exposición El jardín de Mr. Brown

El jardín que desafió al Canal más poderoso del mundo

El Museo del Canal inaugura 'El jardín de Mr. Brown', una exposición que recupera la memoria afrocaribeña y la resistencia personal en la antigua Zona del Canal.
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Hay historias que no caben en los libros de historia oficial, y la de Anselmo González Brown es exactamente ese tipo de historia. En plena exposición El jardín de Mr. Brown en el Museo del Canal Panamá, una sala tranquila te detiene en seco y te obliga a mirar el Canal de Panamá desde un ángulo que probablemente nunca habías considerado: el de un hombre afrocaribeño que, con semillas, tierra y una voluntad inquebrantable, construyó su propio mundo soberano a pasos del comercio global más intenso del planeta.

exposición El jardín de Mr. Brown

Un terreno baldío convertido en acto de resistencia

Después de la reversión del Canal en 1999, muchos espacios de la antigua Zona del Canal quedaron en una especie de limbo. Diablo, uno de esos enclaves históricos, no fue la excepción. Pero Brown no vio un lote vacío: vio una oportunidad.

Ahí, donde otros veían abandono, él plantó árboles frutales, cultivó plantas medicinales y alimentó iguanas salvajes, ñeques y conejos pintados que llegaban solos al lugar. No era un jardín decorativo. Era un manifiesto vivo.

La transición post-reversión no fue sencilla para él. Brown era técnico en refrigeración y dependía laboralmente del ecosistema de la Zona del Canal, tanto bajo administración estadounidense como después. Tuvo que reinventarse: la pesca, el cultivo y la fidelidad de antiguos clientes —muchos de ellos exmilitares estadounidenses— le permitieron mantenerse. Y aún así, encontró tiempo y energía para construir algo mucho más grande que un jardín.

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Tova Katzman: seis años mirando lo que otros ignoraban

La fotógrafa estadounidense Tova Katzman llegó a Panamá en 2017 como becaria Fulbright, con un ojo entrenado para detectar geografías humanas invisibles. Cuando varios trabajadores portuarios le dijeron “si quieres conocer el verdadero Canal, tienes que conocer a Mr. Brown”, esa misma noche fue a conocerlo.

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Lo que siguió fue una de esas relaciones que transforman el trabajo artístico en algo mucho más profundo.

“En ese encuentro me invitó a conocer los cambios en su jardín, porque ya se estaba dedicando a sembrar plantas medicinales y árboles frutales en ese espacio en Diablo. Tomé la invitación muy en serio y empecé a regresar cada mes, tanto como podía. Así estuve durante los últimos seis años”, contó Tova Katzman.

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Durante más de media década, Katzman documentó la vida cotidiana de Brown con una paciencia y una sensibilidad que pocas veces se ven en el fotoperiodismo contemporáneo. Formó parte de La Junta Colectiva —colectivo de mujeres fotógrafas en Panamá— y desarrolló un lenguaje visual capaz de capturar lo que las estadísticas del Canal nunca mostrarán: la dimensión humana de un territorio marcado por décadas de presencia extranjera.

Cuando Brown falleció en 2025 —inesperadamente, él que siempre decía que viviría 100 años o que moriría en su bote— Tova Katzman no pudo contener las lágrimas. “Antes que nada, fue un gran amigo”, dijo.

La exposición: tres lenguajes, una sola verdad

La muestra que hoy puede visitarse en el Museo del Canal Interoceánico no es una exposición convencional. Su columna vertebral es el cortometraje La vida aguadulce de Mr. Brown, que dialoga con el archivo fotográfico de Katzman y los versos de la poeta Shyanne Figueroa Bennet. Tres lenguajes distintos —imagen en movimiento, fotografía documental y poesía— convergen para contar la historia de un hombre que el curador Román Florez describe con precisión: su archivo fotográfico y su archivo botánico “dialogan entre ellos mismos con la sutileza sobre los límites simbólicos que aún atraviesan el territorio de la antigua Zona del Canal y el resto de la geografía nacional.”

El ritmo de la exposición es, en sí mismo, un acto político. En un mundo donde todo pasa rápido —especialmente cerca del Canal, donde miles de toneladas de mercancía cruzan a diario— esta muestra te invita a detenerte, respirar y observar.

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Lo que el Museo del Canal entiende que otros aún no

La directora del Museo del Canal Interoceánico, Ana Elizabeth González, fue muy clara al explicar el porqué de esta exposición:

“Desde el Museo del Canal entendemos que nuestra labor no es únicamente preservar la historia, sino también cuestionar. Trabajamos constantemente por abrir espacio a aquellas narrativas que han quedado fuera de los relatos oficiales y para reconocer que la memoria va y se siente plural y siempre hay construcción.”

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Y añadió algo que vale la pena subrayar: “Esta exposición no solo recupera una historia, abre la pregunta de qué otras historias estamos dejando fuera y cuál es nuestra responsabilidad como museo y como país.”

Esa pregunta no es retórica. Es una invitación directa a repensar cómo se construye la memoria colectiva de un país cuya identidad está tan ligada a una obra de ingeniería que, paradójicamente, fue construida en gran parte por manos afrocaribeñas que la historia oficial tardó décadas en reconocer.

El legado de una abuela jamaicana

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Uno de los hijos de Brown, Aristides Noel González, estuvo en la inauguración junto con sus seis hermanos y parte de la familia extendida. Lo que contó añade otra capa de profundidad a la historia.

Brown no solo cultivaba plantas: cultivaba memoria. Transmitir el conocimiento heredado de su abuela, quien llegó a Panamá desde Jamaica durante la construcción del Canal, era una de sus motivaciones más íntimas. Sabía que ese saber podía perderse. Y actuó.

“Recuerdo una conversación en la que me hablaba de su preocupación por la plaga del marañón. Incluso, al inicio del recorrido del jardín, hay una planta de marañón que simboliza eso: su interés por preservar especies que estaban desapareciendo”, recordó su hijo.

El jardín también era un dispensario informal. Brown creía en los remedios caseros —como el aceite de tiburón para el resfriado— con una convicción que venía de generaciones, no de modas.

Un alma libre que caminaba cinco kilómetros antes del amanecer

Quizás el detalle más revelador de quién era Brown: vivía en El Chorrillo, pero todos los días caminaba desde allí hasta Diablo —ida y vuelta— a las cinco de la mañana. Esa rutina era su declaración de independencia personal.

“Siempre decía que cada persona debe vivir como le funciona. Era un alma libre. Y lo sigue siendo, de alguna manera”, cerró su hijo Aristides.

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Hoy, la familia sopesa continuar el legado del jardín. No es una decisión simple —el contexto es distinto, las variables son muchas— pero la conversación está abierta. “Sabemos que a él le habría gustado que ese espacio se mantuviera”, reconoció su hijo.

La historia afrocaribeña que el Canal nunca contó

La exposición El jardín de Mr. Brown no es solo una historia personal. Es un espejo en el que Panamá puede verse de otra manera.

La historia afrocaribeña en el Canal de Panamá es extensa, compleja y profundamente subrepresentada. Miles de trabajadores llegaron desde Jamaica, Barbados y otras islas del Caribe para construir la vía interoceánica en condiciones durísimas. Sus descendientes forman parte del tejido social del país, pero sus narrativas han quedado, en su mayoría, fuera del relato oficial.

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Brown era uno de esos descendientes. Y su jardín —ese rincón de soberanía personal a metros de los portacontenedores— era su manera de decir: yo también estoy aquí, y lo que sé vale.


Para cerrar: el jardín como pregunta abierta

El jardín de Mr. Brown ya no existe físicamente tal como lo conoció Katzman. Brown falleció. Pero la exposición lo mantiene vivo de una manera que los monumentos oficiales rara vez logran: desde lo íntimo, desde lo cotidiano, desde lo humano.

Y eso nos deja con preguntas que no se resuelven saliendo del museo.

FUENTE / IMÁGENES: La Estrella / Tova Katzman.

IMÁGENES ADICIONALES: Web de la Salud / Museo del Canal.

¿Cuántos jardines como el de Brown existen hoy, esperando ser documentados antes de que sea demasiado tarde? ¿Qué responsabilidad tenemos, como sociedad, de buscar esas historias antes de que desaparezcan con sus protagonistas?

Si esta historia te movió tanto como a nosotros, compártela. Que llegue a quienes todavía creen que la historia del Canal cabe en un libro de texto. Y cuéntanos en los comentarios: ¿conoces alguna historia parecida a la de Mr. Brown que merezca ser contada?

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