Debajo de la superficie del Pacífico panameño existe un mundo sonoro que muy pocos humanos han escuchado — y que estamos interrumpiendo sin darnos cuenta. Un equipo de científicos lleva más de un año registrando ese mundo, y lo que encontraron debería hacernos reflexionar seriamente: el ruido de las embarcaciones está afectando gravemente la comunicación de las ballenas en el Pacífico de Panamá, reduciendo entre un 40% y 45% la probabilidad de registrar sus cantos en zonas con tráfico activo de embarcaciones.
Los primeros datos del estudio liderado por MiAMBIENTE son claros, y el desafío que plantean es igual de nítido. El océano tiene voz. Y nosotros la estamos apagando.
El proyecto que puso oídos bajo el mar
El hallazgo forma parte del proyecto piloto “Estudio del paisaje acústico del hábitat de los cetáceos e impactos antropogénicos en el Pacífico panameño”, una investigación de alcance nacional liderada por el Ministerio de Ambiente (MiAMBIENTE) bajo la coordinación local de las fundaciones MarViva y Panacetacea, desarrollada en el marco de un programa regional ejecutado por WWF Mesoamérica, implementado por el PNUD y financiado por el Fondo para el Medio Ambiente Mundial (GEF).
La herramienta central del estudio son siete hidrófonos — micrófonos submarinos — instalados entre mayo y junio de 2025 en sitios estratégicos del Pacífico panameño: Contreras, Ladrones y Paridas en Chiriquí; Cébaco en Veraguas; Iguana en Los Santos; y Boná y Contadora en la provincia de Panamá. Desde su instalación, estos dispositivos han captado más de 30.000 archivos de audio, de los cuales ya se han procesado más de 4.000. Lo que registran va desde los cantos de las ballenas jorobadas hasta los sonidos producidos por peces, camarones pistola y motores de embarcaciones — todo el tejido sonoro de un ecosistema marino en permanente actividad.
Lo que dicen los datos: el océano habla más en temporada lluviosa
Uno de los hallazgos más reveladores del estudio tiene que ver con la estacionalidad del paisaje acústico. El océano no suena igual todo el año — y los números lo confirman con precisión.
Durante la época lluviosa, se identificó actividad acústica en el 59.2% de las grabaciones, frente a apenas el 28.1% durante la época seca. La diferencia se explica principalmente por una mayor presencia de ballenas jorobadas y actividad de peces en los meses cálidos y lluviosos.
Los cantos de las ballenas jorobadas, en particular, aparecen de forma marcada entre julio y octubre: representaron el 32.7% de las grabaciones de la temporada lluviosa, frente a un escaso 0.5% durante la época seca.
Estos datos confirman la migración estacional de la especie desde el hemisferio sur hacia las aguas panameñas, que ofrecen condiciones favorables para su reproducción y crianza. En otras palabras: cuando las ballenas llegan a Panamá a aparearse y criar, también llegan — o ya estaban — las embarcaciones.
El nudo del problema: donde más ballenas hay, más ruido también
El estudio revela una coincidencia que plantea un desafío complejo para la gestión del turismo y las actividades marítimas: las zonas con mayor presencia de ballenas son también algunas de las que registran mayor tráfico de embarcaciones.
El caso más crítico es Isla Contadora, donde el ruido de motores estuvo presente en el 42.6% de las horas monitoreadas, concentrándose principalmente durante el día — en el 74.5% de las horas diurnas — y asociado principalmente al turismo de recreación, buceo y pesca deportiva. Isla Iguana ocupó el segundo lugar en presencia de ruido por embarcaciones.
No es una paradoja menor: los mismos ecosistemas que atraen a los turistas que quieren ver ballenas son los que sufren más presión por el tráfico generado por ese turismo.
La actividad que celebra la vida marina puede estar, simultáneamente, amenazando su bienestar.
¿Por qué el silencio importa tanto para las ballenas?
Para entender la gravedad del problema, hay que comprender qué significa el sonido para los cetáceos. No es un complemento — es una necesidad biológica fundamental.
Digna Barsallo, directora nacional de Costas y Mares, lo explicó con precisión: “Las ballenas y los delfines dependen del sonido para comunicarse y orientarse. Cuando el ruido provocado por el ser humano interrumpe ese paisaje sonoro, afecta su comportamiento, su salud y su supervivencia. Medir ese impacto es el primer paso para protegerlos con decisiones basadas en evidencia científica”.
Las ballenas jorobadas utilizan sus cantos — algunos de los más complejos y prolongados del reino animal — para atraer parejas, mantener cohesión social y orientarse en el océano.
Una reducción del 40% al 45% en la probabilidad de detectar esos cantos en zonas con tráfico de embarcaciones no es solo una estadística: es la señal de un sistema de comunicación bajo estrés.
Las cuatro líneas de acción que marca MiAMBIENTE
Los resultados del estudio no son solo un diagnóstico — son la base de una hoja de ruta concreta. MiAMBIENTE ha trazado cuatro líneas de acción a partir de esta evidencia:
- Monitoreo continuo y expansión: mantener el monitoreo acústico a largo plazo y ampliar los sitios de registro para obtener una imagen más completa del paisaje sonoro marino panameño.
- Integración en tiempo real: incorporar el sonido en tiempo real al seguimiento de las áreas marinas protegidas, convirtiendo la acústica en una herramienta de gestión activa y no solo de investigación retrospectiva.
- Ordenamiento del tráfico marítimo: establecer límites de velocidad y buenas prácticas para el turismo de observación de cetáceos y la pesca en zonas sensibles — una medida que muchos países con mayor tradición en conservación marina ya aplican.
- Inteligencia artificial al servicio del océano: ampliar el uso de ciencia y tecnología, incluida la IA, para detectar y analizar sonidos de manera automática, acelerando el procesamiento de los miles de archivos de audio que los hidrófonos siguen acumulando.
Por su parte, Claudio González, especialista en recursos marinos del proyecto Pacífico Sostenible, destacó que “la información obtenida en este estudio será parte de los insumos para elaborar las directrices regionales de avistamiento responsable y sostenible de ballenas en la región del Océano Pacífico Oriental”.
Ciencia, política y comunidades: la triple alianza que el océano necesita
Lo que este estudio representa va más allá de los datos puntuales. Es una demostración de que la conservación marina eficaz requiere ciencia rigurosa, políticas públicas valientes y participación comunitaria — los tres pilares deben estar presentes para que cualquier medida tenga impacto real.
Panamá tiene una oportunidad concreta: usar esta evidencia para posicionarse como referente regional en la gestión responsable del avistamiento de ballenas y la protección de sus hábitats acústicos. Las directrices que se desarrollen aquí pueden ser adoptadas por otros países del Pacífico Oriental, multiplicando el impacto de lo que comenzó con siete hidrófonos en el fondo del mar.
El océano nos está pidiendo algo
Cada canto de ballena que no llega a su destino porque fue tapado por el ruido de un motor es una conversación interrumpida, un mensaje perdido en el ruido. No podemos seguir gestionando el océano como si fuera un espacio silencioso e indiferente a nuestra presencia.
FUENTE / IMÁGENES: Nota de prensa.
IMÁGENES ADICIONALES: Pexels.
¿Sabías que el ruido submarino era una amenaza tan concreta para los cetáceos? ¿Crees que Panamá tiene la voluntad política y los recursos para implementar estas medidas de ordenamiento marítimo antes de que la próxima temporada de ballenas llegue?
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