Toby Kiers gana el Tyler Prize 2026 por revelar cómo las redes de hongos bajo tierra conectan ecosistemas y regulan el clima. Descubre por qué importa.
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Hay un internet que nadie construyó con cables ni servidores, que lleva millones de años funcionando y que sostiene literalmente la vida en la Tierra. Está justo debajo de tus pies, tejido en silencio entre raíces y suelo oscuro, y la bióloga Toby Kiers lleva años desentrañando sus secretos. Su trabajo ha sido tan transformador que acaba de ganarle el Tyler Prize for Environmental Achievement 2026, el reconocimiento ambiental más importante del mundo. Y si todavía no conoces las redes de hongos micorrízicos y su papel en la salud de los ecosistemas terrestres, este artículo va a cambiarles la forma en que miras el suelo del bosque.
El “Nobel del medio ambiente” para Toby Kiers
El Tyler Prize no es un premio cualquiera. Establecido en 1973 y administrado por la Universidad del Sur de California, está considerado el equivalente ambiental del Nobel.
Este galardón reconoce aportes científicos y de política pública que han tenido un impacto real y medible en la protección del planeta. Incluye una medalla y una dotación de 250.000 dólares, y su lista de ganadores supone un hito en los anales de la ciencia ambiental del último medio siglo. Que en 2026 el galardón recaiga sobre Toby Kiers no es casualidad ni cortesía académica. Es el reconocimiento de que el trabajo que ella ha liderado ha reescrito los libros de texto sobre cómo funcionan los ecosistemas.
Bajo el suelo, todo está conectado
Durante décadas, la ciencia trató el suelo casi como un soporte inerte: la plataforma donde las plantas clavan sus raíces y extraen agua y minerales. La labor de los investigadores encabezados por Kiers constata que esa imagen es radicalmente incompleta. Bajo cualquier bosque, pradera o campo agrícola existe una red de hongos micorrízicos que conecta las raíces de plantas distintas entre sí.
Imágenes de alta resolución de las redes fúngicas.
Es una infraestructura biológica real, con filamentos llamados hifas que pueden extenderse kilómetros y enlazar docenas de árboles y plantas al mismo tiempo en un hito de coevolución. Las plantas producen azúcares mediante fotosíntesis que ceden a los hongos. Los hongos, a cambio, despliegan su red de filamentos por el suelo y capturan nutrientes que las raíces solas nunca alcanzarían, como fósforo y nitrógeno, que luego devuelven a sus socios vegetales. Es una simbiosis tan antigua y tan eficiente que ha moldeado la flora terrestre por más de 400 millones de años.
Wood wide web: simbiosis pura
Pero el intercambio de nutrientes es solo el comienzo. Estas conexiones también funcionan como canales de comunicación química. Cuando un árbol sufre un ataque de insectos o una infección fúngica, puede enviar señales a través de la red que alertan a plantas vecinas, permitiéndoles activar mecanismos de defensa antes de que el problema llegue a ellas.
De ahí el apodo que algunos investigadores le han dado a este sistema: el “internet de los bosques” o wood wide web. No es solo una red de distribución de recursos; es un sistema cooperativo activo, donde la información fluye y la respuesta colectiva puede marcar la diferencia entre un ecosistema resiliente y uno que colapsa ante una perturbación.
El papel climático que nadie estaba viendo
Aquí es donde el trabajo de Kiers adquiere una dimensión global urgente. Sus investigaciones han revelado que las plantas transfieren cada año enormes cantidades de carbono a los hongos del suelo. Eso convierte a los suelos en uno de los mayores reservorios de carbono del planeta, superando en capacidad de almacenamiento a la biomasa de todos los árboles del mundo juntos.
Toby Kiers permaneció una estancia en Panamá como estudiante en el Instituto Smithsonian.
Esto tiene implicaciones directas para las estrategias de mitigación del cambio climático. Si destruimos estas redes, ya sea por agricultura intensiva, uso de fungicidas, deforestación o compactación del suelo, no solo perdemos biodiversidad. Liberamos carbono acumulado durante siglos hacia la atmósfera, acelerando exactamente el problema que intentamos frenar.
La paradoja es incómoda: muchas de las prácticas agrícolas convencionales que nos permiten alimentar a ocho mil millones de personas están erosionando silenciosamente la infraestructura biológica que hace fértil y estable al planeta.
SPUN: mapear lo que no se ve para protegerlo
Consciente de que no puedes proteger lo que no conoces, Kiers cofundó la Society for the Protection of Underground Networks (SPUN), iniciativa científica internacional con la misión de mapear las monumentales redes de hongos del planeta. Se estima que menos del 10% de las especies de hongos del suelo han sido descritas por la ciencia. Estamos tomando decisiones de gestión ambiental y agrícola a escala planetaria sobre un sistema del que apenas hemos esbozado el índice.
SPUN trabaja para cambiar eso, combinando expediciones de campo en puntos críticos de biodiversidad con análisis genéticos de muestras de suelo y modelos de distribución global.
Por qué esto cambia todo lo que sabíamos sobre el suelo
El reconocimiento del Tyler Prize va más allá de premiar a una científica brillante. Señala un cambio de paradigma en cómo la ciencia y la política ambiental entienden el suelo.
Ya no es un sustrato inerte. Es un ecosistema vivo, complejo y profundamente interconectado, fundamental para la biodiversidad, la agricultura sostenible y la regulación del clima global. Entender sus dinámicas no es un lujo académico; es una necesidad operativa si queremos diseñar soluciones reales a la crisis ecológica.
La ceremonia de entrega del Tyler Prize está prevista para abril de 2026 en Ámsterdam.
Un premio que mira hacia abajo para entender lo que pasa arriba
El trabajo de Toby Kiers nos recuerda que algunas de las respuestas más importantes a los retos del siglo XXI no están en el espacio ni en la tecnología digital, sino enterradas a pocos centímetros de profundidad bajo nuestros pies. Las redes de hongos micorrízicos llevan haciendo su trabajo desde antes de que los dinosaurios existieran. La pregunta es si vamos a tomar nota a tiempo.
IMÁGENES ADICIONALES: Tomas Munita para Dornsife / Peter Valckx para Wikipedia.
¿Sabías que el suelo de un bosque maduro puede albergar más organismos vivos por metro cuadrado que personas hay en la Tierra? ¿Qué implicaciones crees que tiene esto para las políticas agrícolas o forestales de tu país?
Nos encantaría leer tu perspectiva en los comentarios. Y si este artículo te ha hecho mirar diferente el suelo que pisas, compártelo: estas redes merecen tanta visibilidad como la ciencia que las estudia.
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