Que una empresa decida invertir en educar a los niños sobre reciclaje no es una novedad. Que lo haga con alianzas sólidas, herramientas didácticas innovadoras y resultados medibles, eso sí marca la diferencia. Eso es exactamente lo que está pasando en Chiriquí con el programa de reciclaje escolar y educación ambiental en Chiriquí 2026, impulsado por Productos Nevada, Tetra Pak y Recimetal Panamá. La segunda fase acaba de arrancar, y las cifras ya hablan por sí solas.

De 8 a 12 escuelas: el crecimiento que lo dice todo
En 2025, la primera fase del programa trabajó con ocho centros educativos en los distritos de Bugaba y David. El resultado fue alentador: más de 1.400 libras de envases reciclables recuperados gracias al esfuerzo conjunto de estudiantes y docentes. No está mal para un arranque. Para 2026, el programa da un salto importante. Se incorporan cuatro nuevas escuelas en el Distrito de David, llevando el total a 12 centros educativos y alcanzando a cerca de 6.000 estudiantes.

La nueva meta de recolección es superar las 4.000 libras de envases, casi triplicando lo logrado el año anterior. Ese crecimiento no es casualidad. Es el resultado de una estrategia bien construida, con socios que entienden tanto el negocio como el impacto social.
Una alianza con propósito: Nevada, Tetra Pak y Recimetal
Detrás de este programa hay tres actores con roles muy claros. Productos Nevada, filial de Dos Pinos en Panamá, lidera la iniciativa como parte de su estrategia ASG (Ambiental, Social y Gobernanza). Es, además, la primera iniciativa de este tipo que Dos Pinos implementa fuera de su casa matriz en Costa Rica, lo que le da un peso simbólico especial.
Nestalí Geneteau, Gerente de Relaciones Institucionales de Productos Nevada, lo resume bien: “Creemos firmemente que la educación es la base para construir una sociedad más responsable con la preservación del medio ambiente.”

Tetra Pak, por su parte, no llega solo con intención. Llega con producto. Guillermo Pugliese, director de sostenibilidad de Tetra Pak para Centroamérica, el Caribe, Andina y México, explicó que la empresa entrega a las escuelas cuadernos fabricados con fibras recicladas de sus propios envases. Es economía circular en su versión más tangible: el envase sale, se recicla y vuelve al salón de clases convertido en cuaderno. El ciclo cierra dentro de la misma comunidad.
Recimetal Panamá completa el triángulo con su experiencia en gestión de materiales reciclables. Su Gerente General, Cindy Riascos, pone el foco donde corresponde: “Creemos firmemente que educar a los niños es invertir en el futuro. Ellos tienen una capacidad única de transmitir mensajes claros y coherentes, influyendo positivamente en sus familias y entorno.”

“Pocho Recicla”: cuando aprender es jugar
Una de las novedades más interesantes de esta segunda fase es la consola educativa “Pocho Recicla”, una herramienta interactiva diseñada para enseñar conceptos de reciclaje de manera didáctica y entretenida. En un mundo donde los niños aprenden mejor cuando el aprendizaje se siente como un juego, este tipo de recursos marca una diferencia real en el aula.
La consola busca que los estudiantes no solo escuchen hablar de reciclaje, sino que lo entiendan, lo interioricen y, lo más importante, lo practiquen. Porque de nada sirve una campaña ambiental que queda en un cartel en la pared.
¿Por qué importa la separación correcta?
Aquí vale la pena detenerse un momento. No todos los envases que se desechan terminan siendo reciclados, y muchas veces el problema no es la falta de voluntad sino la falta de información.
Los envases de Tetra Pak, por ejemplo, tienen una composición específica —cartón, aluminio y plástico— que requiere un proceso de separación adecuado para que puedan ser transformados en nuevos materiales.

Cuando ese proceso se hace bien, esos mismos envases pueden convertirse en techos, muebles o, como en este caso, cuadernos. La correcta separación en origen no es un detalle técnico menor: es el primer eslabón de toda la cadena de valor del reciclaje.
Capacitación docente y voluntariado: el motor humano del programa
El verdadero valor del programa no está solo en los números de recolección, sino en el capital humano que lo impulsa. En 2025 se capacitó a voluntarios para apoyar actividades en escuelas, y para 2026 se planea ampliar la formación a docentes, estudiantes y voluntarios.

La clave es la formación continua, ya que un docente capacitado puede multiplicar el impacto durante todo el año escolar. Para motivar la participación, el programa tiene un incentivo concreto: las tres escuelas que recolecten más materiales reciclables serán premiadas para el periodo escolar 2027. La competencia sana entre instituciones puede ser un motor poderoso, especialmente cuando los estudiantes sienten que su esfuerzo tiene un reconocimiento tangible.
El ODS como brújula: sostenibilidad con visión global
Este programa no opera en el vacío. Está alineado con los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) de la ONU, específicamente con tres pilares fundamentales: educación de calidad (ODS 4), producción y consumo responsables (ODS 12) y acción climática (ODS 13).
No es solo un dato para informes: conecta acciones locales con una agenda global. Cada envase recuperado suma a ese objetivo. El programa busca crecer —más etapas, más escuelas y expansión a otras provincias— y, si los resultados en Chiriquí se mantienen positivos, tiene alto potencial de escalar.
Reflexión final: ¿qué pasa cuando los niños lideran el cambio?
Hay algo poderoso en apostar por la educación ambiental desde las aulas. Los niños no solo aprenden: contagian. Llevan los hábitos a casa, cuestionan a sus padres, hablan con sus vecinos. Son, quizás, los agentes de cambio más eficientes que existen.
Este programa de reciclaje escolar y educación ambiental en Chiriquí demuestra que cuando empresas, instituciones y comunidades se alinean con un propósito claro, los resultados son reales y medibles.
FUENTE / IMÁGENES: Nota de prensa.
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