El gusto y el placer de "no hacer nada"

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"La carga simbólica del triunfo, la presión social, familiar o laboral, y la más importante, la propia, terminan por hacer del camino hacia la meta un padecimiento y no un goce..."

Una manera diferente de visualizar la vida, de asumir los deberes habituales y seguir esforzándonos por lograr nuestras metas a largo plazo, simplemente “no hacer nada”. Curioso, pero incluso así, logramos útiles ganancias para nuestra experiencia humana.

Hoy, de cara al inicio de un nuevo año, en el furor de las fiestas nostálgicas y a todo lo que queremos (o nos imponemos) a hacer en los escasos días que quedan del 2023, queremos invitarte a que te des el permiso de no hacer nada. Esto, haciendo alusión a las reflexiones de la experta, Nataly Erazo, co-creadora de The Wellbeing Summit Bogotá, comunicadora social, activista y colaboradora de la Fundación Mi Sangre.

no hacer nada

Creyente en el poder de la comunicación como palanca de cambios sociales, Nataly Erazo hizo una profunda reflexión con motivo del Día Internacional de la Salud Mental el octubre pasado, invitándote a practicar una forma pasiva de enfrentar la vida y sin culpas, simplemente, “no hacer nada“.

Hoy reproducimos el texto de Nataly, para que aproveches su enseñanza y consideres aplicarla.

El gusto y el placer de no hacer nada

Toda la vida escuché sobre las enfermedades mentales, incluso, podría decir que escuché sobre una única enfermedad mental: la locura. Locos porque están enfermos, enfermos porque están locos. Pero solo hasta hace algunos años escuché, realmente escuché, el concepto de salud mental. No como la ausencia de enfermedad, sino como el bien-estar.

Y es que al final, estar bien, es lo que todos y todas buscamos en esta historia compartida que llamamos vida.

no hacer nada

Pero también hay otros sueños comunes, otras aspiraciones, otras búsquedas que seguimos como especie, por ejemplo, el éxito. Esa posición social, profesional o económica que nos ubica en el podio del triunfo. Ansiamos llegar allá y en el camino vamos cargados de ansiedad.

Y es que esa necesidad imperante de triunfar, sin importar cuál sea el destino o el área donde estemos transitando, termina por alejarnos del presente, del aquí y el ahora, porque nuestra mente y nuestro corazón está puesto en el futuro, ahí donde habita el éxito.

¿Pero qué pasa en el recorrido? La carga simbólica del triunfo, la presión social, familiar o laboral, y la más importante, la propia, terminan por hacer del camino hacia la meta un padecimiento y no un goce.

Entonces, poco a poco, se empiezan a manifestar síntomas de nuestro estado mental: estrés, desgaste, ataques de pánico y depresión, caldo de cultivo para otros males a largo plazo.

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Además de nuestras batallas internas, también nos enfrentamos a los desafíos externos de un mundo volátil, incierto, complejo y ambiguo; a los contextos económicos, políticos y sociales de nuestras regiones; y las secuelas de una pandemia global.

En un reciente estudio publicado por el BidLab (Laboratorio de innovación social del BID) y The Wellbeing Project, llamado El Factor Invisible, se presenta cómo está el panorama de la salud mental en América Latina y el Caribe, especialmente en el ecosistema emprendedor.

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6 de cada 10 emprendedores presentan síntomas de burnout y 3 de cada 10 tiene síntomas severos de malestar psicológico”.

Un 64% de los emprendedores participantes en la muestra de la investigación presentó niveles moderados de burnout, ese agotamiento intenso que termina por convertirse en una afectación a nuestra salud mental, emocional e incluso física. El exceso de trabajo, las responsabilidades inmediatas y urgentes, no saber manejar la frustración, la ausencia de un descanso adecuado y justo, son algunas de las razones que llevan a ese estado de extremo cansancio.

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Lo que sentía mi mamá cuando llegaba de sus extensas jornadas de trabajo en un hospital también tenía que ver con la salud mental; el estrés de la profesora que se tornaba agresiva, podría ser una forma de expresar la raíz de un problema mucho más profundo; el suicidio de algún conocido, del que nadie hablaba, era la más dolorosa y evidente manifestación de un problema de salud mental.

Pero mientras me iba enterando de qué se trataba este término y aprendía que es “el estado en el cual el individuo desarrolla su potencia, es consciente de sus propias capacidades y puede afrontar las tensiones normales de la vida diaria” (OMS), también iba aprendiendo prácticas para no perderme en el exceso de futuro, en la búsqueda del éxito o los logros, y alimentar el bienestar en el momento presente.

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Hoy, ahora, ya. Por ejemplo, ver en el error, una fuente inmensa de aprendizaje; celebrar mis pequeñas victorias y celebrar también las pequeñas – y grandes- victorias de los demás; reconocer qué es aquello que me regala tranquilidad, alegría, plenitud. En el estudio mencionado, el 84% de los participantes hablaron de hacer ejercicio, escuchar música, leer, caminar, dormir más y mejor.

Pero hay también otra formula que no implica conjugar un verbo, y es, no hacer nada.

Es un gusto y es un placer: simplemente, no hacer nada. No se trata de no tener metas, ni de desdibujar el éxito, más aún, cuando ese destino final es un propósito superior por un mundo mejor. Como lo es para todos aquellos que trabajamos en el sector social.

Pero somos precisamente nosotros, aquellos cuya vocación está puesta en la transformación del planeta y los seres que lo habitan, que sentimos con mayor ahínco el peso diario de un camino difícil, lleno de obstáculos y dolores. Por eso, se hace necesario el respiro, la pausa, un regalo propio para el cuerpo, el alma y la mente.

El autor Byung-Chul Han habla de la sociedad del cansancio, “en la que cada uno se explota voluntariamente a sí mismo creyendo que así se está autorrealizando”, pero lo que más me gusta de su obra es el concepto del “aburrimiento contemplativo”, librarnos de las distracciones del entretenimiento siempre presente en nuestras vidas, que nos asfixia y que parece no querer abandonarnos.

La contemplación es habitar en absoluta plenitud el momento presente, observar, escuchar, sentir, ser.

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En medio de un mundo agitado y acelerado, pausar y respirar, es un acto revolucionario y de amor para cuidar-nos. Para alimentar nuestro bien estar, nuestra salud mental.

Así, que espero que después de leer este texto, cierres la pantalla y con mucho disfrute, y sin culpas, no hagas n-a-d-a.

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“Little Sweet”, William H. Johnson (1944) – Donald W. Reynolds Center for American Art and Portraiture.

FUENTE / IMÁGENES: Nota de Prensa.

IMÁGENES ADICIONALES: Pexels.

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