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La construcción de la vivienda protegida supera en sostenibilidad al modelo Silicon Valley

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La adaptación de edificios antiguos y la construcción de la vivienda más energéticamente eficiente resulta en una opción más ecológica que muchas soluciones de alta tecnología.

Las cicatrices de los viejos apartamentos y la vivienda pública bajo el control de la Autoridad de Vivienda de la Ciudad de Nueva York (NYCHA) no transmiten una idea de innovación. El mayor arrendador de la ciudad, que alberga a casi 1 de cada 16 neoyorquinos, ha visto sus edificios desmoronarse tras décadas de mantenimiento y gestión deficiente de problemas como las infestaciones de moho.

Tras el huracán Sandy en 2012 la situación empeoró con inundaciones de sistemas eléctricos y de calefacción en los sótanos. En conjunto, la gestión descuidada de la vivienda longeva ha sido calificada de “demolición por negligencia“. Se estima que harían falta al menos 40.000 millones de dólares para volver a tener los edificios en un buen estado.

Para los 90, NYCHA notó que la vivienda promedio tenía neveras “sobre-consumidoras de energía”, costosas para la agencia que pagaba las facturas de electricidad del inquilinato. 

Así que, con la empresa de servicios públicos, NYCHA convocó a fabricantes de electrodomésticos para crear neveras más eficientes. El ganador, convertido en proveedor de NYCHA, fue Maytag, con su entonces novedoso modelo Magic Chef.

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NYCHA redujo los costes al incrementar la eficiencia energética de la vivienda tradicional y redujo bastante las emisiones. Se compraron 150.000 de estas neveras entre 1995 y 2003, gesto que mostró el poder de mercado de la agencia para impulsar la innovación. NYCHA busca lo mismo con la calefacción y el aire acondicionado, a través del concurso Clean Heat for All Challenge, buscando tecnologías de bombas de calor de bajo coste y fáciles de instalar para acondicionar la vivienda masiva.

Los dispositivos propuestos, ajustables a un marco de ventana estándar, reemplazarían la unidad de aire acondicionado y calentarían y enfriarían eficientemente una planta completa de la vivienda sin necesidad de refrigerantes o combustibles fósiles. Se espera comprar e instalar al menos 24.000 unidades del modelo ganador, lo cual es parte de un plan dotado con 250 millones de dólares. A su vez, la Autoridad de Investigación y Desarrollo de Energía del Estado de Nueva York (NYSERDA) anima a otras agencias a la participación.  

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Lo que está en juego para la agencia, para la empresa ganadora y para la sociedad podría ser enorme. Invertir en una calefacción y refrigeración más eficientes en la vivienda resulta bueno para las personas y para el planeta; sería transformador encontrar una manera equitativa de llevarlo a cabo a la escala y la velocidad necesarias para abordar el desafío climático.

Ocho millones de personas al año compran máquinas exteriores de aire acondicionado en EE UU. La industria de calefacción, ventilación y aire acondicionado genera 94.725 millones de euros en todo el mundo, y la cantidad de unidades de aire acondicionado en el planeta se triplicará hasta 2050, en su mayoría unidades pequeñas para el tamaño de una habitación como las que intentamos desarrollar. Es una enorme señal de mercado que puede acelerar nuevos acercamientos a este tipo de soluciones”.

explica Vincent Romanin, ingeniero y CEO de Gradient.
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RetrofitNY, un programa piloto de millones de dólares, busca apoyar un nuevo tipo de adaptación energética de edificios enteros que básicamente consiste en colocar paneles herméticos e impermeables en los exteriores de los edificios más antiguos, lo cual lo constituye en otro innovador avance tecnológico aplicado a la vivienda.

La técnica alude a la implementada en Países Bajos por la organización sin ánimo de lucro Energiesprong. 

Esta tecnología reduce drásticamente el uso de energía y puede instalarse sin la necesidad de sacar al residente de la vivienda. El primer proyecto de prueba sobre la vivienda de este tipo es la llamada ‘Casa Pasiva’, en Brooklyn, que debería estar terminado en octubre de este año, tras el retraso por pandemia. 

“Realizar este tipo de adaptaciones en nuestro sistema parecía inviable hace unos años. Puede costar un poco más, pero ahora tenemos los medios y métodos para llevarlo a cabo”.

explica Ryan Cassidy, director de sustentabilidad y construcción de RiseBoro Community Partnership, patrocinador del proyecto ‘Casa Pasiva’.

La demolición y la construcción “verde” desde cero solía ser la única opción para gestionar la vivienda en mal estado. Sin embargo, es mucho más sostenible convertir edificios existentes en vivienda más energéticamente eficiente, aplicando planes de adaptación para viviendas antiguas, en vez de demoler.

Una demolición siempre exige costes altos en dinero y en carbono en tiempos en donde urge la reducción de emisiones.

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Los edificios representan el 40% del gasto de energía en EE UU. Más de la mitad de las unidades de alquiler disponibles en el país tienen más de medio siglo de antigüedad, y el Departamento de Energía (DOE) estima que el 75% de los 130 millones de edificios en EE. UU. seguirán en pie en 2050. La adaptación de la vivienda actual a vivienda eficiente energéticamente, no suele ser rápida, con apenas 2,3 millones de hogares en modificación anualmente.

“Muchas de las soluciones que necesitamos para descarbonizar los edificios del mercado ya existen, e intentamos respaldar las ideas que pueden escalar a gran velocidad. La innovación es difícil, pero la adopción lo es aún más”.

afirma el director de programas de The Clean Fight, Thatcher Bell, la incubadora de start-ups de energía limpia que se centra en las soluciones de viviendas más sostenibles.

Aproximadamente de 3 a 6 millones de viviendas al año tendrían que modificarse para cumplir con los objetivos de las emisiones, lo cual implica soluciones inmediatas, probadas, eficientes y asequibles y la financiación y la voluntad política.

Una gestión eficiente de la vivienda requiere una gran movilización para su abordaje por ser un enorme desafío. Esto se evidencia en los casos notables de los innovadores tecnológicos tradicionales como Katerra o Social Construct que no han tenido el tipo de éxito en el sector que han visto en otras industrias. 

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Katerra, la start-up de la vivienda de Silicon Valley respaldada por SoftBank y responsable de transformar la construcción, fracasó en su esfuerzo de gestionar la vivienda producida a gran escala, pese a su inversión de 3.000 millones de dólares.

Este caso demuestra a qué se enfrentan las start-ups en una industria de elementos fluctuantes como la mano de obra, regulaciones locales, cadena de suministros o normas de construcción. 

Social Construct, otra start-up, ésta de San Francisco y hoy declarada en bancarrota, había intentado agilizar la construcción multifamiliar con automatización e inteligencia artificial, también fracasando. Podría esto significar que el modelo de innovación de Silicon Valley resulta ser no funcional contra uno de los problemas más importantes del planeta.

Por otro lado, NYCHA ha tenido éxito al influir en la acción climática con sus modelos más avanzados centrados en lo público en Canadá y Europa, y los programas de incentivos locales en Maine con el impulso del uso de bombas de calor o en California, con la Iniciativa TECH, valorada en 120 millones de dólares y diseñada para hacer avanzar la misión de California hacia la neutralidad de carbono para 2045.

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Este contraste no reduce el problema de la gestión de la vivienda a una cuestión de lo público versus lo privado, sino que revela una falta de pericia de algunos actores en su afán de buscar rápidos resultados, en lugar de diseñar sus intervenciones centradas en las políticas y con capital paciente para traer más equidad, y tal vez reducciones de emisiones más rápidas.

“Una parte del mercado quiere ofrecer viviendas sostenibles, asequibles y a largo plazo, mientras que otra, impulsada por las ganancias, no se presta a una consideración tan a largo plazo sobre las viviendas. El tiempo es oro. Los organismos de vivienda no pueden esperar una gran solución tecnológica milagrosa o una enorme cantidad de dinero que podría no materializarse”.

indica Yu Ann Tan, asociada del equipo de construcción libre de carbono del grupo de expertos RMI centrado en la energía limpia.

En el siglo 20, la construcción de la estructura para la vivienda se caracterizó por buscar la precisión de fábrica y la automatización durante la construcción modular o prefabricada, realizada principalmente en un entorno controlado, en vez de en un sitio de construcción caótico. Esto daría como resultado modelos reproducibles de conjuntos de piezas tan intercambiables y fáciles de ensamblar como los Lego. Frank Lloyd Wright y Thomas Edison tuvieron una idea similar.

Katerra concebía una serie de fábricas en todo el país, produciendo ensamblajes y piezas prefabricadas para modelar la vivienda futura. En un tiempo, tuvieron múltiples proyectos y se habían expandido a la construcción masiva de madera y de sus propias bombillas.

Katerra demostró ser una empresa integrada verticalmente, construyendo verticalmente, buscando llevar su experiencia en cadenas de suministro tecnológico y fabricación a una nueva industria. 

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“[En Katerra] mostraban arrogancia y desdén por la industria en vez de tener una visión real de cuál sería su modelo de negocio”.

opina Michelle Knapp, especialista en construcción y cofundadora de FunForm, una start-up enfocada en las remodelaciones de edificios

Michelle Knapp, de FunForm, compara el caso de Katerra con el fracaso del Ford Edsel en los años 50, considerando su afán de reformar el mundo de la construcción, gastando miles de millones en construir un sistema de producción para la vivienda, totalmente nuevo, desde cero, como una muestra de arrogancia de Silicon Valley, animada por modelos europeos que integran estándares y simplicidad a la construcción.

Katerra no tuvo en cuenta la innovación pionera en el extranjero donde, por las limitaciones de espacio y materiales, se habían perfeccionado las casas prefabricadas y técnicas modulares. Estos ejemplos se centraban en sectores específicos uno por uno, mientras Katerra reinventaba procesos complejos de construcción para demasiados modelos diferentes a la vez, provocando sobrecostes.

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“Había cosas que estaban completamente seguros de que se tenían que hacer, pero [estaban equivocados]. La construcción modular no es magia y hay que gatear antes de poder caminar. El empleado con menos experiencia de mi empresa sabía más sobre construcción modular que los altos dirigentes [de Katerra]”.

indica McCaughey, quien mantuvo conversaciones con los responsables de esta empresa.

La vivienda del siglo XXI debería también diseñarse pensando en la descarbonización, como lo plantea por ejemplo, el Holistic Energy and Architectural Retrofit Toolkit (HEART), una plataforma informática basada en la nube que incluye funciones de gestión de energía y toma de decisiones.

El modelo de Países Bajos, “Energiesprong” se basa en la red stroomversnelling que pone en estrecho contacto y coordinación a los contratistas, asociaciones de vecinos, proveedores de repuestos e incluso financiadores. Energiesprong puede renovar un edificio en solo 10 días. Otras start-ups y empresas hacen otros aportes como por ejemplo, la holandesa Factory Zero con sus módulos prefabricados para techos con calderas eléctricas, bombas de calor y conexiones solares. 

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Estos actores son los que hacen que la ecologización de la vivienda sea casi como el sistema plug-and-play. El modelo europeo que siguen se sostiene en una ambiciosa política sobre emisiones, respaldada con incentivos y financiación para adaptaciones y nuevos edificios a través de programas que, como Horizonte Europa, subsidian métodos de construcción novedosos y crean un mercado para ventanas, puertas y sistemas de climatización innovadores. 

Su éxito debe mucho a la voluntad gubernamental de financiar mejoras para la vivienda pública y protegida que las necesitan desesperadamente. Otras ventajas significativas tiene Europa, como lo son los códigos de edificación más estandarizados que en otros países, las regulaciones progresivas que impulsan el estándar passivhaus o el nivel ultraeficiente de aislamiento y ventilación que reduce drásticamente la energía necesaria para la calefacción y el aire acondicionado. 

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También, su ecosistema de viviendas es más pequeño y estandarizado, facilitando el apoyo a otros experimentos. El de Energiesprong es un modelo de construcción con un grupo reducido de contratistas participando del proceso en un área pequeña. Europa además adopta el enfoque de un tiro de escopeta, financiando varios programas en todos los ámbitos y distribuyendo el riesgo entre ideas variadas, en vez de concentrar el capital de riesgo en una sola.

El modelo canadiense de CityHousing Hamilton, organismo municipal de vivienda de Ontario, replica a Europa utilizando fondos destinados a la vivienda para la adaptación completa de Ken Soble Tower, un deteriorado rascacielos para personas mayores que data de 1967. El proyecto contó con el revestimiento exterior con paneles, nuevas ventanas de alta eficiencia y la electrificación de la calefacción y cocinas de gas, dando al edificio el estándar passivhaus por su reducción del 94% en el uso de energía.

El proyecto dio trabajo a empresas canadienses fabricantes de ventanas y revestimientos de alta tecnología, sembrando una industria para otros proyectos de construcción verde y además, apenas y resulta en un incremento del coste de un 8% para sus residentes. Otro proyecto afín desarrollado por ERA Architects fue la creación de Tower Renewal Partnership, una organización dedicada a replicar proyectos similares en todo Canadá. 

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“La versión europea de este tipo de edificios ya no es un cuento; es algo serio. Cada jurisdicción tiene su propia manera de llevarlo a cabo. En América del Norte, el alto rendimiento es un impuesto. ¿Cómo convertirlo en un imperativo en todo el continente?”.

indica Stewart.

Proyectos energéticamente asequibles en Estados Unidos suelen darse de forma descentralizada. El plan Build Back Better del presidente Biden incluye propuestas para invertir en adaptaciones, pero las posibilidades de aprobar estas propuestas, son escasas, aunque la provisión de 5.000 millones de dólares para la climatización de la vivienda en el proyecto de ley de infraestructura aprobado en 2021 por el Senado tendrá un notable impacto.

Empresas privadas dispersas están adaptando sus propiedades, como RENU, con el programa Taurus Investment Holdings que realiza auditorías de adaptación energética al adquirir nuevos edificios, considerando las mejoras de eficiencia energética como una forma de aumentar el valor de los activos y reducir los costes de mantenimiento. Su caso es uno entre muy pocos y se debe operar con más urgencia.

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“Trabajamos con el viejo paradigma de los edificios, desde una perspectiva de que es ‘bueno tener’ la eficiencia energética, en vez del punto de vista del cambio climático, el de ‘casa en llamas, necesitamos unos niveles de financiación para vivienda como en los tiempos de guerra'”.

considera, por su parte, Panamá Bartholomy, fundador y director ejecutivo de Building Decarbonization Coalition.

Son muchos los desafíos por librar para que la solución de adaptación de la vivienda con paneles funcione en Estados Unidos y para modificar la forma en la que se gestiona la innovación de la vivienda en el entorno construido. Importar un concepto de un país que difiere en sus tipologías de construcción, incentivos económicos y cultura de la construcción tiene sus propios desafíos.

NYCHA prueba bombas de calor en Fort Independence y cocinas de inducción en 1471 Watson Avenue, buscando una adopción más amplia, además de un proyecto RetrofitNY en el edificio Ravenswood en Queens, programado para terminar en marzo de 2024.

La antigüedad de la vivienda, la necesidad de mejoras eléctricas y la falta de datos sobre costes y rendimiento en las opciones con paneles siguen siendo obstáculos para los esfuerzos de descarbonización de la agencia.

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“Estamos viendo mucho interés por parte de la oferta del mercado, y el modelo comercial está cambiando. Se nota la creación de una nueva clase de proveedores de soluciones, que ofrecen adaptaciones neutras en carbono y llave en mano para los edificios con una garantía de rendimiento y mayores garantías de precio”.

afirma Dean de NYSERDA.

Queda la cuestión sobre si la combinación de innovación, políticas ambiciosas y financiación de apoyo pueden mermar los esfuerzos actuales de adaptación. Built to Last de Filadelfia sienta un precedente sobre la forma en la que proyectos eficientes para la vivienda se podrían financiar en el futuro. Este proyecto, ya en marcha, analiza el mundo de los incentivos que los propietarios de viviendas de bajos ingresos podrían aprovechar para adaptarlas y repararlas, desde los beneficios de la climatización hasta los reembolsos por los electrodomésticos eficientes. 

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El habitante promedio de la vivienda en renovación suele verse impedido por el escaso acceso a servicios como la calefacción y el horno para la cocina o el suministro de agua corriente. Además, el aislamiento, los materiales baratos y el mantenimiento aplazado resulta en enormes facturas de electricidad. Los costes energéticos, tanto económicos como ambientales, son una carga pesada para los que menos tienen. 

“Tenemos que descarbonizar nuestras viviendas, pero los problemas sistémicos son bastante profundos. Es un problema tecnológico conseguir bombas de calor eficientes en estos hogares. Ese es un problema fundamental. Pero las ventanas que faltan son un problema todavía mayor”.

concluye Abramson.

FUENTE: Technology Review.

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