Mesfin Yana

El cirujano que le salvó la vida ahora opera a su lado

Un cirujano le salvó la vida de adolescente. Años después, Mesfin regresa a Etiopía como perfusionista para operar junto a él. La historia más bonita que leerás hoy.
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Mesfin Yana

Hay historias que te recuerdan por qué vale la pena ser buena persona. La de Mesfin Yana es una de esas: un chico que llegó a un quirófano en Atlanta sin hablar inglés, sin familia cerca y con el corazón literalmente fallando, y que décadas después regresa al mismo escenario —ahora como colega— junto al cirujano que le salvó la vida. Si eso no te mueve algo por dentro, revisate el pulso.

De una aldea a un hospital en Atlanta

Mesfin nació hace 41 años en una aldea etíope sin electricidad ni agua corriente. Creció rodeado de amor familiar, pero la pobreza material era una realidad constante.

Lo que nadie esperaba es que una tos aparentemente sin importancia terminaría cambiando el rumbo de su vida para siempre. Esa tos derivó en fiebre reumática, una complicación que en países con acceso médico limitado puede ser devastadora.

Mesfin llegó tambaleándose a la sede de las Misioneras de la Caridad de la Madre Teresa en Addis Abeba, donde encontró al Dr. Rick Hodes, un médico estadounidense al que se le atribuye haber salvado a miles de niños con enfermedades cardíacas gracias a su generosidad y a estrategias creativas de recaudación de fondos. Hodes vio en Mesfin lo que otros podrían haber pasado por alto: una vida que valía la pena pelear.

Mesfin Yana
Mesfin Yana en su adolescencia junto al doctor Rick Hode.

El vuelo que lo cambió todo

La organización Children's Cross Connection International costeó el vuelo de Mesfin a Atlanta, donde fue atendido en el Piedmont Heart Institute. Allí, el Dr. Jim Kauten —cirujano cardiotorácico— reparó con éxito la válvula mitral del joven para mejorar su función cardíaca. Hasta aquí, ya es una historia extraordinaria. Pero no termina ahí.

Mesfin Yana

Mientras se recuperaba con una familia de acogida, el dentista anfitrión le recomendó aprovechar la estadía para extraerse las muelas del juicio. Una decisión bienintencionada que desencadenó una infección que derivó en endocarditis, una inflamación potencialmente mortal del revestimiento del corazón. Mesfin creyó que esa sería su última noche. Yacía de nuevo en una mesa de operaciones, esta vez en Addis Abeba, convencido de que moría.

Cuando la fe se cruza con la medicina

Ambos —Mesfin y el Dr. Hodes— son cristianos. Pero ante la adversidad, cada uno reaccionó distinto. Mesfin encontró paz en aceptar la voluntad de Dios. Hodes, en cambio, decidió actuar: lo envió de regreso a Atlanta para una segunda cirugía. La evaluación fue contundente: reparar la válvula no era suficiente. Había que reemplazarla por una válvula mecánica, lo que implicaba algo enorme: Mesfin necesitaría anticoagulantes y seguimiento médico constante, servicios disponibles en Estados Unidos pero no en su aldea natal. Eso significaba quedarse y empezar de cero en un país ajeno.

La bondad se replica

Es aquí donde la historia da otro giro inesperado. El cardiólogo de Mesfin, el Dr. Allen Dollar, no era solo su médico: era también padre adoptivo de varios niños.

Mesfin Yana

Y sin pensarlo dos veces, abrió las puertas de su hogar para que Mesfin se estableciera mientras se recuperaba y reorganizaba su vida. El propio Mesfin lo describió con una claridad que eriza la piel:

“Siempre estoy agradecido. Estoy agradecido por mi familia, por el simple hecho de estar en Estados Unidos. Es como una resurrección para mí. Sabes, una vez estuve perdido, muerto, y resucité y estoy viviendo una nueva vida.”

Esas palabras no son retórica. Son la síntesis de una transformación real.

De paciente a profesional de élite

Mesfin Yana

Con esa mentalidad de segunda oportunidad, Mesfin se volcó en sus estudios con una intensidad que pocos pueden igualar. Se formó como profesional de salud en la Universidad Estatal de Georgia, donde también conoció a su esposa Lyerusalem, con quien tiene dos hijos. Después vino Texas, el Instituto del Corazón de Texas, y finalmente un puesto en la Clínica Mayo en Minnesota, una de las instituciones médicas más prestigiosas del mundo.

Allí opera la máquina de circulación extracorpórea, el dispositivo que sustituye temporalmente las funciones del corazón y los pulmones durante cirugías a corazón abierto de alta complejidad. En otras palabras: Mesfin Yana, el niño que llegó en camilla a Atlanta sin entender qué le pasaba, ahora sostiene vidas en sus manos durante algunos de los procedimientos cardíacos más exigentes que existen.

El reencuentro que nadie olvidará

La historia da su vuelta completa —y lo hace de la manera más cinematográfica posible— cuando Mesfin vuelve a Etiopía como voluntario con la organización sin fines de lucro Heart Attack Ethiopia, que realiza cirugías cardíacas en una región donde el acceso a este tipo de intervenciones es casi inexistente. En ese primer viaje, hace un par de años, Mesfin se encontró cara a cara con el Dr. Jim Kauten. El mismo cirujano que un día reparó su válvula mitral estaba ahí, en Etiopía, operando junto a él.

El cirujano que le salvó la vida ahora operan juntos en Etiopía, como colegas, como hermanos de profesión, como prueba viviente de que la gratitud puede convertirse en acción concreta.

“Eso me pareció especialmente gratificante. Que pudiera devolver el favor a la comunidad por los servicios que prestó en Estados Unidos, y que pudiera hacerlo en Etiopía.” dijo Kauten.

No hay mucho más que agregar a eso.

Mesfin Yana

Por qué esta historia importa más allá del sentimentalismo

Es fácil leer esto y quedarse con la emoción del momento. Pero hay algo más profundo aquí que vale la pena nombrar. La trayectoria de Mesfin Yana no es solo una historia de superación personal. Es la demostración empírica de lo que ocurre cuando varias personas deciden actuar con generosidad sin esperar nada a cambio: el Dr. Hodes, la organización Children's Cross Connection, el Dr. Kauten, el Dr. Dollar. Ninguno de ellos sabía que estaba invirtiendo en un futuro perfusionista de la Clínica Mayo que regresaría a operar corazones en Etiopía.

Mesfin Yana

Eso es lo que hace el bien desinteresado: genera ondas que no puedes predecir ni controlar, y que terminan afectando a personas que ni siquiera conoces todavía.

Reflexión final: ¿Qué haríamos nosotros?

La historia de Mesfin es un espejo incómodo y esperanzador al mismo tiempo. Nos pregunta, sin decirlo directamente, qué hacemos con nuestras propias capacidades y recursos cuando alguien que lo necesita aparece frente a nosotros.

FUENTE / IMÁGENES: Good News Network / News Yahoo / Texas Heart.

¿Cuántos “Mesfin Yana” hay en el mundo esperando que alguien tome la decisión de ayudar? ¿Y cuántos de nosotros tenemos la capacidad de ser el Dr. Hodes, el Dr. Dollar o el Dr. Kauten de alguien más?

Si esta historia te movió tanto como a nosotros, compártela. En serio. Historias así merecen circular más que cualquier titular de crisis. Déjanos en los comentarios qué fue lo que más te impactó, y cuéntanos si conoces alguna historia similar de compasión que haya cambiado vidas. La conversación vale la pena.

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