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El valor de la experiencia

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Japón, país donde a las personas que poseen un mayor conocimiento o experiencia se les trata con mayor respeto.

Japón, país donde a las personas que poseen un mayor conocimiento o experiencia se les trata con mayor respeto.

Occidente, especialmente los países que compartimos un mismo pedazo de tierra con los “americanos”, nos hemos ido olvidando, poco a poco, de nuestros valores y, junto a ellos, del respeto tenido por quienes han entrado en la ‘edad de oro’, eufemismo que en nuestras sociedades tiene un dejo de hipocresía. Posiblemente, hemos llegado a creer que los adultos mayores, por no ser (tan) productivos económicamente hablando, no tienen ningún valor en nuestras sociedades. No obstante, estas personas poseen una alhaja de valor inagotable, razón por la cual merecen toda nuestra consideración.

Esto lo han entendido muy bien algunos países orientales, como Japón, donde a las personas que poseen un mayor conocimiento o experiencia se les trata con mayor respeto; usualmente refiriéndose a ellos con honoríficos, empleando lenguaje formal e inclinándose más grados al saludarse o despedirse con la típica reverencia. 

La experiencia japonesa

El valor de la experiencia 1

Hay una sola persona ante quien el emperador de Japón se inclina más al hacer una reverencia: su sensei (maestro). Al menos eso me han contado y, si recuerdo el tiempo que viví en dicho país, no me extrañaría en absoluto, porque a los profesores, sin importar su edad, se les trata con sumo respeto. Hay una razón lógica detrás de esto; los maestros poseen el conocimiento que los alumnos necesitan (para pasar el curso, para aprender una disciplina deportiva o artística, etc.). Al profesor se le trata con respeto porque se valora su saber y su disposición para transmitirlo. 

En los clubes de los colegios y universidades, así como en el ámbito laboral, es muy común escuchar dos palabras: senpai y kouhai. Senpai es el término empleado en Japón para dirigirse a aquellas personas con más experiencia que uno en un ámbito específico (una empresa, un club de fútbol, etc.). Kouhai se emplea para referirse a las personas con menos experiencia que uno. La relación kouhai senpai es similar a la relación profesor – alumno; se le guarda respeto a quien tiene mayor conocimiento en un área determinada. 

Asimismo, hay otra clase de personas a quienes se reverencia en Japón: los adultos mayores; quienes gozan de un conocimiento que el resto de las personas necesitan: el entendimiento de la vida. A las personas mayores, independientemente de su capacidad adquisitiva o sus títulos académicos, se les respeta porque son sabias, es decir, porque en su andar por esta vida han aprendido cómo funciona el mundo y cuál es la manera correcta de actuar.

Respetar, sin embargo, no significa victimizar o tratar como un niño. Tampoco significa tratarlos (a los adultos mayores) como ‘pobrecitos’, algo cada vez más común en nuestra sociedad. Respetar es ponerse en una posición de humildad ante algo o alguien que se considera superior en un ámbito determinado.

Pero la humildad, como bien afirmó el escritor Víctor M. Mora Mesén, es una condición necesaria para acceder a la razón y, diría yo, también al conocimiento. Ser humildes es reconocer nuestras propias limitaciones y, por más acceso que tengamos a Google, Wikipedia o YouTube, es comprender que no lo sabemos todo, y posiblemente nunca lo vayamos a saber.

El valor de la experiencia 2

El primer paso para movernos hacia una sociedad de respeto al adulto mayor es enseñarles a los jóvenes que el mundo en donde viven, con todas aquellas cosas aparentemente indispensables (la televisión, el carro, el agua caliente, etc.) es la herencia del esfuerzo y empeño puesto por nuestros padres, abuelos y bisabuelos. Es enseñarles que, antes de criticar la sociedad donde se vive, hay que ser agradecidos por lo que se tiene.

Un joven sensato entenderá que, si quiere que le vaya bien en la vida, su mejor arma es la humildad, de la cual deviene el respeto hacia los mayores. De esta manera, cuando se encuentre junto a un ‘ciudadano de oro’, tendrá la disposición de escucharlo y aprender de la experiencia de alguien que ha vivido todo lo que al joven le falta por vivir.

Es una lástima, pero la actitud predominante de una gran cantidad de jóvenes hoy en día es la contraria. Quizá por el ambiente mercantilista en el que muchos de nosotros crecimos, donde la ‘novedad’ se reviste de un halo mágico, ya no valoramos la tradición, así como la sabiduría de los mayores.

“Es el hombre humilde el que hace cosas grandes. (…) Es al hombre humilde al que se conceden visiones extraordinarios”, afirmó el gran escritor inglés G. K. Chesterton, y no dudo que sea cierto, porque un hombre humilde aprende de aquellos con más experiencia.

Mientras hacer dinero se mantenga como el valor primordial de nuestra sociedad y la soberbia como la actitud predominante, el adulto mayor será olvidado y se convertirá en el equivalente humano de una fruta en descomposición. 

Empero, si comprendemos que para vivir una buena vida se requiere más que un buen salario y somos lo suficientemente humildes para aceptar el consejo de quienes más saben en esta materia, no solo volveremos a respetar al adulto mayor, sino que sabremos apreciar el verdadero valor de la experiencia.

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