitiva que sea sumamente difícil de alcanzar después.

Y finalmente, la responsabilidad debe ser compartida entre empresas, gobierno y consumidor, la reducción de empaques y la separación en origen se vuelve más necesaria que nunca, debemos reducir nuestro consumo de plástico, sobre todo el de un solo uso y así reducir la necesidad de las empresas de fabricarlo. También necesitamos separar correctamente en origen el plástico que no podamos evitar, y de esa forma facilitamos el proceso de reciclaje convirtiéndolo en un material más competitivo. El mundo ya cambió y se necesitará muchísima presión y unión de la sociedad civil, ONG’s, empresa privada y gobierno para que la próxima crisis a la que nos enfrentemos no sea la climática.

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