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Amor en tiempos de Coronavirus

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¡Qué difícil es para todos los que estamos enamorados no poder abrazar y besar a nuestros seres amados!. El Rey de nuestros días, también tirano, es el CORONA-virus.

Parodiando al genial escritor, Gabriel García Márquez, quien escribió la maravillosa novela “El Amor en los tiempos del Cólera”, quisiera referirme hoy a San Valentín, al “Amor en los tiempos del Coronavirus” que nos está tocando vivir.

Dice la leyenda que San Valentín empezó como un médico que ayudaba en el ejército romano en el siglo III. Convertido al cristianismo, se ordenó sacerdote, y contraviniendo las leyes del emperador Claudio II, que prohibía a los soldados el matrimonio, empezó a casar en secreto a los muchachos enamorados, lo que finalmente terminó costándole la cabeza.

¡Qué difícil es para todos los que estamos enamorados no poder abrazar y besar a nuestros seres amados!. El Rey de nuestros días, también tirano, es el CORONA-virus. Llevamos un año arrodillados a sus designios caprichosos y tiránicos, encerrados en nuestras casas, alejados de nuestros seres amados y de nuestros compañeros de trabajo. No podemos reunirnos en fiestas, en teatros o en estadios. No podemos viajar cómo y dónde queramos.

amor en tiempos de coronavirus

Yo personalmente, como casi todos ustedes, he vivido la tristeza y la soledad de mis padres durante todo este año. Viví el confinamiento en el día de San Valentín, sin poder abrazar ni besar a mi esposa y mis hijos.

¿Quién será el nuevo San Valentín de nuestros tiempos, que nos permita volver a conectarnos de corazón? Será “San Pfizer” ó “San Astra Zéneca”? Lo dudo mucho…

Mi opinión es que este tiempo del Coronavirus ha llegado para que aprendamos a vivir, sentir y conectarnos sin necesitar de la presencia física de los que amamos.

Siento que estamos en la “antesala de la Telepatía”. Este término, en mi humilde opinión mal entendido por los racionales y los científicos, viene del del griego τῆλε tēle, «lejos» y παθέειν pathéein, ‘ que quiere decir sufrir, experimentar, sentir’.

Así que la telepatía no se trata de transmitir en la distancia el pensamiento, cosa que ya hacemos muy bien desde que se inventaron la escritura, el teléfono, el radio, el internet y las redes; la verdadera telepatía se trata de aprender a conectarnos remotamente con los demás por nuestros sentimientos: de corazón a corazón, con la misma fuerza con la que se conectan dos enamorados por la mirada.

Está demostrado por la evolución de las especies, y mucho más aún en el caso de los seres humanos, que son las restricciones las que provocan la fuerza motora que desarrolla los cambios necesarios para adaptarnos a las nuevas condiciones y circunstancias.

En los grupos familiares, las redes de amigos y en los equipos empresariales, nos vemos ahora forzados a desarrollar la capacidad de conectarnos emocionalmente a pesar de la distancia. En mis consultas empresariales he visto que una de las mayores necesidades que manifiestan los colaboradores es la de “sentir” la cercanía de sus líderes y de sus compañeros.

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He aquí la necesidad que debemos juntos aprender a desarrollar, “en cuanto al amor” y los sentimientos

Una vez más, la tecnología está viniendo a ayudarnos rápidamente. Se han desarrollado con celeridad plataformas para ayudarnos a mantener reuniones y teleconferencias a distancia, donde podemos ver, escuchar y leer a nuestros contertulios. Pero más allá de eso, necesitamos desarrollar internamente la capacidad de conectar nuestros sentimientos con las personas con las que nos comunicamos en la distancia.

¿Qué necesitamos aprender entonces para poder llegar a sentir que damos y recibimos cariño, apoyo y confianza con aquellos que están conectados remotamente con nosotros?

Personalmente creo que la primera lección que requerimos aprender es la de observar nuestros propios sentimientos. Escuchar y sentir nuestro corazón, permitiendo que nos conecte con nuestra mente para aclarar nuestros sentimientos. Muchas veces la distancia que mantenemos entre nuestro corazón y nuestro cerebro no es de centímetros sino de Kilómetros.

Aprender a compenetrarnos con nuestros sentimientos requiere momentos de paz, de silencio, de estar con nosotros mismos. Y demanda también de mucha honestidad y valor, porque a veces están presentes sentimientos que nuestra misma mente nos oculta, pues no los quiere ver ni reconocer.

La segunda lección es aprender a comunicarnos mejor. Necesitamos ser conscientes de lo que se observa, se siente, se necesita por parte de los demás. Requerimos aprender a expresar no solamente nuestros pensamientos, sino también nuestros sentimientos. Como nos lo ha enseñado la programación neurolingüística, esta conexión que logramos entre las personas cuando nos comunicamos tiene tres dimensiones, de las cuáles cada quién tiene alguna más desarrollada que las otras.

Para algunos la conexión principal es la visual, para otros es la auditiva, mientras que para los demás en la kinestésica. La tecnología nos permite ver y escuchar remotamente, pero todavía no podemos oler, gustar, tocar o acariciar en la distancia. De modo que mientras aprendemos a hacerlo por nuestros propios medios o se desarrolla la tecnología que nos lo permita, debemos aprender a convertir nuestras comunicaciones remotas en una experiencia lo más kinestésica posible.

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La tercera lección que recomiendo, por tanto, es aprender a realizar las reuniones de manera empática y asertiva. Para esto se requiere, además de una buena tecnología, que tengamos una clara intención de escuchar a los demás y de comunicar nuestros sentimientos, escogiendo el tono de las palabras y las expresiones faciales que las acompañan.

¡Tal vez el San Valentín de nuestros tiempos seamos nosotros mismos! Sin necesitar de sacerdotes furtivos que nos unan, es posible que logremos aprender en estos meses de confinamiento a elevar nuestro nivel de consciencia y dar este “salto cuántico” que requerimos para conectar nuestros sentimientos con los demás de manera remota. Entonces habríamos alcanzado la verdadera Telepatía.

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