Panamá acaba de dar un paso que muchos países de la región tardan décadas en dar: articular a sus mejores mentes analíticas en una sola red con mandato claro de influir en las decisiones que le importan al país. La Red de Centros de Pensamiento de Panamá es prueba de que la evidencia científica empieza a tener un asiento real en la mesa donde se diseñan las políticas públicas.

¿Qué es exactamente la Red de Centros de Pensamiento de Panamá?
La Secretaría Nacional de Ciencia, Tecnología e Innovación (Senacyt) y el Sistema Nacional de Investigación (SNI) lanzaron oficialmente esta red con un fin concreto: construir una comunidad nacional que comparta datos, capacidades y agendas de incidencia con impacto real en la formulación de políticas públicas del país. En otras palabras, cambiar el escenario en que los investigadores publican estudios brillantes que terminan en un cajón por una estructura que conecta el conocimiento con quienes toman decisiones.

Los cinco centros que la integran
La red no nació de la improvisación. Surgió de una convocatoria competitiva — la Convocatoria Pública para el Fortalecimiento de Centros de Pensamiento 2025 — y los seleccionados son instituciones con trayectorias sólidas y perfiles complementarios:
- Centro Nacional de Competitividad (CNC)
- Centro de Investigación Educativa de Panamá AIP (Ciedu AIP)
- Centro Internacional de Estudios Políticos y Sociales (Cieps AIP)
- Centro Latinoamericano de Innovación en Políticas Públicas (CLIPP)
- Instituto de Investigaciones Científicas y Servicios de Alta Tecnología de Panamá (Indicasat AIP)
Cinco organizaciones con enfoques distintos que ahora funcionan como un ecosistema. Eso es exactamente lo que diferencia una red real de una alianza de papel.
Por qué esto importa: el problema que viene a resolver

Los think tanks existen en toda América Latina, pero su impacto se diluye por un defecto estructural común: trabajan en silos. Cada centro genera su propio conocimiento, con sus propias metodologías, y rara vez hay un mecanismo formal para que ese saber llegue a los tomadores de decisiones de forma coordinada y oportuna. Panamá enfrenta este mismo desafío. Entidades valiosas, pero sin la articulación debida para que su trabajo se traduzca en política pública con consistencia.
La red que acaba de nacer ataca ese problema de raíz. Su diseño apunta a cuatro objetivos estratégicos bien definidos:
- Impulsar el desarrollo institucional de centros con capacidad analítica, técnica y propositiva.
- Apoyar la generación de estudios estratégicos que respondan a desafíos nacionales prioritarios.
- Promover la articulación entre el ecosistema científico-tecnológico, los tomadores de decisiones y la sociedad civil.
- Contribuir a la formación de capacidades locales para el análisis de políticas informadas por evidencia científica.
Ese cuarto punto merece subrayarse: no se trata solo de producir análisis hoy, sino de construir el músculo institucional para seguir haciéndolo bien en los próximos años.
Los temas en agenda: de la bioeconomía a la equidad educativa
Una de las preguntas naturales cuando nace una red así es: ¿de qué van a hablar? La respuesta, en este caso, es amplia y ambiciosa. Los centros propusieron líneas de trabajo alineadas con el Plan Estratégico de Gobierno (PEG), el Plan Estratégico Nacional de Ciencia, Tecnología e Innovación (Pencyt) y los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS). Entre los temas que ya están sobre la mesa destacan:
- Innovación y desarrollo productivo sostenible, clave para diversificar una economía que históricamente ha dependido del Canal y los servicios financieros.
- Gestión del talento y desarrollo humano, porque sin capital humano calificado no hay transformación productiva posible.
- Economía circular, un enfoque que Panamá necesita urgentemente dada su presión sobre recursos naturales y ecosistemas estratégicos.
- Investigación educativa orientada a la calidad, equidad e inclusión, que conecta directamente con las brechas que el sistema educativo panameño arrastra hace décadas.
- Biotecnologías aplicadas como motor de una nueva bioeconomía, quizás la apuesta más visionaria, y también la más coherente con la biodiversidad extraordinaria que el país tiene como activo estratégico.

Estas no son temáticas elegidas al azar. Reflejan una lectura compartida de dónde están los cuellos de botella del desarrollo panameño y dónde la evidencia puede hacer más diferencia.
Lo que dijo la Senacyt: articulación, no solo selección
Durante el lanzamiento, la Dra. María Heller, directora de innovación en el aprendizaje de la ciencia y la tecnología de la Senacyt, fue precisa al describir el espíritu de la convocatoria:
“La Convocatoria Pública para el Fortalecimiento de Centros de Pensamiento 2025 tuvo un objetivo claro: consolidar capacidades institucionales para generar análisis estratégico, investigación aplicada y propuestas fundamentadas que incidan de manera positiva en la toma de decisiones nacionales. Hoy celebramos que centros con trayectorias diversas y complementarias no solo hayan sido seleccionados por la calidad de sus propuestas, sino que ahora formen parte de un esfuerzo articulado, colaborativo y estratégico para el país.”

El énfasis en “articulado y colaborativo” no es retórico. Es la diferencia entre financiar cinco proyectos independientes y construir una red con masa crítica suficiente para influir en la agenda nacional.
Certificados y hoja de ruta: el inicio formal

El acto de lanzamiento incluyó la entrega de certificados de reconocimiento a los centros beneficiados y, lo que puede ser más importante a largo plazo, una sesión de trabajo donde se sentaron las bases para una hoja de ruta de cara a la operación de la red. Eso importa porque las redes mueren cuando todo queda en la ceremonia inaugural. El hecho de que ya exista una dinámica de planificación conjunta sugiere que hay intención real de que esto funcione más allá del anuncio.
El contexto regional: Panamá se pone al nivel
En países como Chile, Colombia o Brasil, los think tanks tienen décadas de influencia documentada en áreas como reforma tributaria, política educativa o diseño de sistemas de salud. Panamá ha tenido actores valiosos en ese espacio, pero sin el ecosistema que los amplifique.
Esta red posiciona al país en una trayectoria más parecida a la de sus vecinos más avanzados en gobernanza basada en evidencia. No es un salto instantáneo, pero es la infraestructura que hace ese salto posible.
El conocimiento panameño empieza a organizarse
La Red de Centros de Pensamiento de Panamá para políticas públicas no es solo una iniciativa institucional más — es una apuesta por cambiar cómo se gobierna. Cuando el análisis riguroso, la investigación aplicada y la incidencia estratégica se organizan en red, las probabilidades de que las buenas ideas lleguen a convertirse en buenas políticas aumentan significativamente.
Panamá tiene el talento. Ahora tiene la estructura. Lo que viene a continuación depende de cuánto espacio real se le abra a esta red en los procesos de toma de decisiones.
FUENTE / IMÁGENES: Nota de prensa.
¿Crees que una red así puede cambiar genuinamente cómo se diseñan las políticas públicas en Panamá, o el reto mayor sigue siendo la voluntad política de escuchar? ¿Qué temas crees que deberían ser la prioridad absoluta para estos centros en su primer año?
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