A sus 18 años inventó un semáforo que se adapta a la velocidad de cada peatón

A sus 18 años inventó un semáforo que se adapta a la velocidad de cada peatón

Jay Jung, estudiante de 18 años, inventó SmartBlink: un semáforo que adapta su tiempo según la velocidad real de cada peatón. Ganó el ISEF 2026 y lo inspiraron sus abuelos.
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A veces las mejores ideas nacen de los momentos más simples. Jay Jung, un estudiante de 18 años, estaba cruzando una calle con sus abuelos cuando notó algo que millones de personas experimentan cada día sin cuestionarlo: el semáforo cambió a rojo antes de que llegaran al otro lado. Ese momento aparentemente ordinario desencadenó una pregunta que este estudiante de secundaria convirtió en una invención premiada internacionalmente: ¿por qué la infraestructura pública diseñada para todos discrimina según la velocidad a la que caminas? Con SmartBlink, este estudiante de secundaria inventa sistema de semáforo adaptable a velocidad de peatones y gana el primer lugar en la competencia científica preuniversitaria más grande del mundo.

Estudiante de secundaria inventa sistema de semáforo

La pregunta que lo cambió todo

Jung asiste a un internado en Massachusetts, pero durante las vacaciones regresa a Daegu, una de las ciudades más grandes de Corea del Sur, donde vive con sus abuelos. Durante esas visitas, cada cruce peatonal se convertía en una carrera contra el reloj que sus abuelos no podían ganar.

«Siempre que salía con ellos, mis abuelos, no llegábamos ni a la mitad cuando el semáforo se ponía en rojo. Varios de esos momentos me hicieron preguntarme: ‘¿Es realmente aceptable que una infraestructura pública diseñada para todos en la ciudad discrimine según las diferencias humanas y las capacidades de cada persona?‘», contó Jung.

SmartBlink: cómo funciona el sistema

El resultado de ese trabajo se llama SmartBlink, un sistema de semáforo adaptable que ajusta el tiempo de cruce en función de la velocidad real a la que cada peatón atraviesa el paso de cebra — en lugar de operar con un tiempo fijo basado en una velocidad promedio teórica.

El problema con el sistema actual es concreto y documentado. Los semáforos convencionales asumen una velocidad promedio de caminata de 3,9 pies por segundo — pero, como Jung explica en su video de presentación, el 96% de los adultos mayores de 60 años y las personas con discapacidades de movilidad caminan más lento que esa velocidad estándar. Es decir, el sistema actual fue diseñado para un peatón promedio que no representa a una porción enorme de la población real.

Los componentes técnicos del sistema

SmartBlink combina software y hardware disponibles comercialmente en una solución que Jung diseñó para ser económicamente viable.

Estudiante de secundaria inventa sistema de semáforo

Esta relación costo-beneficio es un detalle crucial si el objetivo es implementarla a escala en ciudades reales, no solo en laboratorios. El sistema SmartBlink es capaz de:

  • Funcionar en condiciones de iluminación variables, lo que lo hace útil tanto de día como de noche.
  • Detectar dispositivos de asistencia como muletas y sillas de ruedas con una precisión de entre 90% y 95%.
  • Entregar alertas táctiles, visuales y de audio mediante una aplicación, para usuarios con distintas capacidades sensoriales.
  • Calcular en tiempo real cuánto tiempo necesita cada peatón para cruzar un tramo específico, ajustando la señal en consecuencia.

La arquitectura técnica combina múltiples algoritmos con un modelo de detección de objetos que mide la velocidad del peatón. Jung pasó horas en un cruce peatonal real capturando datos antes de comenzar a construir, ajustar e iterar. Es el tipo de metodología — observación de campo primero, diseño después — que muchos ingenieros experimentados tampoco practican con tanta disciplina.

El reconocimiento: primer lugar en el ISEF 2026

SmartBlink le valió a Jung el primer lugar en la categoría de Ciencias del Comportamiento y Sociales en el Regeneron International Science and Engineering Fair (ISEF) 2026, organizado por la Society for Science. No es un premio menor: el ISEF es la competencia científica preuniversitaria más grande del mundo, y este año reunió a más de 1.700 finalistas de 60 países en Phoenix, Arizona, compitiendo por una bolsa total de 7 millones de dólares en premios y reconocimientos.

Estudiante de secundaria inventa sistema de semáforo
Jung junto a sus abuelos.

Ganar en ese contexto, con un proyecto que no solo demuestra ingenio técnico sino también impacto social medible, dice mucho sobre la solidez de lo que Jung construyó.

Más allá del premio: la visión de largo plazo

Jung ya está pensando en los siguientes pasos. Está en contacto con legisladores y empresas tecnológicas con el objetivo de producir SmartBlink a escala y llevarlo a comunidades reales. No es un proyecto de feria científica que terminará archivado — es una tecnología con una hoja de ruta de implementación en mente. Su visión más amplia también merece atención. Aunque todavía no tiene claro exactamente qué quiere estudiar después de graduarse el próximo año, sabe que quiere seguir explorando cómo la tecnología puede garantizar que «los espacios que habitamos sean accesibles para todos«.

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Esa frase, dicha por un adolescente de 18 años que corre en el equipo de atletismo de su escuela y produce música hip-hop y pop en su tiempo libre, revela una madurez de pensamiento que no se aprende en ningún salón de clases.

La reacción de sus abuelos

Quizás el detalle más humano de toda la historia es la reacción de las personas que lo inspiraron. Cuando sus abuelos vieron lo que Jay había creado — y entendieron que lo había hecho por ellos — la respuesta no fue de asombro técnico sino de algo más profundo.

«Se emocionaron un poco porque no se habían dado cuenta de que yo estaba tomando nota de esos pequeños momentos», compartió Jung. «Y cuando vieron que lo hice por ellos, quedaron muy impresionados, y también les llegó al corazón que yo hubiera pensado tan profundamente en esos problemas y en esas experiencias cotidianas que habíamos vivido juntos.»

Esa es, quizás, la parte más poderosa de SmartBlink: no nació de una tesis académica sobre accesibilidad urbana ni de una convocatoria de innovación institucional. Nació de un nieto que prestó atención.

Una innovación que expone una deuda pendiente

La historia de Jay Jung y SmartBlink también ilumina algo incómodo sobre cómo se diseña la infraestructura urbana. Los semáforos peatonales llevan décadas funcionando con parámetros que excluyen sistemáticamente a adultos mayores, personas con movilidad reducida, niños pequeños y cualquier persona que, por la razón que sea, no camine a la velocidad que un manual técnico determinó como «promedio» hace décadas.

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Que haya sido necesario que un estudiante de 18 años lo señalara y propusiera una solución concreta dice algo que los diseñadores urbanos y los gobiernos locales deberían escuchar con atención.

Para reflexionar antes de cerrar

SmartBlink hace una pregunta simple con consecuencias enormes: ¿para quién fue diseñada realmente la infraestructura de tu ciudad? ¿Y cuántos otros sistemas — no solo semáforos — están calibrados para un ciudadano promedio que en realidad representa solo a una parte de la población?

FUENTE / IMÁGENES: Nice News.

Si esta historia te inspiró o te hizo pensar en alguien que lucha contra el tiempo cada vez que cruza una calle, compártela — y déjanos tu comentario. Porque a veces las revoluciones más necesarias empiezan en un cruce peatonal, con dos abuelos y un nieto que decidió prestar atención.

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