Por más de tres décadas, Sally Becker ha rescatado a cientos de niños de zonas de guerra, como Bosnia, Kosovo, Afganistán, Ucrania y Gaza.
Sally Becker es una trabajadora humanitaria que dedicó su vida a rescatar niños de zonas de guerra desde 1993 afrontando peligros constantes y situaciones extremas, como aquella vez en Albania, durante el conflicto de Kosovo, año 1998, cuando recibió un disparo que casi la deja sin pierna.
El presidente albanés organizó el traslado de Sally Becker, conocida por su trabajo en Bosnia, a un hospital de la capital, Tirana. Pero ella no se iría, ni siquiera cuando su herida se infectó, a menos que también rescataran a los niños.
“No fue por altruismo. ¿Cómo podía irme? Las madres habrían perdido la esperanza y algunos niños estaban en peores situaciones que yo. Necesitaban cirugías. Había una niña que se estaba quedando ciega y si no la operaban pronto, sería demasiado tarde. No sabía que tendría que esperar un par de meses, pero quería hacer lo correcto por ellos”.
dice Becker.
La labor de tres décadas de Becker en favor de cientos de niños refugiados de guerra está documentada en su biografía Donde los ángeles temen pisar (Where Angels Fear to Tread), una visión poco común de la vida en el frente mientras la guerra continúa haciendo estragos en todo el mundo.
En la actualidad, casi uno de cada cinco niños vive en áreas marcadas por conflictos, y más de 473 millones padecen los niveles de violencia más graves registrados desde la Segunda Guerra Mundial.
Ante esta realidad, el trabajo de Becker sigue siendo esencial como fundador y director ejecutivo de la organización benéfica Save a Child, dedicada a asistir a menores heridos en zonas de guerra como Ucrania, Afganistán y Gaza.
La indispensable labor de Becker adquirió una nueva dimensión cuando se convirtió en madre. Aquello le hizo entender la enorme confianza que los padres depositaban en ella al entregarle a sus hijos, creyendo que los protegería y no los dejaría bajo el fuego.
Billie
Antes de cada misión, Becker escribía una carta para su hija Billie —hoy de 25 años— y para su propia madre, y las guardaba en un cajón. Como madre soltera y voluntaria que se sostenía dando charlas y vendiendo sus obras, temía qué sería de Billie, aún tan pequeña, si a ella le pasaba algo.
En su biografía, Becker relata que mientras se escondía de una incursión armada de militantes del ISIS en Mosul, recibió inesperadamente un mensaje SMS de su hija Billie que decía “¡MAMÁ, AYUDA!” e incluía la foto de una araña atrapada bajo un vaso. Aunque no debía usar el teléfono, Becker le explicó cómo sacarla, todo mientras trataba de permanecer en silencio y mantener la calma en medio del peligro.
Un diagnóstico de cáncer de mama en 2013 enfrentó a Becker al temor de no estar presente para su hija Billie. Y es que era muy distinto morir en una zona de guerra por una causa noble. Con todo, a base de fe y dedicación, consiguió superar el cáncer, y aunque perdió fuerza en un brazo debido a la cirugía su trabajo siguió. Estas anécdotas aderezan los pasajes de su biografía, en la que vierte sus experiencias consciente de que quienes las sufren en sus carnes se ven forzadas a callar lo que han vivido.
Cicatrices de guerra
La guerra no ha sido el único adversario que Becker ha enfrentado, sino también la impotencia ante la burocracia, especialmente dentro de estamentos cuyas acciones podrían salvar vidas.
Aunque en 1993 colaboró con Naciones Unidas en la Operación Ángel —que logró llevar ayuda médica a Bosnia y evacuar a casi un centenar de niños heridos y sus familias—, la relación terminó deteriorándose. Becker lamenta que la falta de coordinación impidiera lograr mucho más.
Pese a esto, sigue reconociendo la labor de los “increíbles” trabajadores humanitarios que arriesgan sus vidas a diario, personas que duermen y comen allí, que han convertido esta gesta en su elección de vida.
Pero el trabajo es mucho. Becker continúa convocando a más profesionales de la salud a unirse para atender a menores afectados en Gaza, Afganistán, Ucrania y otras zonas de guerra. Save a Child opera con una red global de especialistas pediátricos y personal sanitario que brinda apoyo y asesoría médica para salvar vidas.
“Hacen falta especialistas. Hemos logrado ayudar a miles de niños en Afganistán desde 2021, pero no tenemos suficientes especialistas en neonatología, por lo que recae en tres o cuatro personas, que intentan realizar su trabajo habitual en hospitales normales”.
enfatiza Becker.
Becker ayudó a evacuar a 240 mujeres y niños mediante el programa británico “Hogares para Ucrania”, aunque el proceso se vio afectado por demoras y trámites burocráticos. Propone facilitar que menores de zonas de guerra puedan recibir tratamiento privado en el Reino Unido con fondos de donantes, ya que nunca ha recibido apoyo estatal.
En 2024, junto a Project Pure Hope, se recaudó un millón de libras para financiar atención médica para niños de Gaza gravemente heridos o con cáncer. Aunque el gobierno ha sido poco receptivo, Becker confía en que algunos casos avanzarán sin generar impacto negativo en el NHS ni en solicitudes de asilo.
Corazones agradecidos
Hoy, Becker sigue en contacto con varios de los niños que rescató. La heroica madre regresa a las zonas de conflicto por los niños. Rememora su primera misión, cuando logró evacuar a cinco menores heridos de Mostar, entre ellos Selma Handzar y su hermano Mirza. Ambos habían sufrido graves lesiones luego de que Selma, de 10 años, propusiera salir a escondidas a tomar algo de sol tras semanas refugiados en casa para escapar de los bombardeos.
A Selma tuvieron que amputarle un brazo y a Mirza parte de un pie, pero en el hospital solo había anestesia suficiente para uno. Selma pidió que se la administraran a su hermano y soportó el dolor mordiendo un osito de peluche. La familia recibió asilo en Estados Unidos, donde Selma más tarde se graduó en Psicología en la Universidad Pace de Nueva York.
En noviembre de 2009 invitó a Sally a su boda en Nueva York; era la primera vez que se reencontraban desde la evacuación 16 años atrás, un momento inolvidable.
“Realmente no sé a quién salvé. Algunos podrían haber sobrevivido de todos modos. Otros podrían haber encontrado otra salida. No sé qué pasó con todos ellos porque son demasiados, pero para los pocos que conozco, ha sido una de las mejores experiencias de mi vida verlos dónde están ahora. La mayoría de los niños eran personas extraordinarias que luego se convirtieron en adultos extraordinarios”.
puntualiza Becker con humildad.
FUENTE / IMÁGENES: BIGISSUE.

