Hay momentos en los que un país deja de ser solo un punto en el mapa y se convierte en una propuesta concreta, con nombre, apellido y agenda de negocios. Hoy, con Panamá en el MAFIZ Festival de Málaga 2026, se vislumbra un futuro promisorio para el país como la más atractiva locación de scouting para la producción audiovisual en la región. Esta no es una cortesía protocolaria, sino la respuesta natural a los muchos años construyendo una industria con criterio, talento y visión estratégica.
Una jugada de ajedrez industrial
A partir del 9 de marzo, la delegación panameña aterriza en la Costa del Sol con una misión que va mucho más allá de exhibir películas bonitas. La Viceministra de Cultura, Arianne Benedetti, encabeza una comitiva con un objetivo doble: mostrar lo que el cine panameño ya produce y, al mismo tiempo, atraer inversión internacional hacia el país.
El momento más simbólico llegará con la entrega de la Biznaga de Honor, que Benedetti recibirá de manos del alcalde de Málaga, Francisco de la Torre. Un gesto que no es solo fotogénico: representa la formalización de una alianza cultural entre dos países que comparten idioma, pasión por el audiovisual y un apetito enorme por las coproducciones.
Lo interesante aquí es el contexto. El Festival de Málaga es uno de los escaparates más influyentes del circuito hispanohablante. Estar como invitado de honor no es ocupar un asiento en la mesa; es presidirla.
La estrategia de seducción: incentivos, logística y propuesta de valor
Panamá no llega con las manos vacías ni con discursos vagos. El corazón técnico de la participación son dos paneles diseñados con un propósito muy claro: “Coproduce con nosotros” y “Somos Hub de Producción”. La narrativa consiste en, básicamente, una propuesta que ya tiene números concretos sobre la mesa:
- Incentivos fiscales competitivos para producciones extranjeras que rueden en territorio panameño.
- Ventajas logísticas reales para rodajes de gran escala, desde locaciones diversas hasta infraestructura técnica en crecimiento.
- Una posición geográfica que, literalmente, conecta dos océanos y sirve como puerta entre Norte y Sudamérica.
Para un productor internacional buscando una base de operaciones en la región, este combo no es menor. Panamá está construyendo argumentos sólidos para dejar de ser un destino de paso y convertirse en un destino de producción.
El talento en acción: de proyectos en desarrollo a obras terminadas
Una de las cosas que hace especialmente interesante esta participación es su amplitud. Panamá no solo llega con títulos terminados listos para distribución; llega con proyectos en todas las fases del ciclo creativo. Eso es lo que hace a un mercado realmente seductor para los co-productores.
1. Proyectos y coproducción en MAFF
En la sección MAFF destacan dos proyectos que ya generan conversación: El Legado de Reina, de Tatiana Salamín, y Menarquia, dirigida por Jairo Ramos. Ambos representan voces autorales panameñas que están buscando socios para crecer.
2. Work in Progress: los que ya tienen forma
El segmento Work in Progress es donde se cocina el futuro inmediato de la industria. Aquí aparecen documentales como Cuscú (Risseth Yangüez) y Puro R.A.P. (Ángel Corro), junto al largometraje de ficción La Residencia, de Mariel García Spooner. Todos buscan algo concreto en Málaga: socios finales para completar sus proyectos.
3. Talento emergente: el relevo ya está aquí
Quizás una de las señales más optimistas de toda la delegación es la presencia de talento joven. Las productoras Xochil Vergara y Amine Ayoub (Wami Lab) y Ana Laura Samaniego (en el programa Málaga Talent) representan una generación que ya no está esperando permiso para hacer cine. A ellas se suma Sara Martínez, que compite con el cortometraje Como cantan las aves, una propuesta llena de sensibilidad.
Latin American Focus: los títulos más esperados del año
La sección Latin American Focus, organizada en colaboración con DICINE y la Fundación Hoja de Bijao, pondrá en pantalla tres de los títulos panameños más anticipados del 2025.
- “Papeles”, de Arturo Montenegro.
- “Espina”, de Daniel Poler.
- “Querido Trópico”, de Ana Endara.
Tres propuestas que, más allá de su valor artístico individual, funcionan como embajadores de una forma de narrar muy propia: enraizada en lo local, pero con vocación universal.
MAFIZ Specials: la diversidad como argumento
Si hay algo que define a la industria panameña en este momento, es su amplitud temática y de género. Los MAFIZ Specials lo confirman con una curaduría que va desde el thriller hasta el documental histórico, sin escala en lo aburrido:
- “Cautiverio” (Omar Calvo) aporta la tensión del thriller.
- “Belisario, Arquitecto de una nación” (Fernando Aramburú Porras) y “Soñar el Jazz” (Luis Romero) anclan la memoria cultural del país.
- “Chichero”, una codirección de Aaron Bronley y Arturo Montenegro, suma una voz colectiva al catálogo.
- Y el consagrado Abner Benaim cierra con “Paraíso Tropical”, un título que en sí mismo suena a promesa.
Esta variedad no es casualidad; es evidencia de que el ecosistema creativo panameño tiene profundidad real, no solo una o dos figuras brillantes rodeadas de vacío.
El cine como motor económico: la visión que cambia todo
Esta participación histórica en Málaga es, al tiempo que una celebración del arte, una declaración pública de que Panamá está apostando por el cine como motor económico de desarrollo. No como hobby cultural ni como gasto en imagen país, sino como industria con retorno.
Eso implica una madurez institucional que no todos los países de la región han alcanzado. Significa que hay políticas de incentivos, que hay voluntad política para sostenerlas y que hay una comunidad creativa lo suficientemente organizada como para proyectarlas al mundo en un festival de esta envergadura.
El Festival de Málaga es la vitrina perfecta para lanzar ese mensaje. Y Panamá llegó con el discurso bien preparado.
Es el comienzo de algo más grande?
Lo que está pasando en Málaga con Panamá es emocionante por lo que representa hoy, pero más todavía por lo que anuncia para mañana. Una industria que se presenta así ante el mundo, con proyectos en todas las fases, talento emergente, directores consagrados y una propuesta de negocios clara, no está de paso. Está construyendo algo.
La pregunta que queda flotando es genuinamente interesante: ¿Está Panamá a punto de convertirse en el próximo gran polo de producción audiovisual latinoamericano? ¿Qué le falta para dar ese salto definitivo? ¿Y cuál de todos estos proyectos crees que tiene más potencial para conectar con audiencias internacionales?
FUENTE / IMÁGENES: Panorama Económico.
IMÁGENES ADICIONALES: MAFIZ Málaga.
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