primera cosecha de miel de manglar en Panamá

La primera cosecha de miel de manglar del país abre el camino a un futuro de oportunidades

Comunidades de París y Santa Ana cosecharon la primera miel de manglar en Panamá. Un proyecto que une conservación y economía local de forma brillante.
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Imagina cosechar miel en el corazón de un manglar, con el sonido del mar de fondo y hasta 80.000 abejas trabajando entre raíces que llevan décadas resistiendo el cambio climático. Eso es exactamente lo que ocurrió esta semana en los pequeños pueblos panameños de París y Santa Ana, donde se recolectó la primera cosecha de miel de manglar en Panamá, y la noticia tiene mucho más impacto del que parece a primera vista.

primera cosecha de miel de manglar en Panamá

Por qué esta miel no es cualquier miel

Surgido del nexo entre el Instituto de Innovación Agropecuaria de Panamá (Idiap) y la Universidad Nacional de Tumbes (UNT), de Perú, con el respaldo financiero y técnico de la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo (Aecid), el proyecto Desarrollo sostenible de las comunidades costeras a través de la apicultura climáticamente inteligente en ecosistemas de mangla no es un proyecto apícola convencional.

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La miel producida en estos pueblos costeros surge de la combinación de ciencia, cooperación internacional y necesidades locales. Su lógica es simple: al generar ingresos a partir del manglar, las comunidades tienen un incentivo directo para protegerlo, integrando la conservación con beneficios económicos.

El manglar: un ecosistema en el ojo del huracán

Para entender por qué esta primera cosecha importa tanto, hay que hablar del contexto ecológico. Los manglares son una de las estructuras biológicas más valiosas del planeta. Capturan carbono a un ritmo superior al de los bosques tropicales, protegen las costas de huracanes y erosión, son criaderos naturales de peces y mariscos, y funcionan como filtros gigantes que mejoran la calidad del agua.

Panamá posee la mayor extensión de manglares en Centroamérica, con unas 170.000 hectáreas y doce especies diferentes de un total de más de 60 conocidas en sus costas Pacífica y Caribeña, pero este patrimonio enfrenta fuertes presiones. La crisis climática —con las olas de calor o el aumento del nivel del mar— afecta directamente estos ecosistemas, que a la vez ayudan a mitigarla. En este contexto, la apicultura surge como una solución concreta para su conservación.

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Cómo funciona la apicultura dentro del manglar

Las colmenas instaladas en los manglares de París y Santa Ana no son estructuras improvisadas. Están equipadas con sensores internos que monitorean variables como temperatura y humedad, lo que permite a los investigadores del Idiap recopilar datos sobre cómo las abejas se adaptan —y prosperan— en este ambiente. Y prosperan muy bien. Las abejas encuentran en el mangle blanco (Laguncularia racemosa) y en el botoncillo (Conocarpus erectus) plantas melíferas con producción constante de néctar.

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Eso se traduce en colmenas productivas con hasta 80.000 abejas por unidad, y una producción inicial estimada en 22,7 litros de miel por colmena —equivalente a 6 galones, que es precisamente la media nacional de producción en Panamá. Ese dato no es menor: sugiere que el manglar no penaliza la producción apícola. Al contrario, la sostiene con creces.

Lo que esta cosecha significa para las comunidades

Ruth del Cid, investigadora principal del Idiap, lo expresó con claridad al hablar con EFE: “Esto va a representar un hito muy importante para estas comunidades costeras vinculadas al proyecto, porque evidencia los resultados tangibles del trabajo que hemos realizado en conjunto con estos productores y organizaciones comunitarias”.

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No es retórica. Los primeros litros cosechados abren la puerta a una fase concreta del proyecto: los talleres de elaboración y comercialización del producto. Las comunidades no solo aprenderán a embotellar miel correctamente —siguiendo protocolos de bioseguridad— sino que también explorarán todo el espectro de derivados de colmena: cremas, mieles saborizadas, jabones y velas, entre otros.

Esto transforma a las vecinas de París y Santa Ana de observadoras del proyecto a productoras activas con portafolio de productos. Es la diferencia entre recibir beneficios y construirlos.

Del Cid también lo resumió bien

“La recolección también permitirá poder mostrar de una manera muy práctica cuál es el potencial productivo que tiene la apicultura en estos sistemas de manglar y cómo esto va a contribuir en el fortalecimiento de estos medios de vida locales”, detalló la investigadora.

Eso es exactamente el punto: datos reales, cosechas reales, ingresos reales. No promesas de futuro, sino resultados medibles en el presente.

Un modelo replicable más allá de Panamá

La iniciativa en las costas panameñas tiene un alto potencial de replicarse en América Latina, incluyendo comunidades de Perú vinculadas a la Universidad Nacional de Tumbes (UNT). Frente a la amenaza que enfrentan los manglares y la falta de alternativas económicas, la apicultura climáticamente inteligente surge como una solución sostenible. Si los resultados en Panamá se mantienen, el modelo podría expandirse a numerosas comunidades, con sistemas y redes ya en desarrollo para facilitar su implementación.

La apicultura como aliada climática

Hay algo profundamente esperanzador en esta historia. En un momento donde las noticias sobre el cambio climático tienden a ser sombrías, este proyecto demuestra que la creatividad científica y la colaboración comunitaria pueden generar soluciones que funcionan en múltiples dimensiones simultáneamente.

Las abejas fortalecen el ecosistema, generan un producto de alto valor y aportan ingresos locales, incentivando la protección del manglar. Y todo ocurre sin derramar una gota de combustible fósil. Así, las comunidades ganan autonomía económica y mejoran el conocimiento científico de forma sostenible. Eso es sinergia en acción.


Reflexión final: ¿qué nos dice esta miel sobre el futuro?

La primera cosecha de miel de manglar en Panamá no es solo una buena noticia local. Es una señal de que hay caminos viables entre el colapso ambiental y el desarrollo humano, y que esos caminos pueden ser construidos por comunidades pequeñas con el apoyo correcto.

FUENTE / IMÁGENES: La Estrella.

IMÁGENES ADICIONALES: ECO TV.

¿Podrías imaginar este modelo replicado en las costas de tu país? ¿Crees que proyectos como este deberían recibir más visibilidad y financiamiento internacional? ¿O piensas que hay obstáculos que este tipo de iniciativas aún no ha resuelto?

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