Cuatro estudiantes de ingeniería, 48 horas de hackathon y una idea que decidió no quedarse en el prototipo. Una propuesta para un concurso universitario en el Tecnológico de Monterrey campus Sonora Norte se está convirtiendo en una plataforma de inclusión que busca derribar una de las barreras de comunicación más invisibilizadas de México. Los estudiantes del Tec Monterrey que crearon guantes para traducir la Lengua de Señas Mexicana no solo ganaron un hackathon; abrieron una conversación que el país necesitaba tener.
Un prototipo para una problemática real
Los estudiantes de Ingeniería en Mecatrónica e Ingeniería en Tecnologías Computacionales César Luna, César Castillo, Mario Chaidez y Emiliano Acuña, fueron las mentes detrás de Señas a Voces: una iniciativa que desarrolló guantes inteligentes capaces de traducir frases realizadas en Lengua de Señas Mexicana (LSM) a voz y texto en tiempo real. El escenario de origen fue la tercera edición del Hackathon Smart City, celebrado en el campus Sonora Norte del Tec de Monterrey con más de 200 estudiantes distribuidos en 40 equipos de distintas universidades trabajando para desarrollar soluciones innovadoras a problemáticas reales.
Desde el primer momento, el equipo tuvo claro que quería enfocarse en inclusión y accesibilidad. No en optimizar logística urbana, no en eficiencia energética. En personas. En la brecha de comunicación que separa a la comunidad sorda del resto de la sociedad mexicana.
La apuesta de presentar en vivo
Uno de los detalles que mejor define el carácter del equipo es cómo decidieron presentar su prototipo ante los jueces. Podían haber optado por un video grabado, controlado, sin riesgos. Eligieron otra cosa.
“Podíamos haber hecho un video grabado, pero queríamos que fuera en vivo”, señaló César Luna.
Esa decisión —mostrar la tecnología funcionando en tiempo real frente al jurado— implicaba asumir el riesgo de que algo fallara. Y también implicaba confianza real en lo que habían construido. El resultado fue el primer lugar del Hackathon Smart City. Pero para ellos, ese galardón fue solo el punto de partida.
Un descubrimiento más profundo
Ganar el hackathon podría haber sido el final de la historia. Para este equipo fue el inicio de una investigación que los llevó a dimensionar la magnitud real del problema que querían resolver. Conforme avanzaron, descubrieron que la falta de herramientas accesibles para la comunidad sorda sigue siendo una realidad que afecta a miles de personas en México. No es un problema marginal ni técnicamente irresolvible. Es un problema de indiferencia sistémica que se manifiesta en la escasez de recursos confiables para aprender LSM, en la ausencia de intérpretes en instituciones públicas y en la dificultad cotidiana de acceder a servicios básicos.
César Castillo lo resumió con una imagen poderosa: “Sentimos que el puente que existe para conectar a la comunidad sorda con el resto de la sociedad está sostenido solamente por un pilar. Es extremadamente difícil conseguir información y herramientas.”
Un puente de un solo pilar. Esa metáfora dice más sobre la situación de la comunidad sorda en México que muchos informes institucionales.
Señas a Voces: más allá de los guantes
Lo que empezó como un dispositivo de hardware está evolucionando hacia un ecosistema de inclusión con múltiples frentes de acción. El equipo trabaja actualmente en Señas a Voces Academy, una plataforma digital que permitirá aprender LSM mediante lecciones interactivas y seguimiento personalizado. La lógica es clara: los guantes resuelven la traducción en tiempo real, pero no resuelven el problema de fondo si el resto de la sociedad sigue sin entender o valorar la lengua de señas.
“Queremos facilitar el aprendizaje de la lengua de señas para que cualquiera pueda aprender”, explicó Emiliano Acuña.
La combinación de ambas herramientas apunta a atacar la barrera de comunicación desde dos ángulos simultáneos: la tecnología que traduce en el momento y la educación que construye comprensión a largo plazo. Eso es diseño sistémico aplicado a la inclusión.
Escuchar antes de construir: la visita al DIF
Uno de los movimientos más inteligentes del equipo fue salir del laboratorio antes de seguir construyendo. Visitaron el DIF estatal y sostuvieron conversaciones directas con personas que utilizan LSM en su vida cotidiana.
El resultado no fue solo retroalimentación técnica. Fue una comprensión más profunda de los retos reales que enfrentan las personas sordas al comunicarse en espacios públicos, instituciones o al intentar acceder a servicios básicos. Ese tipo de investigación de campo —escuchar a quienes viven el problema— es lo que separa las soluciones que suenan bien de las que realmente funcionan.
César Luna destacó que estas visitas les permitieron comprender mejor una realidad que desde adentro de un salón de clases resulta difícil de dimensionar completamente. La tecnología sin empatía no es inclusión: es un gadget.
La frase que lo resume todo
El lema que guía a Señas a Voces es tan preciso que merece repetirse: “Donde las manos encuentran voz.” Y hay una declaración del equipo que va todavía más al fondo del asunto. César Castillo la formuló con una claridad que pocas veces se escucha en proyectos tecnológicos: “Lo que nos impide escuchar sus voces no es solo su condición, sino la indiferencia. Con estos proyectos queremos ayudar a derribar esa barrera”.
Ahí está el corazón del proyecto. No es un problema de tecnología insuficiente. Es un problema de atención insuficiente. Y la tecnología, en este caso, es la herramienta que obliga a prestar atención.
Un proyecto que trasciende
En México, según datos del INEGI, más de un millón de personas viven con alguna limitación auditiva. La LSM es reconocida oficialmente como lengua nacional desde 2005, pero su integración real en espacios educativos, institucionales y de servicios sigue siendo profundamente insuficiente.
Proyectos como Señas a Voces no son solo innovaciones tecnológicas interesantes. Son respuestas concretas a una deuda de inclusión que el país arrastra hace décadas. Y el hecho de que vengan de estudiantes universitarios —no de grandes corporaciones con presupuestos millonarios— dice algo importante sobre dónde está naciendo la innovación social más relevante de la región.
Emiliano Acuña lo expresó con sencillez: “Lo más enriquecedor es el objetivo que tiene de ayudar a las personas que lo necesitan.”
A veces la motivación más simple es también la más poderosa.
¿Cuántas voces seguimos sin escuchar?
Señas a Voces es una historia de tecnología, sí. Pero sobre todo es una historia sobre lo que pasa cuando un grupo de jóvenes decide que la indiferencia no es inevitable, que las barreras de comunicación no son naturales y que sus habilidades de ingeniería pueden ponerse al servicio de quienes más lo necesitan.
FUENTE / IMÁGENES: TV Azteca / Conectatec.
IMÁGENES ADICIONALES: Soyunison / ADN Noticias.
¿Conocías la situación de acceso a herramientas de comunicación que enfrenta la comunidad sorda en México y América Latina? ¿Crees que iniciativas como esta deberían recibir apoyo institucional a mayor escala para acelerar su desarrollo?
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