Hay fotografías que se toman en segundos y hay fotografías que se construyen durante meses. La que Angel Fux capturó desde la cima del Dent d'Hérens pertenece a la segunda categoría de una forma que pocos proyectos fotográficos pueden igualar. Una fotógrafa captura el doble arco de la Vía Láctea desde los Alpes a -28°C en una acción que no es solo una historia de técnica y equipo, sino un testimonio de planificación extrema, resistencia física y la clase de paciencia que solo tiene quien entiende que el universo no espera.

El fenómeno que justifica todo
Antes de hablar de la expedición, hay que entender qué estaba persiguiendo Fux y por qué es tan difícil de fotografiar. El doble arco de la Vía Láctea es un fenómeno visual poco común incluso dentro de la astrofotografía especializada. Durante apenas unos días de marzo, los dos brazos visibles de nuestra galaxia pueden aparecer sobre el horizonte terrestre en momentos distintos de la misma noche: primero el brazo invernal y luego el brazo veraniego, donde se encuentra el centro galáctico.

La ventana de oportunidad es extremadamente estrecha y depende de varios factores que deben alinearse simultáneamente: luna nueva, cielos completamente despejados, mínima contaminación lumínica y una vista panorámica sin obstáculos en todo el horizonte. Si cualquiera de esas condiciones falla, hay que esperar otro año.
La NASA se hace eco
Fux subió a la montaña para capturar dos arcos. Bajó con tres. Al revisar las imágenes descubrió un brillo ovalado extremadamente tenue cruzando el panorama completo: el Gegenschein, también llamado “contrabrillo”, un fenómeno producido por la reflexión de la luz solar sobre partículas de polvo del sistema solar. Capturarlo es extraordinariamente difícil incluso en observatorios astronómicos profesionales, debido a su baja luminosidad y a la creciente contaminación lumínica terrestre.
La NASA publicó la imagen el 21 de abril bajo el título Three Sky Arches over Snowy Alps como una de sus Astronomy Picture of the Day, con explicación firmada por un astrónomo profesional. No es un reconocimiento menor: el programa selecciona una sola imagen cada día entre miles de candidatas del mundo entero.
La expedición: meses de planificación para una noche
Nada de esto ocurrió por accidente. En su blog personal, Fux relata que la expedición comenzó a planificarse meses antes de que se tomara una sola fotografía. La logística incluyó coordinación aérea entre equipos italianos y suizos, preparación de equipo de supervivencia de alta montaña y la evaluación constante de condiciones meteorológicas que pueden cambiar en horas a esas altitudes.

El punto de captura fue la cima del Dent d'Hérens, una montaña ubicada en la frontera entre Suiza e Italia, a 4,200 metros de altura. El ascenso y descenso dependían de un helicóptero, lo que añadía una variable de incertidumbre concreta: si las condiciones climáticas empeoraban, Fux podría quedar atrapada en la cima sin posibilidad de evacuación.
“Hay experiencias que uno planea durante meses y aun así llega sin estar preparado”, escribió al describir la sensación de quedarse sola en la montaña después de que el helicóptero abandonara la cima.
La semana más ventosa del año
La expedición ocurrió durante una de las semanas más ventosas registradas recientemente en Suiza. Las ráfagas llevaron la temperatura sensible hasta los -28°C y complicaron tanto el ascenso como el trabajo fotográfico nocturno. Aun así, Fux mantuvo un cronograma estricto para registrar el movimiento del cielo durante toda la madrugada, porque perder un segmento de la secuencia significaba perder parte del panorama final.

Ese nivel de disciplina en condiciones extremas es lo que separa una buena foto de una imagen histórica.
40 horas de proceso
Si la expedición fue físicamente extrema, la postproducción no se quedó atrás. Fux dedicó 40 horas al procesamiento digital de una sola imagen, utilizando un flujo de trabajo inusual incluso para la astrofotografía avanzada. En lugar de formatos fotográficos convencionales, trabajó con archivos FITS, un formato empleado en astronomía científica diseñado para conservar mayor información de luz y rango dinámico que cualquier formato fotográfico estándar.
El panorama final combina más de 30 segmentos fotográficos, exposiciones múltiples y datos de emisión H-alfa, una longitud de onda utilizada normalmente para registrar nebulosas. El resultado: una carpeta de proyecto que ocupó cerca de 300 GB. Una sola imagen.
Tecnología de observatorio aplicada a la montaña
El uso de datos H-alfa y archivos FITS no es una elección caprichosa. En la astrofotografía de alta exigencia, esos recursos permiten extraer detalles que los sensores de cámara convencionales simplemente no pueden registrar, especialmente en condiciones de baja luminosidad y contraste extremo como las que produce el Gegenschein.
Fux aplicó herramientas de astronomía científica a un proyecto de campo, lo que explica en parte por qué el resultado terminó en la NASA y no simplemente en Instagram.
Advertencia interestelar
Entre los detalles más significativos del relato de Fux hay uno que trasciende la astrofotografía: a más de 4,000 metros de altura, en una de las cimas más remotas y despejadas de los Alpes, pudo notar el resplandor proveniente de ciudades del norte de Italia. “Lo veo cada vez más en mi trabajo”, escribió al referirse a la contaminación lumínica.
Esa observación, hecha desde uno de los puntos más oscuros accesibles en Europa central, es una señal de alerta concreta. Si el cielo nocturno ya está siendo afectado a esa altitud y en esas condiciones, la ventana para fotografiar fenómenos como el Gegenschein o el doble arco galáctico se está cerrando más rápido de lo que muchos astrofotógrafos quieren admitir.

Cuando la obsesión produce arte científico
Lo que Angel Fux logró en esa cima es la intersección de varias cosas que raramente coinciden: preparación técnica de nivel profesional, resistencia física fuera de lo común, una ventana astronómica de apenas días y la capacidad de mantener la calma y el cronograma cuando el viento baja la temperatura a -28°C y el helicóptero ya se fue.
El resultado no es solo una fotografía hermosa. Es un documento científico de fenómenos que cada vez son más difíciles de observar desde la Tierra y un recordatorio de lo que estamos perdiendo, estrella por estrella, a medida que nuestras ciudades brillan más de noche.
¿Sabías que la contaminación lumínica ya afecta la visibilidad del cielo nocturno incluso desde las cimas de los Alpes? ¿Y qué opinas sobre el límite entre la fotografía artística y la documentación científica cuando el resultado termina publicado por la NASA? Déjanos tu opinión en los comentarios y comparte esta historia con alguien que mire el cielo con curiosidad.



