Hay proyectos escolares que quedan en una presentación. Y hay proyectos como Another Bounce, que terminan en los libros de los récords mundiales. El 19 de septiembre de 2026, en Reed Park, Santa Mónica, un grupo de jóvenes californianos demostró la diferencia: lograron un récord Guinness al reunir más de una tonelada de pelotas deportivas usadas para reciclaje, convirtiendo una observación cotidiana sobre el desperdicio en el tenis y el pickleball en un movimiento comunitario con reconocimiento internacional.

El origen: una cancha, demasiadas pelotas y una pregunta incómoda
Todo comenzó con algo que cualquiera podría haber pasado por alto. Uno de los integrantes del grupo notó cuántas pelotas de tenis y pickleball se desechaban cada semana durante sus clases. Pelotas que perdían presión, que ya no rebotaban lo suficiente, que terminaban en la basura sin ninguna alternativa real.
Esa observación se convirtió en el eje de un proyecto escolar de emprendimiento social dentro de Another Bounce, el programa juvenil de la organización Habits of Waste. Los jóvenes comenzaron por donde podían: instalando contenedores de recolección en canchas locales para ofrecer a jugadores y clubes una alternativa concreta a simplemente tirar sus pelotas usadas.
Lo que empezó con unos pocos contenedores en canchas del vecindario se convirtió, meses después, en un evento récord.

El día del récord: 22.000 pelotas y una marca histórica
La jornada del 19 de septiembre reunió a estudiantes, familias y miembros de la comunidad en Reed Park para el evento culminante de meses de trabajo y recolección. El resultado fue contundente: 1.213,32 kilogramos de pelotas deportivas concentradas en un solo evento, suficiente para establecer el récord Guinness de mayor peso de pelotas deportivas recogidas para reciclaje en 24 horas.

En total, cerca de 22.000 pelotas tuvieron un destino diferente al vertedero ese día. Un número que, traducido a imagen, dice más que cualquier estadística sobre la magnitud del problema que estos jóvenes decidieron atacar.
Qué pasa con las pelotas después: el papel de Ridwell
Recolectar no es suficiente si no existe un destino real para los materiales. Another Bounce entregó las pelotas a Ridwell, una empresa especializada en gestionar materiales que habitualmente no se aceptan en los programas convencionales de reciclaje doméstico. Las pelotas de tenis y pickleball están fabricadas con materiales compuestos —caucho, fieltro, plástico— que los sistemas de reciclaje municipales no están equipados para procesar. Ridwell se encarga de esa gestión especializada, permitiendo recuperar recursos para fabricar nuevas pelotas u otros productos, según el tipo de material. Es el eslabón que convierte la recolección comunitaria en un circuito de economía circular real, no en un gesto simbólico.
Más allá del evento: un modelo de cambio sistémico
Lo que distingue a Another Bounce de una simple campaña de recolección es su visión de largo plazo. La iniciativa no se conforma con organizar eventos puntuales: trabaja activamente para que el reciclaje de pelotas deportivas se convierta en una práctica normalizada dentro del ecosistema del deporte.

En esa línea, el programa promueve que los fabricantes incorporen programas de devolución y reciclaje para sus productos, trasladando parte de la responsabilidad ambiental hacia quienes producen los materiales. También impulsa que escuelas, clubes y parques establezcan puntos de recolección permanentes que faciliten la participación continua de sus comunidades, más allá de los eventos especiales.
Es la diferencia entre resolver un problema una vez y cambiar el sistema que lo genera.
Por qué este proyecto merece más atención de la que recibe
El tenis y el pickleball son deportes en pleno crecimiento en América Latina, incluido Panamá, donde la popularidad del pickleball en particular ha aumentado notablemente en los últimos años. Más jugadores significa más pelotas consumidas y más pelotas desechadas, en un contexto donde las soluciones de reciclaje para este tipo de material prácticamente no existen en la región.
El modelo de Another Bounce, contenedores en canchas más alianza con un gestor especializado, es replicable. No requiere tecnología sofisticada ni grandes presupuestos. Requiere observación, organización comunitaria y la voluntad de hacer algo con lo que todos ven pero pocos cuestionan.
Que ese modelo haya sido diseñado y ejecutado por estudiantes lo hace aún más valioso como referente para programas de emprendimiento social en escuelas de toda la región.
Cuando una pregunta escolar cambia una práctica global
Los jóvenes de Another Bounce empezaron preguntándose qué pasaba con las pelotas que nadie quería. Terminaron con un récord Guinness, 22.000 pelotas recicladas y un modelo que cualquier comunidad deportiva del mundo podría adoptar. Eso es emprendimiento social en su forma más pura: identificar un problema real, diseñar una solución accesible y demostrarlo con resultados medibles.
FUENTE / IMÁGENES: Habitsofwaste.
IMÁGENES ADICIONALES: Guinness.
¿Crees que iniciativas como Another Bounce deberían replicarse en clubes de tenis y pickleball de Panamá y Centroamérica? ¿Qué otros residuos deportivos crees que merecen este tipo de atención y organización comunitaria? ¿Estarías dispuesto a instalar un punto de recolección en tu cancha o club si existiera un programa similar en tu país?
Comparte este artículo y lleva esta idea a tu comunidad deportiva: el próximo récord podría romperse mucho más cerca de casa.

