Hay historias que desafían cualquier definición de resiliencia. La de Farah Abu Qneis es una de ellas. Con 23 años, una pierna amputada y un balón de fútbol, esta joven de Gaza reconstruye su vida en medio de una de las crisis humanitarias más graves del mundo. Y no lo hace sola: junto a otras mujeres amputadas de Gaza que juegan fútbol y sueñan con el Mundial, forma parte de un equipo que convierte el deporte en algo mucho más poderoso que una competición: en un acto de resistencia y esperanza.
La noche que lo cambió todo
Era el 28 de junio de 2024. Farah estaba en casa de su abuela en Deir al Balah cuando una violenta explosión sacudió la zona. Entre polvo, escombros y un dolor insoportable, solo alcanzó a escuchar a su amiga gritar: “¡Tu pierna, tu pierna!”. Poco después, perdió el conocimiento. Fue trasladada en coche, en una camilla improvisada, al Hospital de los Mártires de Al-Aqsa, completamente desbordado por la llegada masiva de heridos. Aunque necesitaba una intervención urgente, los médicos no pudieron operarla hasta dos días después debido al colapso del centro sanitario. Cuando le comunicaron que tendrían que amputarle la pierna, sintió que su mundo se derrumbaba. Hoy, dos años después de esa noche, Farah vuelve a correr.
Un anuncio en redes que cambió su rumbo
A principios de 2026, mientras trataba de adaptarse a su nueva realidad, Farah encontró la esperanza en un lugar inesperado: navegando por redes sociales, vio un anuncio sobre la creación de un equipo de fútbol para mujeres con amputaciones.
Semanas después, al regresar de una sesión de fisioterapia, se cruzó por la calle con el entrenador Fouad Abu Ghalyoun, quien la invitó directamente a unirse al equipo femenino oficial de la Asociación Palestina de Fútbol para Personas Amputadas, una entidad fundada en 2018 para atender a personas amputadas de todas las edades.
Abu Ghalyoun resume el propósito del programa con claridad: “Les ofrecemos un servicio dentro de un entorno deportivo y psicológico positivo, que les ayuda a recuperar la confianza en sí mismas y su capacidad para integrarse en la sociedad.”
Farah lleva un mes y medio entrenando, y los resultados van mucho más allá de lo técnico. “Me devolvió la esperanza. Sentí que mi discapacidad no sería un obstáculo para cumplir mis sueños y que todavía puedo correr y jugar al fútbol. Hay otras chicas que han vivido la misma experiencia. Sentí que no estaba sola.”
Hasta 5.000 amputaciones desde 2023
La historia de Farah no es una excepción. Es el reflejo de una realidad que se repite con una frecuencia devastadora en Gaza. Según estimaciones de la Organización Mundial de la Salud publicadas en mayo, 43.000 de las 172.000 personas heridas en la Franja desde octubre de 2023 han sufrido lesiones que les cambiarán la vida, entre ellas unos 10.000 niños. Se han registrado más de 5.000 amputaciones, y la atención disponible es dramáticamente insuficiente: de las 2.300 personas amputadas evaluadas entre septiembre de 2024 y mayo de 2026, solo 500 han recibido una prótesis permanente.
Reinhilde Van De Weerdt explicó la magnitud del desafío: “Ningún centro de rehabilitación está plenamente operativo, hay menos hospitales que ofrecen rehabilitación especializada que antes del conflicto y más de 400 pacientes están en listas de espera para camas de rehabilitación especializada.”
En ese contexto, el fútbol no es un lujo: es una de las pocas estructuras de apoyo disponibles.
Malak, 15 años, portera y símbolo de una generación
Entre las jugadoras del equipo hay historias igual de poderosas. Malak Touman tiene 15 años, es originaria de Jan Yunis y nació sin una mano. Desde el inicio de la guerra en 2023, ha tenido que desplazarse con su familia hasta nueve veces, trasladándose de un refugio a otro en busca de seguridad.
El equipo le ofreció algo que el conflicto le había arrebatado: estabilidad emocional. “Me uní al equipo para intentar olvidar todo lo que vivimos durante la guerra, para tener una forma de liberar todo lo que llevo dentro y también para representar a Palestina y transmitir el mensaje de que la discapacidad no impide que una persona logre lo que desea”, afirma.
Eligió jugar como portera, una posición que ha ido dominando con el tiempo. “Al principio no jugaba bien, pero con el tiempo fui aprendiendo más y empecé a entender mejor cómo atacar y cómo controlar el balón.” Y sobre lo que siente dentro del campo, lo resume con una precisión que no necesita traducción: “Cuando juego me siento cómoda y tranquila, con energía y fuerza.”
Un equipo construido desde cero
Hoy, 13 mujeres reciben una sesión semanal de entrenamiento en un campo de Deir al Balah, en el centro de la Franja. La asociación integrará unas 23 jugadoras más en los próximos meses. El equipo oficial se anunció a principios de 2026 y comenzó a entrenar en mayo, integrado por mujeres con experiencia previa en el fútbol, algunas desde los 13 años.
Abu Ghalyoun resume el impacto del proyecto con una idea sencilla pero poderosa: “Entre las jugadoras hay una exatleta, una fotógrafa y chicas que ya amaban el deporte antes de sufrir sus lesiones. El fútbol les brinda una nueva oportunidad de vida.”
El horizonte: el Mundial de 2027 y los pasos fronterizos cerrados
El objetivo que moviliza a todo el equipo es claro: participar en la Copa Mundial Femenina de Fútbol para Personas Amputadas, prevista para 2027. Pero el camino hacia esa competición está lleno de obstáculos que van mucho más allá de lo deportivo.
A las dificultades provocadas por la guerra se suman la escasez de campos de entrenamiento, los problemas de transporte y la falta de recursos. Pero el mayor obstáculo es otro: los pasos fronterizos cerrados que impiden a las jugadoras salir para participar en torneos clasificatorios internacionales.
Abu Ghalyoun mantiene intacta la esperanza pese a las dificultades: “Estamos haciendo todo lo que está en nuestras manos para entrenar y preparar a las futbolistas, y esperamos que se abran los pasos fronterizos para que puedan participar en competiciones internacionales y representar a Palestina.”
Farah, desplazada cuatro veces desde el inicio de la guerra y que ahora vive en un refugio junto a su padre y cuatro hermanos, lo expresa con una sencillez que lo dice todo: “Espero que se abran los pasos fronterizos, que podamos seguir entrenando y representar a Palestina en el Mundial.”
Cuando el fútbol es mucho más que un deporte
En Gaza, jugar al fútbol con una prótesis o con muletas no es solo un acto deportivo. Es una declaración de que la vida continúa, de que la identidad no se amputa junto con una extremidad, y de que el sueño de representar a tu tierra puede sobrevivir a cualquier explosión.
Estas mujeres no piden lástima. Piden que se abran los pasos fronterizos. Piden la oportunidad de competir. Piden que el mundo las vea, no como víctimas, sino como deportistas.
¿Crees que el deporte puede ser una herramienta real de rehabilitación y reconstrucción psicológica en zonas de conflicto? ¿Qué responsabilidad tienen las organizaciones deportivas internacionales frente a equipos como el de Gaza? ¿Conocías la existencia del fútbol para personas amputadas y su Copa Mundial?
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