Hay formas de hablar del medio ambiente que van más allá de los datos y los informes técnicos. En Panamá, una de las más poderosas es la décima — ese arte poético y musical que lleva siglos siendo vehículo de identidad, emoción y pensamiento crítico en el campo panameño. Y en el XXXIII Concurso Nacional de Décimas Ambientales del Ministerio de Educación, esa tradición volvió a demostrar que sigue viva, que evoluciona, y que las nuevas generaciones la están abrazando con una fuerza que da esperanza.

El lema de esta edición lo decía todo: “Nuestro poder, nuestro planeta”.
Brithany Guerra: la voz de Veraguas que se llevó el primer lugar
Con el sonido de la guitarra mejoranera y el violín como fondo, la estudiante Brithany Guerra, representante de la región educativa de Veraguas, conquistó el primer lugar con una décima que combinó identidad cultural y compromiso ambiental de manera magistral.
No es poca cosa: competir en un concurso nacional con 16 regiones educativas representadas y llevarse el reconocimiento máximo exige talento, preparación y un mensaje que resuene.
Y Brithany no desperdició el micrófono. Aprovechó su reconocimiento para lanzar un llamado directo a la población: evitar botar basura y conservar los árboles. Un mensaje sencillo, pero dicho con la fuerza de la décima y desde el escenario más visible que ha tenido en su vida académica.

Los otros ganadores que brillaron

El podio del XXXIII Concurso Nacional de Décimas Ambientales estuvo cargado de talento de distintos rincones del país:
- Segundo lugar: Raian Ruiz, región educativa de Panamá Norte
- Tercer lugar: Yaisbel Salcedo, región educativa de Coclé
- Mejor composición de décima: Daneris Chaqui, región educativa de la Comarca Emberá Wounaan
Este último reconocimiento merece una mención especial.
Que una estudiante de la Comarca Emberá Wounaan se destaque en composición de décima — una expresión cultural profundamente ligada a la tradición campesina e indígena panameña — habla de una riqueza cultural que a menudo pasa desapercibida en los grandes titulares y que eventos como este ayudan a visibilizar.
La décima ambiental: cuando la tradición y el activismo se fusionan
La décima es una forma poética de diez versos con una estructura métrica y de rima específica, profundamente arraigada en la cultura rural panameña y en muchos países latinoamericanos. En Panamá, es parte del alma del interior del país — se canta con guitarra mejoranera, violín y saloma, y forma parte de festividades, debates y expresiones de vida cotidiana desde la época colonial.

Lo que el Concurso Nacional de Décimas Ambientales ha logrado durante 33 ediciones es algo inteligente y poderoso: conectar esa tradición viva con los desafíos más urgentes de nuestro tiempo. El cambio climático, la deforestación, la contaminación de ríos, la pérdida de biodiversidad — todos esos temas encuentran en la décima un canal de comunicación que llega al corazón de formas que un informe técnico nunca podría.
El rol del Ministerio de Educación en este ecosistema cultural
La organización del concurso recae en la Dirección Nacional de Educación Ambiental, y su continuidad durante más de tres décadas habla de un compromiso institucional que vale reconocer. La ministra de Educación, Lucy Molinar, estuvo presente en la actividad y destacó la importancia de visibilizar el talento estudiantil y de brindar espacios que contribuyan al crecimiento personal, artístico y cultural de los jóvenes.

El director nacional de Educación Ambiental, Javier Hurtado, fue aún más explícito al expresar su orgullo por promover, a través del talento y la voz de los estudiantes, el cuidado de la naturaleza y la protección del planeta. También tuvo palabras de reconocimiento para los docentes: “Con dedicación y vocación, impulsan la creatividad de sus alumnos y fomentan la conciencia ambiental”, un recordatorio de que detrás de cada estudiante que sube a un escenario hay un maestro que creyó en él.
Una gira cultural por Los Santos: aprender antes de cantar
Una de las dimensiones más enriquecedoras de este concurso es que no empieza ni termina en el escenario. Como parte de las actividades previas, los estudiantes de las 16 regiones educativas participaron en una gira cultural y ambiental por la provincia de Los Santos — una de las regiones con mayor tradición folclórica de Panamá.
El recorrido incluyó visitas a una finca agroturística, un taller de arte precolombino, un trapiche “Rompe Pecho” y el Sendero Mariposa, entre otros sitios representativos.

Esa experiencia inmersiva tiene un valor pedagógico que no aparece en ningún libro de texto: los jóvenes no solo aprenden sobre la naturaleza y la cultura, sino que la viven, la sienten y, luego, la cantan.
Arte precolombino, trapiches y mariposas: la identidad como aula

Que un estudiante de Panamá Norte, de Veraguas o de la Comarca Emberá Wounaan visite un trapiche tradicional o un taller de arte precolombino no es un detalle turístico — es un acto de reconexión con raíces que el ritmo acelerado de la vida moderna tiende a diluir.
Cuando esa reconexión ocurre justo antes de componer una décima sobre el medio ambiente, el resultado es lo que vimos en el concurso: versos con alma, con historia y con propósito.
El jurado y la valoración del nivel artístico
Como integrante del jurado, Mara García Castillero destacó el alto nivel artístico demostrado por los participantes y su capacidad para utilizar la décima como expresión simultánea de identidad cultural y compromiso ambiental. Esa doble función — estética y cívica — es precisamente lo que hace de este concurso algo más que una competencia escolar. Los estudiantes no solo aprenden a rimar o a mantener la métrica.

Aprenden a pensar críticamente sobre su entorno, a articular ese pensamiento en forma poética y a defenderlo públicamente frente a un jurado y un público. Eso es educación integral en su expresión más genuina.
La décima como herramienta de futuro
Treinta y tres ediciones después de su primera convocatoria, el Concurso Nacional de Décimas Ambientales sigue siendo una de las apuestas más originales y valiosas del sistema educativo panameño. Une lo que somos con lo que necesitamos ser: un país que cuida su ambiente sin perder su identidad cultural, y que encuentra en su propia tradición las herramientas para enfrentar los retos del siglo XXI.
Brithany, Raian, Yaisbel, Daneris y todos los estudiantes que participaron este año no solo compitieron — nos recordaron que la conciencia ambiental también se canta.
FUENTE / IMÁGENES: Nota de prensa.
¿Crees que la décima es una herramienta poderosa para educar sobre el medio ambiente entre los jóvenes panameños? ¿Qué otras expresiones culturales del país podrían usarse para transmitir mensajes de conservación y sostenibilidad?
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