Panamá está haciendo su tarea ambiental con rigor, y eso merece atención. El Ministerio de Ambiente (MiAMBIENTE) llevó a cabo un taller participativo enfocado en la estimación del indicador ODS 15.3.1 sobre la degradación de tierras en Panamá, un paso técnico clave que define cómo el país reporta su desempeño ambiental ante las Naciones Unidas. Este evento sienta una base científica que sustenta decisiones de política territorial para los próximos años.

¿Qué es el ODS 15.3.1 y por qué importa tanto?
El indicador ODS 15.3.1 mide la proporción de tierras degradadas en relación con la superficie total de un país. Suena técnico, y lo es, pero su implicación es muy concreta: sirve para saber cuánto territorio nacional está perdiendo su capacidad productiva, ecológica o hidrológica.
Este dato es el corazón de la Neutralidad en la Degradación de la Tierra (NDT), un concepto que busca que la superficie de tierra productiva se mantenga estable o mejore. También es la métrica principal del Objetivo Estratégico 1 de la Convención de las Naciones Unidas de Lucha contra la Desertificación (CNULD), que orienta a los países hacia la restauración de ecosistemas afectados y la gestión sostenible del suelo. En pocas palabras: sin este número bien calculado, no hay política de tierras coherente.

El taller: cuatro días de trabajo técnico intensivo
La actividad reunió a aproximadamente 25 técnicos de MiAMBIENTE, tanto de las regionales como del nivel central. Ese mix fue intencional: integrar el conocimiento territorial desde las cuencas hidrográficas hasta los paisajes productivos garantiza que los datos reflejen la diversidad ecológica y social del país.
El proceso se desarrolló en cuatro jornadas estructuradas alrededor de desafíos metodológicos muy específicos:
Clasificación del territorio nacional
Los equipos trabajaron en definir criterios claros para identificar las áreas donde la tierra se deteriora o se recupera, basándose en los cambios en el uso del suelo. Este paso determina qué transforma el paisaje en degradación y qué cuenta como mejora, bajo parámetros comunes y transparentes.
Selección de mapas de productividad
Uno de los ejercicios más delicados fue elegir los mapas que mejor reflejan la productividad de la tierra en las distintas cuencas del país. No todos los datos cartográficos son iguales, y la selección correcta define la solidez del informe final.
Detección de inconsistencias
También se avanzó en la identificación de posibles incoherencias en la información: zonas que aparentan degradación sin estarlo, o viceversa. Depurar estos errores aumenta directamente la precisión de los resultados y la credibilidad del reporte internacional.
Verificación de estándares internacionales
Finalmente, el equipo verificó que los datos nacionales cumplan con los criterios de reporte exigidos por la plataforma PRAIS, el sistema oficial de Naciones Unidas para que los países reporten de manera estandarizada sus avances en degradación de tierras, sequía y restauración.
FAO como aliado técnico del proceso
El taller contó con el apoyo técnico de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), en el marco del Proyecto Piloto del Fondo para el Medio Ambiente Mundial (GEF-8).

El experto internacional César García acompañó todo el proceso metodológico junto al equipo nacional, lo que garantiza que la estimación no solo sea técnicamente sólida, sino también comparable con los estándares globales.
Este tipo de asistencia especializada es un activo que muchos países en desarrollo no siempre tienen a su disposición. Que Panamá lo esté aprovechando bien es una señal positiva.
La voz institucional: más que una obligación, una estrategia
Karima Lince, directora nacional de Seguridad Hídrica de MiAMBIENTE, fue directa al explicar el alcance del ejercicio. Como Estado Parte de la CNULD y país alineado con la Agenda 2030, Panamá reporta cada cuatro años sus resultados en materia de degradación de tierras y sequía.
Señaló que el reporte también toma como referencia el Pacto de Panamá con la Naturaleza (Nature Pledge), que orienta la acción integrada del país frente a las tres convenciones de Río: cambio climático, biodiversidad y degradación de tierras.

Desde esa perspectiva, el informe nacional deja de ser un formulario burocrático para convertirse en una herramienta de planificación territorial. Así lo explicó la directora:
«El reporte ante la Convención no es únicamente una obligación internacional. Es una herramienta estratégica para generar sinergias entre nuestras políticas ambientales, mejorar la gestión integrada de cuencas hidrográficas y asegurar que la acción frente al cambio climático, la biodiversidad y la degradación de tierras se implemente de manera coherente en el territorio.»
El valor de medir: datos que habilitan políticas reales
Hay una lógica poderosa detrás de este proceso que vale la pena subrayar. Los indicadores como el ODS 15.3.1 no son solo métricas de desempeño para reportar ante organismos internacionales. Son el lenguaje común que permite a los gobiernos detectar problemas, asignar recursos y coordinar entre ministerios con una base objetiva.

Cuando un técnico de una regional panameña trabaja junto a un especialista del nivel central para definir qué cuenta como degradación en una cuenca específica, está construyendo algo más que un dato: está construyendo coherencia institucional. Y eso, a largo plazo, es lo que hace que las políticas ambientales funcionen en el territorio.
El hecho de que este taller haya integrado conocimiento local con metodología internacional —con FAO como puente— coloca a Panamá en una posición técnica más sólida para sus próximos reportes y, sobre todo, para sus decisiones de gestión de tierras.
Lo que viene: el informe nacional ante la CNULD
Los resultados de este taller alimentarán el informe nacional que Panamá presentará a través de PRAIS, la plataforma de evaluación y desempeño de la CNULD. Este reporte consolida la base técnica del país y, según Lince, amplía las capacidades interinstitucionales para el monitoreo continuo de la degradación de tierras. Es decir, el valor no es solo el documento final: es el proceso mismo, que fortalece al equipo técnico nacional y establece criterios que podrán aplicarse de forma sostenida en el tiempo.

¿Cuánto sabemos realmente sobre nuestras tierras?
Panamá está dando pasos técnicos serios para responder una pregunta fundamental: ¿cuánto de su territorio está perdiendo vitalidad, y qué se puede hacer al respecto? La combinación de voluntad institucional, apoyo internacional y conocimiento territorial hace de este taller un modelo de cómo se construye buena política ambiental desde la base.
FUENTE / IMÁGENES: MiAMBIENTE.
¿Crees que iniciativas como esta logran traducirse en acciones concretas de restauración en el territorio? ¿Qué papel debería jugar la ciudadanía en el monitoreo de la degradación de tierras en sus propias comunidades?
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