La inclusión financiera no ocurre cuando un banco abre una sucursal en una ciudad. Ocurre cuando una artesana Ngäbe aprende a separar las finanzas de su negocio de las de su hogar, o cuando un productor agropecuario de la Comarca Guna Yala entiende cómo tomar mejores decisiones con los recursos que ya tiene. Buscando esto, BAC Panamá presenta la Beca BAC Comarcas Unidas, un programa de educación y salud financiera que acaba de graduar a su primera promoción de 114 emprendedores de pueblos originarios de seis comarcas y territorios, con una cifra que merece destacarse: el 71% de los participantes fueron mujeres.

La brecha que el programa decidió atacar
En las zonas rurales y los territorios comarcales de Panamá persiste una realidad que el sistema financiero formal tarda en reconocer: hay personas que ya producen, ya comercializan y ya sostienen actividades económicas dentro de sus comunidades, pero que tienen acceso limitado o nulo a educación financiera que les ayude a gestionar mejor lo que construyen. No es falta de capacidad emprendedora. Es falta de herramientas.
Y esa distinción es fundamental para entender por qué un programa como este importa.
Ramón Chiari Brin, presidente ejecutivo de BAC Panamá, lo articula con claridad: “La inclusión financiera se vuelve efectiva cuando las personas cuentan con conocimientos y herramientas para tomar mejores decisiones, fortalecer sus negocios y generar prosperidad en sus familias y comunidades. Nuestro papel es acompañar ese proceso y contribuir a que las capacidades que ya existen en los territorios encuentren nuevas oportunidades”.
Quiénes son los 114 graduados
La diversidad de sectores representados en esta primera promoción dice mucho sobre la riqueza económica que ya existe en los territorios comarcales, a menudo invisible para quienes no la buscan activamente.

Los participantes provienen de rubros tan distintos como moda y textiles, artesanías, alimentos y gastronomía, comercio, belleza, agro, servicios profesionales y turismo. No son proyectos en papel: son personas que ya tienen emprendimientos en marcha y que fortalecieron, a través del programa, sus conocimientos para gestionarlos con más y mejores herramientas.
El peso específico del 71% de mujeres
Que casi tres de cada cuatro participantes hayan sido mujeres no es un dato secundario. En las comunidades de pueblos originarios, las mujeres son frecuentemente el motor económico invisible del hogar y del tejido comunitario, pero también las que enfrentan mayores barreras para acceder a servicios financieros formales, crédito y formación especializada.

Un programa que llega con formación directamente a los territorios y que es adoptado mayoritariamente por mujeres está tocando exactamente donde el impacto puede ser más profundo y más duradero.
El valor que permanece en el territorio
Uno de los aspectos más relevantes de la Beca BAC Comarcas Unidas es su diseño de impacto multiplicador. La formación no termina con la graduación: los conocimientos adquiridos pueden trasladarse a las decisiones cotidianas del negocio y del hogar, y multiplicarse dentro de las familias y las comunidades.

Durante el acto de graduación, las experiencias compartidas por los participantes mostraron de primera mano cómo la formación ya había comenzado a transformar su relación con las finanzas y con sus emprendimientos. No como teoría aprendida, sino como cambios concretos en la forma de tomar decisiones.
Eso es exactamente lo que distingue la educación financiera efectiva de la que no lo es: no la cantidad de contenido transmitido, sino la capacidad de ese contenido de cambiar comportamientos reales en contextos reales.
Una alianza que construye desde adentro
El programa fue desarrollado junto con Comarcas Unidas, lo que garantiza que el diseño y la implementación partan de un entendimiento profundo del contexto cultural y territorial de las comunidades participantes. BAC no llegó con un programa genérico adaptado superficialmente: llegó como socio de una organización con presencia y credibilidad en los territorios.
Esa alianza es parte de lo que hace sostenible el impacto. BAC acompaña sin desplazar el protagonismo de los emprendedores. El valor permanece donde fue creado: en los territorios, en los negocios, en las familias.
La iniciativa forma parte de la dimensión social de la estrategia de Triple Valor de BAC, que entiende la ciudadanía corporativa no como filantropía puntual sino como la identificación sistemática de brechas reales, la construcción de alianzas estratégicas y el acercamiento de herramientas que fortalezcan capacidades y economías locales.

La inclusión que se mide en decisiones, no en cuentas abiertas
Abrir una cuenta bancaria no es inclusión financiera. Inclusión financiera es cuando una persona tiene el conocimiento y la confianza para usar las herramientas financieras disponibles en beneficio de su proyecto de vida. La primera graduación de la Beca BAC Comarcas Unidas es un paso concreto en esa dirección, con 114 personas que salen del programa con más capacidades que las que entraron.
La pregunta que queda abierta es de escala: ¿cuántas comarcas, cuántos territorios y cuántos emprendedores más podrían beneficiarse de un modelo como este si se replica y se amplía?
FUENTE / IMÁGENES: Nota de prensa.
¿Crees que programas de educación financiera como este deberían ser parte de una política pública sostenida para las comunidades de pueblos originarios en Panamá? ¿Qué otros sectores o comunidades crees que más necesitan este tipo de acompañamiento?
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