La región centroamericana busca transformar la forma en que hacemos ciencia. Con Panamá en el epicentro de una conversación que va mucho más allá de laboratorios y papers académicos, se busca abrir las puertas del conocimiento científico a quienes tradicionalmente han estado fuera de esa ecuación.

Este es el germen detrás del Simposio “Ciencia, tecnología e innovación (CTI) abierta e inclusiva: redefiniendo la producción y el intercambio de conocimiento para el desarrollo sostenible” que reunió en ciudad de Panamá a actores clave de ocho países con una misión clara: construir una política regional de CTI abierta e inclusiva en Centroamérica que realmente funcione para todos.
Un proyecto que nació para romper esquemas
Entre 2023 y hasta la fecha se viene gestando el Proyecto Regional: Política Centroamericana para la Ciencia, Tecnología e Innovación Abierta, el resultado de investigaciones profundas, talleres presenciales intensos y un diagnóstico honesto sobre dónde estamos parados en materia de CTI abierta y perspectiva de género en Belice, Costa Rica, El Salvador, Guatemala, Honduras, Nicaragua, Panamá y República Dominicana.
Comenzó con un estado del arte sobre buenas prácticas internacionales para convertirse en algo más concreto: un marco regional compuesto por cinco ejes de trabajo que van desde capacidades institucionales hasta cooperación regional. Es un mapa de ruta diseñado por y para la región.
Por qué la ciencia abierta ya no es opcional
El Dr. Eduardo Ortega-Barría, Secretario Nacional de Ciencia, Tecnología e Innovación (SENACYT) de Panamá, lo explicó con una claridad refrescante: “Representa un compromiso ético con nuestros ciudadanos. Implica abrir la generación de conocimiento de nuestros laboratorios, academias y centros de investigación a un diálogo genuino con las comunidades, los productores, la juventud, las mujeres y los sectores históricamente excluidos”.
Estamos hablando de transformar la ciencia desde una torre de marfil a una herramienta de transformación social real. Significa que una investigación sobre cambio climático no solo se queda en una revista especializada, sino que llega a los agricultores que necesitan adaptar sus cultivos o que los datos de salud pública estén disponibles para quienes diseñan políticas comunitarias.

El enfoque inclusivo que marca la diferencia
La perspectiva de género y la inclusión son columnas vertebrales del proyecto. Históricamente, las mujeres y ciertos sectores de la población han estado al margen de la producción científica en la región. Este marco regional busca invertir esa tendencia mediante mecanismos concretos de participación y acceso.
El desarrollo sostenible mediante ciencia abierta requiere que todos los cerebros estén en la mesa. No podemos permitirnos seguir desperdiciando talento por barreras estructurales que ya deberíamos haber derribado.
Los cinco pilares del cambio
El marco regional que emergió de este proceso se sostiene sobre ejes claramente definidos:
- Capacidades institucionales: Fortalecer las entidades de CTI para que puedan operar bajo principios de apertura y colaboración efectiva.
- Innovación abierta y transferencia tecnológica: Crear puentes reales entre la academia, el sector productivo y las necesidades del mercado. Que la investigación salga del papel y genere valor económico tangible.
- Inclusión y acceso abierto: Democratizar el conocimiento científico eliminando barreras de acceso a publicaciones, datos y recursos de investigación.
- Sustentabilidad y gestión ambiental: Orientar la producción científica hacia soluciones que respeten y protejan nuestros ecosistemas.
- Cooperación regional y redes colaborativas: Porque los desafíos no conocen fronteras nacionales, y nuestras soluciones tampoco deberían conocerlas.
De la teoría a la acción: el programa de formación
La etapa final del proyecto dio origen al Programa Regional “Formación en Ciencia, Tecnología e Innovación (CTI) Abierta e Inclusiva: Colaborar para transformar”, una apuesta estratégica para transformar mentalidades y desarrollar capacidades reales.
El Dr. Yen Caballero González, coordinador de la Unidad Ejecutora del proyecto, lo resume con precisión: “la importancia de una Política Regional de CTI abierta e inclusiva focaliza la atención en ver a la ciencia como un motor para la innovación y el crecimiento en sectores económicos estratégicos como la academia, el sector productivo, la sociedad civil y el Estado; creando redes de colaboración robustas que consoliden un ecosistema de innovación participativo centroamericano orientado a solventar los problemas que enfrenta la sociedad en su conjunto”.
Un ecosistema que funciona para todos
En este contexto, una startup en Guatemala puede acceder fácilmente a investigaciones de una universidad costarricense gracias al ecosistema consolidado. Igualmente, una comunidad rural en Honduras puede beneficiarse de innovaciones desarrolladas en Panamá. En síntesis, el intercambio de conocimiento científico regional fluye sin obstáculos burocráticos ni barreras económicas.
Eso es exactamente lo que este marco regional busca habilitar. No estamos hablando de compartir PDFs; estamos hablando de crear una red viva de colaboración que multiplique el impacto de cada inversión en investigación.
Quiénes están haciendo esto posible
El simposio reunió a un grupo diverso pero complementario: representantes gubernamentales, empresa privada, sociedad civil, academia y las autoridades de los órganos nacionales de ciencia y tecnología (ONCYT) de los países del Sistema de la Integración Centroamericana (SICA).
Esta diversidad no es accidental. Refleja la convicción de que la transformación de la CTI requiere que todos los actores estén alineados. El proyecto cuenta con la colaboración de SENACYT Panamá, la Fundación Ciudad del Saber, el Consejo Superior Universitario Centroamericano (CSUCA), SICA y la Comisión para el Desarrollo Científico y Tecnológico de Centroamérica, Panamá y República Dominicana (CTCAP), con el respaldo del Centro Internacional de Investigaciones para el Desarrollo de Canadá (IDRC).
El futuro que estamos construyendo
Lo fascinante de este proyecto es que ya no estamos en la fase de diagnóstico o de buenas intenciones. Estamos en la etapa de implementación. Las bases están puestas, el marco regional está diseñado y el programa de formación ya está en marcha.
El verdadero desafío ahora es la sostenibilidad. Que estos ejes de trabajo se traduzcan en políticas nacionales concretas. Que los presupuestos reflejen este compromiso con la ciencia abierta. Que las instituciones de educación superior integren estos principios en sus programas de investigación.

Pero si algo quedó claro en este simposio es que hay voluntad política, capacidad técnica y una visión compartida. Y eso, en el contexto centroamericano, ya es un logro considerable.
Una oportunidad irrepetible
Centroamérica tiene una oportunidad única de posicionarse como líder regional en ciencia abierta e inclusiva. No estamos copiando modelos; estamos construyendo uno propio, adaptado a nuestras realidades, desafíos y fortalezas.
La inversión en conocimiento solo tiene sentido si ese conocimiento circula, se aplica y transforma vidas. Este marco regional es la infraestructura que lo hará posible.
FUENTE / IMÁGENES: Nota de prensa.
¿Crees que tu país está listo para abrazar la ciencia abierta? ¿Qué barreras ves en tu contexto local que deberían abordarse primero? Comparte tu perspectiva en los comentarios y hagamos que esta conversación llegue a quienes toman decisiones. Si este tema te parece relevante, compártelo en tus redes. Cuantas más personas entiendan de qué va esto, más presión positiva habrá para que realmente suceda.



