Pocas noticias de vida silvestre generan tanto optimismo como ver que una especie emblemática recupera terreno. Nepal acaba de confirmarlo con datos oficiales: La población de tigres en Nepal ha aumentado un 20 por ciento en los últimos cuatro años, llegando a una cifra estimada de 429 individuos.

Es un logro que merece reconocimiento, pero que también exige una mirada honesta a lo que ocurre cuando los tigres y los humanos comparten cada vez más espacio.
De 121 a 429 tigres: una historia de recuperación que pocos esperaban
Los números hablan por sí solos, pero el contexto los hace aún más impresionantes. En 2009, Nepal contaba con apenas 121 tigres. Para 2022, ese número había subido a 355, convirtiendo al país en la primera nación del mundo en cumplir —antes de plazo— el compromiso asumido en 2010 junto a otros 12 países de duplicar la población de tigres salvajes.
El último censo nacional, realizado entre diciembre y julio y anunciado para coincidir con el Día Internacional del Tigre, encontró que esa tendencia no solo se mantiene, sino que se acelera. La cifra actual de 429 ejemplares representa un crecimiento anual sostenido del 5%.
“El análisis de datos muestra que la población de tigres ha aumentado un cinco por ciento cada año, y estamos contentos de ver esta tendencia creciente”, declaró Bed Kumar Dhakal.
Cómo se cuenta un tigre
El proceso detrás de este censo no es sencillo. Más de 3.600 cámaras con sensor de movimiento fueron desplegadas en cinco áreas protegidas, cubriendo más de 7.300 kilómetros cuadrados de las llanuras del sur del país.
Los expertos analizaron miles de imágenes para identificar a cada tigre individualmente por sus patrones únicos de rayas, un método tan preciso como un sistema de huellas dactilares. Es tecnología al servicio de la biodiversidad, y funciona.

El secreto del éxito: proteger el hábitat antes que todo
Cuando se les pregunta a los especialistas por qué Nepal logró lo que otros países no han conseguido, la respuesta es consistente. “La razón detrás del aumento en el número de tigres es que pudimos mantener su hábitat seguro”, explicó Hari Bhadra Acharya.

En un contexto global donde la deforestación, la pérdida de hábitat y la caza furtiva han sido los principales factores detrás del colapso de las poblaciones de tigres en Asia, Nepal eligió apostar por la protección territorial de forma sistemática. Y los resultados lo avalan.
A principios del siglo XX había más de 100.000 tigres en estado salvaje. Para 2010, ese número había caído a apenas 3.200 en todo el planeta. La recuperación que está viviendo Nepal no es casualidad: es el resultado de décadas de política de conservación sostenida y del papel activo de las comunidades locales como custodias del territorio.
La otra cara del éxito: cuando el tigre llega demasiado cerca
Aquí es donde la historia se vuelve más compleja, y más humana.
El crecimiento de la población de tigres ha traído consigo un aumento inevitable en los encuentros con personas. Los datos del gobierno registran al menos 38 personas muertas en ataques de tigres entre 2019 y 2023. En el distrito de Bardiya, que alberga 112 tigres hoy frente a solo 18 en 2009, la tensión entre comunidades y vida silvestre es palpable.
“Las comunidades locales jugaron un papel crucial en el aumento del número de tigres, pero el gobierno y las organizaciones no están tomando medidas cuando los tigres atacan a esas mismas comunidades”, denunció Nischal Neupane.
Es una contradicción difícil de ignorar: las mismas personas que durante años protegieron el hábitat felino son hoy quienes asumen los costos más directos del éxito conservacionista. Que sus vidas y medios de subsistencia no estén en el centro de las políticas de gestión no es un detalle menor: es una deuda pendiente.

Coexistencia: la siguiente frontera de la conservación
Desde WWF Nepal, su director nacional, Ghana Shyam Gurung, lo resume con precisión: los avances en conservación deben ir acompañados de esfuerzos para garantizar que “las personas y la vida silvestre puedan prosperar juntas”.
“Invirtiendo en programas efectivos de coexistencia, Nepal puede continuar ofreciendo un modelo poderoso para otros países donde el tigre tiene presencia”, señaló.

Esa idea de coexistencia no es un ideal abstracto. Implica sistemas de compensación ágiles para familias afectadas por ataques, corredores de fauna que reduzcan el contacto con zonas habitadas, educación comunitaria y, sobre todo, decisiones políticas que reconozcan que la conservación no puede sostenerse a largo plazo si las comunidades más cercanas a los tigres la perciben como una amenaza para su seguridad.
Nepal como modelo: lecciones para el resto de Asia (y el mundo)
Lo que ha logrado Nepal en materia de conservación de tigres es extraordinario por razones que van más allá de las cifras. Demostró que la recuperación de grandes felinos en zonas densamente pobladas es posible cuando hay voluntad política, participación comunitaria y recursos dirigidos al hábitat.
Países como Camboya, que actualmente explora la reintroducción de tigres, miran a Nepal como referencia. Y con razón: hay pocas historias de conservación tan documentadas, medibles y replicables como esta en el contexto asiático.
Pero el capítulo más importante de esa historia todavía está por escribirse. Depende de cómo Nepal resuelva la ecuación del conflicto humano-fauna. Si logra hacerlo, no solo habrá salvado al tigre: habrá diseñado el modelo de coexistencia que el siglo XXI necesita con urgencia.

Conservar no es solo contar animales
El aumento de la población de tigres en Nepal es una noticia que merece celebrarse. Pero celebrarla de forma completa implica reconocer que detrás de cada tigre recuperado hay comunidades que asumen riesgos reales y que merecen respuestas concretas, no solo reconocimiento simbólico.
¿Crees que los programas de conservación deberían garantizar compensaciones inmediatas para las familias afectadas por ataques de fauna salvaje? ¿Es posible construir una coexistencia real entre tigres y comunidades rurales, o siempre habrá un precio humano que pagar? ¿Qué lecciones podría aplicar Centroamérica o Panamá de la experiencia nepalesa en gestión de fauna silvestre?
Comparte tu opinión en los comentarios y difunde esta historia: la conservación necesita más debates públicos, no menos.



