Hay algo poético en que la primera vez que Estados Unidos cubra un canal con paneles solares en tierras que los pueblos indígenas han irrigado durante milenios. El proyecto piloto en el Canal Casa Blanca, en Arizona, no es solo un hito tecnológico — es una convergencia de historia, justicia energética e innovación que podría redefinir cómo el país piensa su infraestructura hídrica y su transición hacia las energías limpias.

Y lo mejor: es solo el comienzo.
Un canal, dos problemas resueltos al mismo tiempo
La lógica detrás de los canales solares es elegante en su simplicidad. Miles de kilómetros de canales de riego cruzan Estados Unidos de costa a costa, expuestos al sol durante todo el día sin que esa energía se aproveche para nada. Al mismo tiempo, esos mismos canales pierden enormes volúmenes de agua por evaporación, especialmente en zonas áridas como el suroeste americano. Cubrir los canales con paneles solares ataca ambos problemas de golpe.
El ingeniero Ben Lepley, quien desarrolló prototipos para este diseño inspirándose en un proyecto similar en India, lo explicó con claridad: “Los canales solares permiten generar más energía por unidad de superficie, mantener el agua más limpia, reducir las pérdidas en la transmisión eléctrica y disminuir significativamente la evaporación.”

Más energía por metro cuadrado, agua más limpia, menos pérdidas en la transmisión eléctrica y una reducción significativa de la evaporación. Es difícil encontrar un argumento en contra cuando los beneficios se apilan así.
El Canal Casa Blanca y la Comunidad Indígena Gila River
El proyecto piloto se ubica al sur de Phoenix, sobre el Canal Casa Blanca, parte de una red hídrica que pertenece a la Comunidad Indígena Gila River — un territorio donde los pueblos Pima y Maricopa han cultivado y gestionado el agua durante siglos, mucho antes de que el concepto de “infraestructura verde” existiera en ningún manual de ingeniería. La primera fase cubre media milla del canal y está proyectada para conectarse a la red de distribución eléctrica a finales del verano.

Los números que respaldan el proyecto son contundentes: se estima que la iniciativa aumentará la generación solar en un 1,9%, equivalente a 2,3 millones de dólares anuales en ahorro energético. Lepley sintetizó el impacto con una frase que merece quedarse:
“Hemos trasladado esos ahorros a los usuarios del servicio eléctrico y evitado que una enorme cantidad de CO₂ contribuya al calentamiento de la atmósfera, todo ello sin tener que arrasar con maquinaria pesada extensas zonas del desierto de Sonora.”
Sin arrasar el desierto de Sonora. Sin sacrificar ecosistemas frágiles. Sin el debate habitual sobre el uso del suelo que suele frenar los proyectos de energía renovable a gran escala. Eso es innovación inteligente.
De media milla a 15 kilómetros más
Si el piloto confirma las proyecciones, el plan contempla extender la cobertura solar a otros 15,5 millas adicionales del mismo canal. Y más allá de Arizona, el modelo tiene potencial para replicarse en los miles de kilómetros de canales que cruzan el país — desde los sistemas de riego del Valle Central de California hasta las redes hídricas del Medio Oeste.
California ya se adelantó: el Proyecto Nexxus
Arizona no es la única que apuesta por esta idea. En California, el Proyecto Nexxus ya está en marcha como una demostración piloto financiada por el estado, inspirada en un estudio de 2021 de la Universidad de California en Merced que demostró los múltiples beneficios — hídricos, energéticos y económicos — de cubrir el sistema de acueductos expuestos del estado con paneles solares.

La firma asesora Solar Aquagrid, responsable del proyecto, prevé su finalización en 2025. Si ambas iniciativas avanzan según lo planeado, Estados Unidos podría tener en pocos años dos modelos funcionales de canal solar operando en condiciones reales — datos suficientes para escalar la tecnología con confianza.
El desafío real: vacas, autos y sofás en el canal
No todo es poesía técnica. Construir sobre infraestructura hídrica activa implica resolver problemas muy concretos — algunos más pintorescos que otros. Lepley fue completamente honesto al respecto:
“De alguna manera, vacas, automóviles y hasta sofás siempre terminan en el canal.”

El acceso de emergencia y el mantenimiento son requisitos no negociables. El personal necesita poder entrar y salir del canal rápidamente, y extraer objetos voluminosos sin que la estructura de los paneles lo impida. Esos requerimientos de construcción encarecen significativamente el proyecto: el costo es aproximadamente el doble que el de la energía solar instalada en tierra.
¿Vale la pena pagar el doble?
Para Lepley y quienes impulsan esta tecnología, la respuesta es un sí rotundo. El costo adicional se justifica cuando se suman todos los beneficios: generación energética sobre suelo que ya está en uso, reducción de la evaporación en cuencas hídricas bajo estrés climático, mejora en la calidad del agua al reducir el crecimiento de algas, y ahorro en transmisión eléctrica al ubicar la generación cerca de los centros de consumo.
En un contexto donde el agua escasea en el suroeste de Estados Unidos y los estados compiten por cada gota del río Colorado, reducir la evaporación de los canales no es un beneficio secundario — es una necesidad estratégica.

El modelo que el mundo ya probó antes
India fue pionera en este concepto. El estado de Gujarat construyó hace más de una década los primeros tramos de canales cubiertos con paneles solares, y los resultados fueron lo suficientemente positivos como para inspirar a ingenieros como Lepley a adaptar el modelo al contexto norteamericano.
La diferencia clave en el caso de Arizona es el componente de justicia energética: que el primer proyecto de este tipo en EE.UU. beneficie directamente a comunidades indígenas con una relación histórica profunda con esos mismos canales añade una dimensión que va mucho más allá de la ingeniería.
El futuro energético puede fluir por los canales
El canal solar de Arizona es pequeño todavía — media milla no cambia el balance energético de un país. Pero los pilotos no se miden por su tamaño inicial, sino por lo que demuestran y lo que habilitan. Si este proyecto funciona como se proyecta, abre la puerta a una reconfiguración inteligente de infraestructura que ya existe, sin necesitar terrenos nuevos ni generar nuevos impactos ambientales.
La pregunta que vale hacerse es esta: ¿cuánta energía limpia estamos dejando pasar literalmente por encima de nuestra cabeza — y nuestros canales — mientras buscamos soluciones en otros lugares? Y más profundo aún: ¿qué otros sistemas de infraestructura cotidiana podrían convertirse en generadores de energía renovable si los miramos con otros ojos?
FUENTE / IMÁGENES: Nice News.
¿Conocías este tipo de proyectos? ¿Crees que deberían replicarse en América Latina, donde los sistemas de riego y los canales también son parte central del paisaje agrícola? Déjanos tu opinión en los comentarios y comparte este artículo con alguien que piense que la innovación siempre necesita un terreno vacío para crecer.



