Un tesoro ecológico oculto bajo las aguas del Canal de Panamá
Un bosque de manglar yace bajo capas de ceniza y lodo volcánico en lo que hoy es la Isla Barro Colorado. Este tesoro oculto naturalmente preservado es un refugio con los secretos de los ecosistemas costeros más antiguos del planeta.
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Hace más de 22 millones de años, un bosque de manglar imponente florecía en lo que hoy es la Isla Barro Colorado, donde quedó preservado bajo capas de ceniza y lodo volcánico. Fueron los sedimentos de una erupción volcánica de tiempos del Mioceno temprano, los que formaron el lahar que preserva este ecosistema costero.
Estos descubrimientos datan de apenas algunos años gracias a la labor de investigadores del Instituto Smithsonian de Investigaciones Tropicales (STRI). Se trata de una evidencia del pasado que nos permite hacernos una idea de cómo era la vegetación de un área altamente cambiante, quizás de las más antiguas del planeta.
Bajo Barro Colorado
Barro Colorado, la isla más grande del Canal de Panamá, surgió como cima montañosa aislada en 1914, cuando el río Chagres fue represado para crear lo que fue el lago Gatún. Sin embargo, hace 22 millones de años, era un bosque de manglares que, según parece evidenciar el hallazgo de la investigación, crecía a lo largo de la costa de la cadena volcánica del centro de Panamá, favorecida por las condiciones marino-costeras.
Para entonces, el país era una estrecha península unida a Norteamérica y separada de Sudamérica por la vía marítima centroamericana, durante una creciente actividad geológica. Un flujo de agua, lodo, cenizas y roca, preservaron al bosque, evitando la descomposición de su madera.
La revista online Palaeogeography, Palaeoclimatology, Palaeoecology se hizo eco del hallazgo con la publicación del artículo científico «Un bosque fósil de manglar del Mioceno temprano (Aquitania) enterrado por un lahar volcánico en la isla de Barro Colorado, Panamá» que documenta el descubrimiento de muestras de mangle fosilizado recolectadas durante la exploración geológica en el bosque de mangle sepultado.
Siguiendo mapas generados mediante sobrevuelos realizados para monitorear objetos mediante luz (sistema LiDAR), los investigadores localizaron y analizaron 121 fósiles atrapados en esta única capa de material volcánico. Estos fósiles de madera, excepcionalmente bien conservados, hoy conforman una gran base de muestras provistas por investigadores y guardaparques en nuevos registros en la zona.
La madera fosilizada de árboles gigantes (megaflora) sugiere un ecosistema costero prehistórico robusto y floreciente.
El análisis de las muestras de madera evidencia que el bosque de manglares fosilizado era más alto que los manglares actuales, un promedio de 25 metros, mientras que la madera de los mangles superaba la concentración de dióxido de carbono, con 500 partes por millón en volumen, comparados con el promedio de 400 de los manglares actuales.
Tesoro natural y barrera protectora
Hoy, los manglares siguen protegiendo nuestras costas, almacenando carbono y sosteniendo la biodiversidad. De aquí se desprende la urgencia de hacer frente a las amenazas latentes que acechan estos ecosistemas naturales.
Puerto Barú es un desarrollo portuario que podría poner en riesgo el 25% de los manglares de Panamá, la biodiversidad de un área protegida y el refugio de cientos de especies. Es una amenaza puntual cerniéndose sobre los manglares y nuestra supervivencia, de modo que es necesario actuar ya.
Hoy queremos invitarte a proteger de la misma naturaleza que nos ha protegido durante millones de años y formar parte de la defensa, firmando la petición para exigir la reubicación de Puerto Barú y defender los manglares antes de que sea demasiado tarde.
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