El viento panameño acaba de convertirse en un contrato de casi 370 millones de dólares. Santa Cruz Wind S.A., empresa del grupo Cox, se adjudicó uno de los contratos de suministro de energía renovable más significativos de los últimos años en el país, dentro del proceso de licitación pública LPI ETESA 01-25. El proyecto eólico Santa Cruz Wind, adjudicado por unos US$369 millones para generar energía renovable en Panamá, no es solo una buena noticia para una empresa: es una señal de que la diversificación de la matriz energética panameña está avanzando con contratos reales, precios competitivos e inversión privada dispuesta a apostar a largo plazo.

Los números que definen el proyecto
La propuesta de Santa Cruz Wind fue la más competitiva del proceso. Con una oferta de US$70,97 por megavatio hora (MWh) —el precio más bajo entre todas las propuestas evaluadas— la empresa se adjudicó una asignación de 5,194.18 gigavatios hora (GWh) durante un período de 20 años. Multiplicando ambas cifras, el valor estimado del contrato asciende a aproximadamente US$368.7 millones.
Para ponerlo en perspectiva: es el tipo de contrato que no solo financia un proyecto, sino que ancla inversiones en infraestructura, empleo técnico especializado y transferencia de tecnología por dos décadas.
12 aerogeneradores y 68,4 MW
El proyecto contempla una capacidad instalada de 68.4 megavatios (MW), distribuida entre 12 aerogeneradores de 5.7 MW cada uno. La generación estimada ronda los 240 GWh de electricidad anuales, suficiente para hacer una contribución significativa a la oferta de energía limpia dentro del sistema eléctrico panameño.
El proyecto ya cuenta con licencia definitiva otorgada por la Autoridad Nacional de los Servicios Públicos (ASEP) para su construcción y operación, lo que reduce considerablemente la incertidumbre regulatoria que suele rodear a este tipo de iniciativas en sus etapas iniciales.

El contexto: por qué Panamá necesita este tipo de proyectos
Panamá tiene una de las matrices eléctricas más limpias de la región, gracias a su histórica dependencia de la generación hidroeléctrica. Pero esa dependencia tiene un talón de Aquiles conocido: la variabilidad climática. En años con sequías prolongadas —como los que el fenómeno de El Niño ha vuelto más frecuentes— el sistema eléctrico panameño siente la presión, los precios suben y la necesidad de complementar con otras fuentes renovables se vuelve urgente.

La energía eólica, por su perfil de generación complementario a la hidroelectricidad, es una respuesta lógica. Tiende a producir más en las temporadas secas, precisamente cuando los embalses están más bajos. Esa complementariedad no es un detalle menor: es una razón estratégica para diversificar.
La licitación LPI ETESA 01-25 en perspectiva
El proceso que generó esta adjudicación fue competitivo y técnicamente riguroso. Participaron seis empresas generadoras —tres hidroeléctricas y tres eólicas— con un total de siete propuestas, de las cuales seis fueron evaluadas. Una quedó fuera por superar los precios máximos establecidos en el pliego de condiciones.

Las demás empresas recomendadas para adjudicación en el renglón de energía presentaron precios significativamente más altos: UEP III con US$92.77/MWh, Los Naranjos Overseas con US$94.45/MWh y Corporación de Energía del Istmo con US$97.50/MWh. La diferencia de Santa Cruz Wind frente al siguiente competidor supera los 20 dólares por MWh, una ventaja competitiva que habla bien de la madurez tecnológica y financiera detrás del proyecto.
Lo que esto significa para el consumidor y el sistema

Los contratos de suministro de largo plazo como este tienen un efecto estabilizador sobre el sistema eléctrico: reducen la exposición a la volatilidad de precios en el mercado spot y aportan previsibilidad a la planificación energética nacional.
Según el informe preliminar del proceso, el nivel de contratación alcanzó aproximadamente un promedio del 90% del requerimiento de energía durante el período licitado. Eso es una cobertura robusta que da certidumbre tanto a los distribuidores como a los consumidores finales.
Para los especialistas del mercado eléctrico, incorporar nueva energía renovable a precios competitivos —como los que ofrece Santa Cruz Wind— puede contribuir a moderar los costos de abastecimiento en el mediano y largo plazo. No es un efecto inmediato, pero es real y acumulativo.
El grupo Cox y su apuesta por la energía en Panamá
Para el grupo Cox, esta adjudicación representa una expansión significativa de su presencia en el sector energético panameño. Con 68.4 MW de capacidad instalada y una producción estimada cercana a los 240 GWh anuales, Santa Cruz Wind se perfila como uno de sus proyectos de infraestructura más relevantes en el país.
El hecho de que una empresa local compita —y gane— en un proceso abierto con estas características también envía una señal positiva al mercado: Panamá tiene capacidad empresarial propia para desarrollar infraestructura energética renovable de escala.

El viento ya tiene contrato, ahora falta ejecutar
La adjudicación de Santa Cruz Wind es un paso importante, pero el proceso no está cerrado: el resultado aún debe ser ratificado por la ASEP antes de que el contrato sea definitivo. Ese paso regulatorio es el que convertirá esta promesa en infraestructura real.
Si todo avanza según lo previsto, Panamá sumará en los próximos años 68.4 MW de energía limpia, 240 GWh anuales de generación eólica y un contrato de casi 370 millones de dólares que demuestra que el país puede atraer y desarrollar inversión renovable competitiva a largo plazo.
FUENTE / IMÁGENES: La Estrella.
IMÁGENES ADICIONALES: Pexels / Grupo Cox / Santa Cruz Wind.
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