Panamá tiene un Gehry…¿Sabe lo que tiene?

Panamá tiene un Gehry…¿Sabe lo que tiene?

Panamá tiene un Gehry: el Biomuseo. La pregunta que el país debe hacerse: ¿podría convertirse en ícono global como el Guggenheim de Bilbao?
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En 2025, Panamá recibió más de tres millones de visitantes internacionales. Ese mismo año, un solo museo en una ciudad del norte de España recibió 1,305,003 personas. No es un museo cualquiera: es el Guggenheim Bilbao, obra de Frank Gehry, que hace casi tres décadas transformó una ciudad industrial en decadencia en uno de los destinos culturales más visitados de Europa. Las cifras no son directamente comparables, pero la pregunta que generan sí lo es: ¿qué podría ocurrir si Panamá creyera con la misma fuerza en uno de sus grandes íconos contemporáneos? Porque el Biomuseo de Panamá es también una obra de Frank Gehry, está frente al mar en Amador, y el mundo todavía no lo sabe tan bien como debería.

Biomuseo de Panamá

La comparación entre el Biomuseo de Panamá y el Guggenheim Bilbao no es un ejercicio académico: es una invitación a imaginar qué puede hacer un país cuando decide creer en lo que tiene.

Bilbao: arquitectura y turismo

El “efecto Bilbao” es uno de los fenómenos más estudiados en la intersección entre arquitectura, cultura y desarrollo económico. En sus primeros tres años, el 83% de quienes llegaron al Guggenheim Bilbao había viajado expresamente para conocerlo. Hoy, el 69% de sus visitantes anuales proviene del extranjero.

Detrás de esas estadísticas hay algo profundamente humano: viajamos también para emocionarnos. Para ver con nuestros propios ojos lo que habíamos soñado conocer. Una obra de arquitectura extraordinaria puede convertirse en esa razón de viaje cuando una ciudad decide creer en ella y compartirla con el mundo.

Los números económicos confirman la apuesta: en 2025, la actividad asociada al Guggenheim generó 782.3 millones de euros de demanda económica, aportó 676.7 millones al PIB vasco y contribuyó al mantenimiento de 14,319 empleos. No se pueden trasladar esas cifras automáticamente a Panamá, ni ignorar que el efecto Bilbao fue parte de una transformación urbana mucho mayor. Pero la lección esencial sí viaja: cuando una ciudad cree en aquello que la hace única y sabe compartirlo con el mundo, la cultura también puede convertirse en prosperidad.

Biomuseo de Panamá

El Biomuseo: lo que Panamá ya tiene y aún no termina de ver

El Biomuseo, ubicado en la Calzada de Amador, es la única obra de Frank Gehry construida en América Latina.

Biomuseo de Panamá

Sus formas y colores que rompen con el horizonte panameño no son solo una declaración arquitectónica: son también la historia de un istmo que conectó dos océanos y dos continentes, contada a través de uno de los arquitectos más influyentes del siglo XX.

Pero tener un Gehry no es lo mismo que creer en él. Y creer en él no es lo mismo que hacerlo parte de la identidad que Panamá proyecta al mundo. Esa es la brecha que Victoria “Vic” Murillo lleva años intentando cerrar.

Victoria Murillo y los 100 días que podrían cambiar la conversación

Arquitecta y fotógrafa, Murillo ha dedicado años a documentar y compartir el valor del Biomuseo. Su iniciativa “100 días, 100 espacios de conexión” lleva ese mensaje a donde puede encontrar receptividad: universidades y centros educativos, organizaciones de arquitectura, fotografía y cultura, clubes cívicos, cámaras de comercio. Lo ha hecho en Panamá, en Europa y en Norteamérica. Su propósito es, al mismo tiempo, sencillo y enorme: hacer que más personas crean en una posibilidad para Panamá.

Uno de los espacios de esa gira fue APEDE, donde presentó su visión ante las comisiones de Turismo; Urbanismo, Transporte y Movilidad; y Educación y Actualización Ejecutiva. Tres sectores distintos alrededor de una misma idea: que ningún ícono se construye solamente con concreto y acero. Se construye cuando una sociedad lo abraza, cuando el sector privado lo impulsa, cuando las instituciones lo incorporan y cuando los ciudadanos comienzan a sentirlo como propio.

La posición de Panamá

El punto de partida de Panamá no es el de una ciudad en declive buscando reinventarse, como era Bilbao en los años 90.

Biomuseo de Panamá

Es el de un país con más de tres millones de visitantes internacionales al año, B/.6,583 millones en ingresos turísticos en 2025, conectividad aérea extraordinaria, naturaleza, historia y diversidad cultural. La pregunta no es si Panamá puede permitirse creer en el Biomuseo. La pregunta es si puede permitirse no hacerlo.

Imaginemos al Biomuseo ocupando un lugar central en aeropuertos, campañas internacionales, programas de stopover, hoteles, congresos y medios alrededor del mundo. Imaginemos a un viajero viendo sus formas y colores y preguntándose: “¿Dónde queda eso? Quiero conocerlo”. Bilbao consiguió despertar ese deseo con una obra de Gehry. Panamá tiene también un Gehry. Pero tiene algo más: detrás de sus paredes está la historia de un pequeño istmo que cambió el planeta.

Biomuseo de Panamá

Lo que hace falta para que el ícono se convierta en destino

Biomuseo de Panamá

El efecto Bilbao no fue el resultado de construir un edificio extraordinario y esperar que el mundo lo descubriera solo. Fue el resultado de una apuesta deliberada, sostenida y coordinada entre el sector público, el privado, las instituciones culturales y los ciudadanos.

Panamá tiene el edificio. Tiene la historia que cuenta. Tiene los visitantes que pasan. Lo que falta es la convicción colectiva de que vale la pena hacer la apuesta: incorporar el Biomuseo al centro de la narrativa turística e identitaria del país, con la misma energía con que Bilbao incorporó el Guggenheim al centro de la suya.

El ícono ya está. Ahora toca creer en él

Las grandes transformaciones comienzan muchas veces así: con alguien que mira lo que todos ven y descubre allí una posibilidad que los demás todavía no alcanzan a imaginar. La cruzada de Vic Murillo con sus 100 días y 100 espacios de conexión es exactamente eso: una invitación a mirar nuevamente lo que ya tenemos y atrevernos a soñar en grande.

Panamá no necesita buscar en el mundo un nuevo símbolo. Ya lo tiene frente al mar en la Calzada de Amador. Ahora le toca creerlo, hacerlo suyo y conseguir que el mundo también se enamore de él.

FUENTE / IMÁGENES: Panamá América.

IMÁGENES ADICIONALES: Biomuseo.

¿Has visitado el Biomuseo? ¿Crees que Panamá está aprovechando su potencial como ícono arquitectónico y cultural a nivel internacional? ¿Qué haría falta para que el Biomuseo ocupe el lugar en la imaginación global que el Guggenheim Bilbao tiene en la suya?

Déjanos tu opinión en los comentarios y comparte esta nota. Porque la conversación sobre lo que Panamá puede llegar a ser empieza por reconocer lo que ya tiene.

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