Hay personas que llegan a los 80 años recordando con la misma nitidez que a los 50. No es suerte ni genética misteriosa: según un nuevo estudio publicado en Nature, hay una explicación biológica concreta, y tiene que ver con algo que los neurocientíficos llevan décadas debatiendo. La razón por la que los superancianos tienen mejor memoria que el resto podría estar en la capacidad de sus cerebros para seguir generando neuronas nuevas mucho después de lo que se creía posible.

¿Quiénes son los “superancianos” y por qué importan tanto?
El término puede sonar a película de ciencia ficción, pero es completamente real. Los superancianos —o superagers en inglés— son personas de 80 años o más cuya memoria y capacidad cognitiva está al nivel de alguien tres décadas más joven. No son la norma, pero tampoco son tan raros como parece.
Lo fascinante es lo que los diferencia a nivel cerebral. Mientras que el cerebro de la mayoría de las personas envejece acumulando proteínas que funcionan mal, provocando muerte celular y pérdida de memoria, el cerebro de estas personas parece resistir ese deterioro de manera extraordinaria.
La pregunta de un millón de dólares siempre fue: ¿por qué?

La neurogénesis: el debate que este estudio reactiva
Para entender el hallazgo, hay que meterse un poco en el barro científico. La neurogénesis es la capacidad del cerebro de generar nuevas neuronas. Está bien documentada en bebés y niños, y también en animales adultos de varias especies. Pero en humanos adultos, el tema ha sido una batalla campal entre investigadores durante décadas.

Hay estudios que dicen que sí ocurre. Otros, que no. Y los resultados suelen depender directamente de los métodos que usa cada equipo. Este nuevo estudio no va a cerrar ese debate, seamos honestos, pero sí aporta pistas nuevas y muy sugestivas. El trabajo fue liderado por Orly Lazarov, profesora de neurociencia de la Universidad de Illinois en Chicago, y contó con la colaboración de Tamar Gefen, de la Facultad de Medicina Feinberg de Northwestern.
Lo que encontraron en el hipocampo
El equipo se enfocó en el hipocampo, una región cerebral clave para el aprendizaje y la memoria, y la zona donde se cree que nacen principalmente las nuevas neuronas en el cerebro adulto. Para buscar señales de neurogénesis, primero analizaron cerebros de adultos jóvenes —entre 20 y 40 años— que habían fallecido con una cognición normal.
Identificaron marcadores genéticos de tres tipos de células fundamentales:
- Células madre neurales (las “bebés” del proceso)
- Neuroblastos (los “adolescentes”)
- Neuronas inmaduras (los “casi adultos”)
Como explicó Lazarov: “Es casi como si las células madre neurales fueran bebés, los neuroblastos una especie de adolescentes y las neuronas inmaduras una especie de casi adultos”.
La presencia de los tres tipos sugiere que el proceso de generación neuronal está activo y avanzando.
Luego aplicaron ese mismo análisis a cuatro grupos de personas mayores que habían donado sus cerebros para la ciencia: cognición normal, deterioro cognitivo leve, Alzheimer y superancianos. Los resultados fueron llamativos.

El doble de neuronas nuevas: los números que cambian el juego
Los superancianos contaban con aproximadamente el doble de neuronas nuevas en el hipocampo en comparación con adultos mayores de memoria normal, y 2,5 veces más que las personas con Alzheimer. Pero no era solo una cuestión de cantidad. Las neuronas inmaduras de los superancianos tenían características genéticas y epigenéticas únicas que, según los investigadores, las hacían especialmente resistentes al envejecimiento.
Como señaló Gefen: “El superenvejecimiento se produce no solo porque hay más de estas células jóvenes, sino porque existe un tipo de programación genética que permite que se conserven” .
Dicho de otro modo: no basta con tener más neuronas nuevas. Parece que esas neuronas están literalmente programadas para sobrevivir mejor.
El giro inesperado: ¿qué pasa con el Alzheimer?
Aquí viene uno de los hallazgos más sorprendentes del estudio, y que abre una puerta terapéutica muy interesante. Las personas con Alzheimer tenían más células madre neurales que el resto de los adultos mayores, lo cual es positivo.

El problema es que tenían muchos menos neuroblastos y neuronas inmaduras. O sea, el proceso arranca pero no avanza.
Hongjun Song, profesor de ciencias neurológicas de la Universidad de Pensilvania, que investiga la neurogénesis pero no participó en este estudio, ofrece una interpretación coherente: en el Alzheimer, la neurogénesis se interrumpe en algún punto. Las células madre se desactivan y no logran progresar, por lo que la reserva se mantiene intacta pero inútil.
“Si esto es cierto, se abre una nueva vía en este campo” para un posible tratamiento que reactive esas células madre dormidas, explicó Song.
Imagina un fármaco que no cure el Alzheimer desde cero, sino que despierte lo que el propio cerebro ya tiene pero no puede usar.
Las voces críticas: ciencia honesta en acción
No todo el mundo celebra los hallazgos sin reservas, y eso es exactamente como debe funcionar la ciencia. Shawn Sorrells, de la Universidad de Pittsburgh, reconoce que el objetivo del estudio —mapear cómo cambia el hipocampo con el envejecimiento— es “increíblemente interesante e importante”.
Pero advierte que el trabajo podría compartir algunos defectos en la metodología de las investigaciones previas sobre el tema, y pide que los resultados se validen con otras técnicas. Bryan Strange, de la Universidad Politécnica de Madrid, también matiza: los superancianos presentan otras diferencias cerebrales, como mayor volumen en zonas que no experimentan neurogénesis y mayor conectividad entre regiones, algo que este estudio no explica del todo.

Esas críticas no invalidan los hallazgos, pero sí nos recuerdan que estamos ante un primer paso importante, no ante la respuesta definitiva.
El siguiente capítulo de esta investigación
Lazarov ya tiene el foco puesto en la siguiente pregunta: ¿cómo se relacionan exactamente esas neuronas inmaduras especiales de los superancianos con su memoria superior? ¿Y sería posible replicar esa actividad en un fármaco?
La idea no es descabellada. Si se puede identificar el mecanismo de “programación genética” que protege esas neuronas, en teoría se podría diseñar una intervención que ayude a más personas a mantener la agilidad mental durante más tiempo.
No estamos hablando de vivir para siempre ni de transhumanismo. Hablamos de envejecer mejor. De que los 80 no tengan que significar pérdida.
El cerebro que envejece bien no es un misterio inaccesible
Este estudio nos deja con algo valioso: la idea de que el envejecimiento cerebral no es un destino fijo. Que hay cerebros que lo hacen diferente, y que ahora empezamos a entender por qué a nivel biológico. La plasticidad cerebral, incluso a los 80 años, es real.
Como dijo Gefen: “Este artículo muestra pruebas biológicas de que el cerebro que envejece tiene plasticidad”.
Eso es esperanzador. Y es el tipo de ciencia que merece atención.
FUENTE / IMÁGENES: New York Times.
IMÁGENES ADICIONALES: Pexels.
¿Y tú qué piensas? ¿Crees que algún día tendremos un fármaco que active la neurogénesis y cambie la forma en que envejecemos? ¿Conoces a alguien que a sus 80 tenga una mente que deja a todos boquiabiertos?
Déjanos tu opinión en los comentarios y comparte esta noticia con alguien que le apasione el cerebro y la ciencia del envejecimiento. Este tipo de descubrimientos merecen llegar a más personas.


